Por qué la optimización y el ahorro de recursos sigue importando

La mayoría de la gente estaría de acuerdo en la siguiente afirmación: queremos aparatos que consuman menos electricidad, coches que consuman menos combustible, enseres que ocupen menos espacio en nuestras casas… las justificaciones van desde el ahorro económico, pasando por la calidad y terminando en la noble y romántica gesta de salvar el planeta. Pues bien, mi pregunta es la siguiente: ¿por qué no se pide lo mismo para el software? ¿Por qué no se exige más optimización y no existen más quejas hacia el escalado de requisitos en el hardware, si es esencialmente lo mismo?

Actualmente tenemos un buen hardware y suficiente espacio, así que sería lógico usarlo. Ese es el principal argumento que se pone sobre la mesa en estos casos, y es obvio que tiene razón… pero una cosa es valerse de esa potencia bruta para sacar un rendimiento y otra muy distinta lanzar software que claramente toma manga ancha, ocupando un exceso de recursos. El escaso interés de los consumidores alimenta el mantra de optar siempre por lo más potente, en vez de lo adecuado para ellos o lo que funciona bien.

Índice

  1. Software y navegadores web
  2. Videojuegos
  3. Smartphones
  4. Conclusión y mirada hacia Linux

1. Software y navegadores web

Un mal trabajo de optimización, una serie de constantes chapuzas en el código, el abuso de lenguajes de alto nivel y una dudosa telemetría exigen mayores requisitos en el hardware. Esta práctica se ha colado en todos los lugares. Tanta potencia en el mercado y tan mal aprovechada, a menudo detrás de lo que la gente denomina «obsolescencia programada», contribuyendo a una menor vida útil y al nivel de residuos.

Por ejemplo, Photoshop consume una gran cantidad de memoria, CPU y gráfica, cuando sólo dos años antes necesitaba literalmente la mitad. A eso habría que sumarle los requisitos del sistema operativo base. Alternativas como GIMP piden menos y además dichos requisitos han sido bastante estables en el tiempo. Podría argumentarse que el software de Adobe es profesional y que GIMP se ve técnicamente inferior en opciones, y si bien es cierto sobre el papel, puede obtenerse resultados similares para el común de los mortales.

Lo mismo ocurre con el navegador web. La irrupción de Google Chrome supuso una escalada de recursos titánica, transformándolo en un devorador de RAM. Al principio era por el sandboxing y la seguridad, lo cual era pasable. Luego llegaron ciertas cosas con los códecs —la muerte de Flash y la adopción de HTML5 parecían prometedoras— y ahora los servicios. La nube se come el escritorio, las webs se vuelven pesadas, al mismo tiempo que la recolección y el envío de datos en segundo plano consumen potencia extra.

Salvo movimientos a favor de la small web no hay nada que abogue por navegadores y un internet más ligeros. Cualquier diseñador de páginas vende un minimalismo de escaparate donde la frugalidad visual desplaza la también importante frugalidad de código. Y eso no ayuda: a este paso nuestros ordenadores necesitarán cada vez mayor hardware para navegar por internet. De hecho ya necesitan aceleración gráfica no sólo porque podemos brindárselo, sino porque lo piden como agua de mayo.

2. Videojuegos

En el ámbito de los videojuegos lo estamos viendo desde hace años. Ya lo comentaba hace poco Eduardo Medina en su canal de YouTube a raíz de la salida de Starfield, usando como ejemplo sus requisitos y rendimiento. No es el único caso: un buen puñado de videojuegos, sobre todo AAA, han empezado a pedir un hardware demasiado potente y a ocupar cientos de gigas en disco. A cambio no tenemos un mejor rendimiento. Sólo leves mejoras bien recibidas, pero no justifica semejante escalada sin ofrecer un salto cualitativo evidente. El origen podría ser una dejadez en la optimización o un rendimiento capado.

No es raro que los lanzamientos vengan acompañados de bugs y necesidad de parches, haciendo que esperar meses para jugarlos sea una buena estrategia de cara a las mejoras… y de paso abaratar los precios. Esa es otra cuestión: podrían pagarse 80 euros por un producto inmaculado, pero no por versiones de lanzamiento que suelen ser muy mejorables. No es raro ver juegos sin pulir con un precio que implicaría, sencillamente, estar terminado como Dios manda. Qué menos.

Aunque se veía venir. La promesa de juegos a 4K y 60 FPS (o más) no sonaba realista. Sólo había que comprobar la gran cantidad de jugadores que usaban la resolución 1080/1440, aún teniendo auténticas bestias gaming. Sólo había que ver el hardware que montaban las consolas, sólo había que examinar la calidad gráfica a la que aspiraban… y las expectativas de enormes videojuegos de mundo abierto con cientos de cosas y detalles. O mucho avanzaba la tecnología o era el márketing más inflado desde el cine en 3D.

Y así fue. Seguimos con resoluciones 1080 para alcanzar la calidad y rendimiento deseados. También se necesita aplicar reescalados en pantallas más grandes. Y no tiene nada de malo, es aceptable para muchos casos y muchos jugadores que no quieren dejarse un riñón en sus equipos. El problema es que nos están vendiendo la moto.

3. Smartphones

Lo peor viene cuando el smartphone conjuga el uso de todo lo anterior, sumado a un funcionamiento durante las 24 horas. Nos da como resultado una monstruosa escalada de hardware para unos dispositivos de bolsillo que, se supone, deberían ser de uso ligero.

El dispositivo ya no soporta tanto la carga del usuario y la fotografía: soporta la vampírica sed de unas aplicaciones que ejecutan más cosas en segundo plano que cualquier software que hayamos visto. Bueno, mentira: su funcionamiento era propio del spyware años atrás, pero esta vez han cambiado los pasamontañas por las oficinas en Silicon Valley, una bonita puesta en escena para el atraco a mano armada más chic made in California. Ídem con las compañías chinas, cuando no peor.

4. Conclusión y mirada hacia Linux

En resumen, el software sustenta como mínimo el 50% de la importancia de nuestros aparatos o más, y una buena implementación marca la diferencia. De nada sirve mucho hardware si el software es una chapuza. Ese es justamente uno de los secretos de Apple, mitificado por los consumidores como si se tratase de una rareza. La rareza es cómo hemos llegado a normalizar la implementación de código inflado, cuando la optimización era el decálogo de honor de los programadores.

Por suerte en Linux esa práctica no es tan común y podemos presumir de buen funcionamiento, pero cuando las barbas de tu vecino veas cortar… Al fin y al cabo su uso como plataforma de videojuegos es prometedora, y hay usuarios reclamando apps comerciales con el riesgo de hacerlo más pesado. Podríamos trasladar la preocupación a los dispositivos móviles, ámbito que aún se le escurre entre los dedos, pero aspira a conquistar próximamente.

Imagen: Rawpixel

14 comentarios en “Por qué la optimización y el ahorro de recursos sigue importando”

  1. […] Mi Pixel 3a supera los 4 años de vida. Un buen smartphone que aún me gusta y cumple de sobra: pequeño, ligero, con un hardware decente —la cámara sigue dando guerra con una sola óptica de 12px— y una batería que me dura todo el día. Google lo da por muerto pero no tengo necesidad de cambiarlo, aunque la realidad no es ajena a mí: las aplicaciones cada año pesan más, consumen más recursos y por ende el cacharro va más lento. Ni hablemos del impacto del rastreo y recolección de datos en segundo plano. Un tema recurrente en el blog y que traté en un artículo sobre la optimización. […]

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  2. […] Al tema del cambio climático, tal y como se asienta en la sociedad, le veo sus lagunas. No por la evidencia de que hay un calentamiento global, sino por el hecho de que cuando uno estudia un poco el cambio del clima a través de los siglos descubre que no es la primera vez que ocurre. Sin embargo esto no es ninguna excusa para no querer una mejora en el medio ambiente y las emisiones de carbono. Ser amante de la naturaleza y admirador de la tecnología me hace creer que la mejora en el aspecto energético, así como la reducción de residuos, es una muestra de eficiencia a la que debemos aspirar. De hecho alguna vez escribí sobre el tema. […]

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  3. […] Al tema del cambio climático, tal y como se debate en la sociedad, le veo sus lagunas. No por la evidencia de que hay un calentamiento global, sino por el hecho de que cuando uno estudia un poco el cambio del clima a través de los siglos descubre que no es la primera vez que ocurre. Sin embargo esto no es ninguna excusa para no querer una mejora en el medio ambiente y las emisiones de carbono. Ser amante de la naturaleza y admirador de la tecnología me hace creer que el bajo impacto energético, así como la reducción de residuos, es una muestra de eficiencia a la que debemos aspirar. De hecho alguna vez escribí sobre el tema. […]

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  4. […] Al tema del cambio climático, tal y como se debate en la sociedad, le veo sus lagunas. No por la evidencia de que hay un calentamiento global, sino por el hecho de que no es la primera vez que ocurre. Sin embargo esto no es ninguna excusa para no querer una mejora en el medio ambiente y las emisiones de carbono. Ser amante de la naturaleza y admirador de la tecnología me hace creer que el bajo impacto energético, así como la reducción de residuos, es una muestra de eficiencia a la que debemos aspirar. De hecho alguna vez escribí sobre el tema. […]

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