180 grados

~ Notas de las últimas semanas:

Desde que me mudé a mi pueblo natal hace dos meses estoy experimentando un cambio personal bastante profundo, de 180 grados. Sabía que quería llevar una vida más tranquila y tradicional, y aunque a la casa todavía le faltan algunas cosas he llegado a un punto donde, literalmente, quiero que todo vaya más lento: después de comprarla, arreglarla y proveerme de lo básico han desaparecido las prisas. Ya no necesito ser más «productivo» porque he alcanzado cierta estabilidad tras casi un año de enormes avances, y ahora quiero recuperar la calidad de vida. Me permito disfrutar de lo poco que tengo y ver cómo las cosas evolucionan.

Todo esto es el resultado de varios factores que se juntaron durante mucho tiempo:

  1. La puesta en práctica del minimalismo, así como un cambio en mis prioridades, necesidades y objetivos
  2. La disconformidad con el papel que está tomando la tecnología y los cambios sociales recientes
  3. El deseo de volver al lugar donde nací y pasé la mayor parte de mi vida
  4. La búsqueda de estabilidad, tranquilidad y libertad, tal y como las entiendo personalmente en todos sus aspectos
  5. La inspiración (y el empujón) que me dieron libros como La sociedad industrial y su futuro (de Theodore Kaczynski, 1995) y Walden (de Henry David Thoreau, 1854)

La nueva casa fue un auténtico flechazo, un amor a primera vista mientras estaba en búsqueda de un sitio donde prosperar. Fue construida en los años 50 y contiene varios detalles arquitectónicos que a día de hoy podríamos considerar artesanía del siglo XX. Esta vieja reliquia fue el lienzo en blanco donde conectar el mundo de hoy con mis raíces, un hogar tal y como siempre tuve en mente. Por eso estoy volcando toda mi energía y recursos en ella.

Dentro de mis posibilidades he modernizado elementos como las instalaciones de luz y agua, y he evitado la dependencia eléctrica gracias a que mantengo el gas butano (odio los termos de las construcciones actuales). También he hecho algunos cambios para aprovechar al máximo la generosa luz solar que recibe y he mejorado el aislamiento térmico. El resultado: económicamente esto es una maravilla. He conseguido vivir de forma más desahogada porque he reducido literalmente mis gastos a la mitad, aumentando mucho el bienestar. Puede que no sea perfecto pero… ¡menudo cambio!


Ahora que tengo más espacio estoy llenando una librería bastante grande, recuperando libros que ya tenía guardados y otros tantos que compro de segunda mano. También estoy planificando el despacho que usaré para ubicar la colección de vinilos, el tocadiscos y puede que algo más, siendo así una habitación especialmente dedicada a la música. Mi objetivo es disfrutar del formato físico/analógico tanto como pueda y que esta casa tenga alma propia.

Aunque tengo una conexión a internet bastante generosa estoy en una época en la que casi no me interesa estar en red. De hecho casi ni me interesa la vida «moderna», en primer lugar porque aquí aún tengo trabajo por hacer, pero también porque deseo disfrutar de lo que surje con cada cambio en la casa. Es un refugio del ruidoso mundo, como si todo se detuviese cada vez que cierro la puerta de entrada y huelo el ambientador vainilla del recibidor.


¿Qué quiero decir con todo esto? ¿Qué saco de esta experiencia? Probablemente no lo sepa explicar, pero estaba seguro de que iba a ser un punto y aparte. En el fondo de mi cabeza, cuando empecé este proyecto, rondaba la idea de que lo revolucionario (y el lujo) a día de hoy es la vida offline. Lo revolucionario (y el lujo) a día de hoy es lo autosuficiente, todo aquello que puede funcionar sin ser «conectado» a los entresijos de una sociedad que ya no concibe estar desconectada. Lo revolucionario (y el lujo) es vivir de forma diametralmente opuesta al acelerado y artificial mundo de hoy. Lo revolucionario (y el lujo) es poder volver a un pueblo porque no dependes de las actividades de ocio urbanitas/comerciales/de masas.

No sé, quizás haber estado tan metido en la tecnología y actualidad durante años me hizo olvidar ciertas cosas, quizás es el pecado de nuestro tiempo. Supongo que nos ha pasado a todos durante estas dos décadas, y muy especialmente después del COVID cuando los cambios han sido vertiginosos y la hiperconexión es más evidente que nunca. Supongo que estaba cansado y he dicho «basta». Definitivamente quiero vivir de otra manera, a otro ritmo como siempre me gustó, tanto en lo personal como en lo tecnológico. Definitivamente soy un geek en tierra extraña y no creo que tenga remedio.

¿Cuál será el siguiente paso?

5 comentarios en “180 grados”

  1. Me alegro que hayas encontrado tu lugar físico y mental, es algo que no todo el mundo consigue porque o bien no tienen los medios materiales y el día a día les ahoga, o también porque no todos se ponen a pensar y hacer introspección sobre las verdaderas prioridades en sus vidas.

    Respecto al volver al lugar donde naciste, entiendo que tirado de añoranza y nostalgia, ¿qué destacarías, has encontrado todo como esperabas, o te has dado cuenta de que tu modelo mental del pasado ya no se corresponde con el presente?

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    1. Gracias ante todo, light!

      Obviamente el pueblo ya no es el de antes, los tiempos cambian y las personas también. De todos modos sigue siendo un lugar tranquilo donde, por lo general, continúan las familias de siempre.

      Encontré todo como esperaba porque nunca lo dejé de lado, simplemente estuve 4 años casi sin ir y me di cuenta de que era mi sitio, de que el lugar que buscaba para vivir era el de siempre.

      Sobre el modelo mental, más bien he llegado al punto donde admito que mi forma de pensar es más cercana al pasado que al presente. O, en todo caso, el futuro que quiero no transita el camino que están tomando las cosas ahora ni está en otro lugar. Esto no es nuevo, siempre lo sentí, pero terminé aceptándolo y que se convirtiese en algo a mi favor.

      Por supuesto el mundo y la realidad seguirán su inercia, y quizás yo también cambie ciertos aspectos con el tiempo. Pero de alguna forma los encuentro casi irreconciliables, o al menos sé de buena tinta que quiero un lugar tranquilo donde vivir el día a día.También sé que me siento unido a mi tierra y no quiero abandonarla.

      Y si algo cambia radicalmente buscaré una solución en su momento.

      Un saludo!

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  2. Sobre el minimalismo tecnológico, creo que estoy de tu parte.
    Estoy saturado de que TODO tenga que estar conectado, y ahora también tu casa. La puerta de la calle, la calefacción, la luz, las persinas, etc. Controlas la temperatura desde tu móvil, bajas las persianas o las subes…
    Quiero que mi casa sea mi casa, sin que nadie más sepa que hago en mi casa. No quiero estar pendiente de cacharros que se conectan, y que son propensos a fallar. Ya bastante fallan las cosas con el uso, como encima estar preocupado de todos los «chismes» que tenga que poner a mayores…
    Me alegro de esa paz mental que te ha traido tu nuevo espacio y la recuperación de tus raíces. Disfrútala…
    Un saludo!!

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