Hace unos meses me enteraba por Victorhck que openSUSE lanzaba un concurso para rediseñar su característico logo, y ahora me entero por MuyLinux de dichos resultados… los cuales no me sorprenden. Creo que fue en Mastodon donde escribí un comentario sobre las muchas posibilidades de que ese movimiento fuera una metedura y pata, y lo es. Porque una vez que lanzas esa propuesta no puedes volver atrás, salga lo que salga. Y como todo sea escogido por votación popular la desgracia se huele a kilómetros.

Pero antes de nada me gustaría dejar claros algunos puntos:
- Como alguien que hizo diseño amateur durante años respeto la valentía de aquellos que se atreven a concursar. Ahora bien, las buenas intenciones no tienen por qué traducirse en buenos resultados, y eso nos pasó a todos
- El diseño gráfico y de producto es algo muy complejo. Sólo una formación correcta (profesional o no) y un buen ojo aumentan las probabilidades de éxito. Todo lo demás son gustos personales puros y duros que no se verán homogéneos
- Respecto al punto anterior, en una votación popular no puedes esperar que la gente tenga dichos conocimientos sin guiarse por gustos y modas
- Hasta los grandes estudios de diseño se equivocan, así que imaginemos lo que puede salir de un concurso comunitario…
- Es su distro y que hagan con ella lo que quieran
Cambiar la imagen de marca es algo muy arriesgado porque rompe con la carrera previa. Es una decisión que tiene que venir en el momento adecuado y realmente debe mejorar la posición anterior. Cambiarlo por moda o estar en boca de todos no suele traer buenos resultados, y si no que se lo pregunten a Pepsi y sus constantes rebranding para intentar competir con la sempiterna Coca-Cola y su logo centenario. Tengo la ligera sensación de que este movimiento de openSUSE viene condicionado, justamente, por sus recientes movimientos competitivos hacia Red Hat —el cual también cambió su logo, con un poco más de éxito—.
En los últimos años el mercado experimentó una motivación por adaptar los logos al mundo digital y los pequeños tamaños de pantalla, propiciando el uso extendido de fuentes sans serif incluso en marcas de lujo. Y si no a ver quién es el guapo que diferencia a golpe de vista reputadas firmas como Saint Laurent, Balenciaga, Burberry, Balmaint o Tom Ford. La uniformidad, la excesiva importancia del smartphone y la falta de diferenciación pasó factura. De hecho el propio Burberry empieza a rescatar su logo vintage, de igual forma que está haciendo Burger King o la citada Pepsi entre otros. Moraleja: lo orgánico, creativo y reconocible tiene mucho peso, y me temo que lo vamos a ver más a menudo.
Volviendo a openSUSE, su logotipo y mascota es una de las más reconocidas dentro del panorama Linux. Puede que no sea perfecto para muchas cosas, pero el simpático camaleón es, desde luego, un buen logo. Reducirlo a algo trending no lo hace más atractivo, sino todo lo contrario. Se van a cargar de un plumazo una imagen con mucho peso y valor simplemente por un movimiento efectista que, además, intenta dar una suerte de coherencia a un exceso de oferta en sus productos —Leap, Tumbleweed, MicroOS, Slowroll, Kalpa, Aeon… ¿alquien me puede explicar qué narices están haciendo y por qué lían tanto la elección al usuario?—.
El clavo en el ataúd viene con la falta de diseñadores profesionales, un mal endémico del software libre. Es una tarea pendiente tener una persona o equipo cualificado para semejante trabajo, que no sólo elevaría el valor de esos creadores integrándolos con el software, sino que ayudaría a darle un plus de calidad al producto final. Eso haría a la oferta de software libre más atractiva para los usuarios y podría competir de tú a tú con los cerrados/privativos. No pueden pretender que una marca tan importante deje en manos de la comunidad la creación y decisión de algo tan complejo. Al menos no sin exponerse a un tiro en el pie casi asegurado.
La imagen del artículo está ilustrada con la marca clásica de openSUSE. La tipografía es susceptible a cambios, pero sigue siendo un logo bien ejecutado: ni muy serio ni muy informal, y con una forma reconocible. Los nuevos llegan tarde a una tendencia que quedará desfasada en pocos años por borrar todo rastro de personalidad. Junto con el clásico de Fedora siempre ha sido mi logo favorito en Linux.