En la emulación de videojuegos es tan importante escoger el programa adecuado como encontrar las ROMs de aquellos títulos que nos apasionan. Por lo general no es difícil hacerse con ellas, y con una simple búsqueda en internet tendremos resultados suficientes, pero a veces hay que navegar bastante. ¿Queremos una versión concreta? ¿La hay en español? ¿O quizás alguna comunidad la ha parcheado para que funcione debidamente? Las opciones son amplias, pero si nos gustan los juegos retro la cosa es más fácil: hace décadas la expansión por los diferentes territorios era más simple y, en general, existían solo dos o tres regiones —Japón, EE.UU. y Europa—. Es decir, los clásicos en sus versiones originales son más fáciles de encontrar, y con frecuencia el inglés era el idioma predeterminado porque las localizaciones eran un lujo. Por todo ello, si buscamos ROMs con 30 años encima, estamos de enhorabuena.

Durante décadas, la piratería de estos títulos preservó su legado y su memoria; incluso algunos fueron rescatados del olvido. Lo que empezó siendo una labor de «obtención gratuita» para muchos terminó convirtiéndose en un acto de preservación cultural y en un pilar fundamental de la fiebre del retro gaming y la escena indie. Todos los que crecimos en esas épocas estamos en deuda: con aquellos juegos pixelados (y el primer 3D) que nos tocaron la fibra, con los verdaderos fans que guardaban estos tesoros, y con el mundillo de la emulación que los rescató. Si no fuera por todo eso, quizás no podríamos volver a las aventuras que un día nos abrieron el mundo, cambiando el entretenimiento para siempre. Sin esos primeros «piratas», esta parte de nuestro pasado digital habría dejado de existir y, tal vez, no habría favorecido a la industria millonaria que conocemos hoy.
Tanto si emulamos en PC como en alguna consola famosa —como las Anbernic—, tener un buen puñado de ROMs a nuestra disposición es una gozada… y aún más si todas ellas están en un solo repositorio. Esto es lo que ocurre cuando encontramos proyectos como el de Alex Blackmore en GitHub, un usuario que se ha encargado de reunir miles de juegos para descarga pública. Allí tenemos plataformas clásicas como la Atari 2600, las Game Boy, o las bestias de Nintendo y Sega (NES, SNES, Master System y Mega Drive). A través de sus carpetas podremos navegar por un catálogo interminable de viejas joyas, tan vasto que a veces el propio GitHub no puede cargar las listas completas. ¡Incluso tiene versiones localizadas al español!
En caso de querer el pack completo, podemos descargarlo en un archivo ZIP cuyo tamaño asciende a 8 GB. Si tenemos en cuenta que la mayoría de títulos ocupaban una centena de kilobytes o unos pocos megas, podemos hacernos una idea de la magnitud de esta colección: hablamos de casi 10.000 videojuegos. Para descargar el paquete debemos clicar en el botón «<> Code» y seleccionar «Download ZIP».
Obtener semejante cantidad de archivos nos permitirá disfrutar de un catálogo enorme, tanto para descubrir como para revivir buenos tiempos. Esta extensísima biblioteca guardada en nuestros equipos es un tesoro. ¿Por dónde empezar? Yo, por lo pronto, no dejaré de recomendar títulos que me encantan como Secret of Evermore (SNES, 1995), Super Metroid (SNES, 1993) o Final Fantasy V (SNES, 1992), todos ellos reseñados en el blog. Si no sabéis por dónde empezar, cualquiera de esos es un buen inicio.
Foto de Xenia Radchenko en Unsplash