Como viene siendo habitual desde hace un tiempo, Arch Linux ha optado por esperar un poco hasta incorporar la nueva versión de GNOME a sus repositorios. Supongo que tal decisión fue tomada para contar con un flujo de trabajo más cómodo y un software más estable, cosa que se agradece aunque ese retraso pilla por sorpresa a los que relacionan Arch con actualizaciones rápidas. En los últimos años lo habitual es que esperen a las correcciones posteriores para incorporar las novedades.

Lanzado el 22 de marzo, GNOME 44 da un salto adelante respecto a la versión anterior, consolidando los cambios en la UI gracias a libadwaita y diversos rediseños que hacen al entorno más atractivo y usable. Si bien es cierto que esta nueva política retrasa a Arch respecto a distros como Fedora e incluso Ubuntu, hay que admtir que le permite tener un entorno mucho más estable y compatible con las extensiones, muy dadas a romperse con los lanzamientos mayores. Es parte del «secreto» de por qué Arch se ha vuelto robusto en ese aspecto aunque el ritmo de actualización no sea del agrado de todos.
Ahora empieza el camino hasta la versión 45, planeada para agosto, en la que podríamos esperar cosas como más personalización (cambio de color de acento en la UI) o la llegada oficial de apps como Loupe que modernizan el escritorio de cara a una mayor adaptabilidad en dispositivos móviles. Para quien busque las últimas novedades de GNOME, desde sus versiones beta, está disponible el repositorio FCGU que permite disfrutarlo mucho antes de que llegue oficialmente a Arch. Para mí se ha vuelto el complemento perfecto de mi sistema en caso de que la «versionitis» aparezca.