Grandes páginas de la pequeña web #7: World Wide Web

Si las páginas antiguas pueden considerarse small web —y de hecho ya he traído varias a esta sección del blog—, entonces hoy es más necesario que nunca dedicar este espacio a la primera página web de la historia: World Wide Web, de Tim Berners Lee. Lanzada un 6 de agosto de 1991 desde el CERN, usaba un NeXT Cube como servidor y comenzaba así el gran cambio histórico que supuso internet. Después de esto nada volvería a ser igual.

Gracias a esta página se demostraba la tecnología que conectaría al mundo, se daban instrucciones sobre su uso y recursos, así como una historia del proyecto. La idea de conectar varios ordenadores entre sí para construír la biblioteca del nuevo milenio se volvió, literalmente, en parte inseparable del mundo avanzado. Ya no entendemos nuestra vida sin la web, y sin embargo su finalidad y principios han quedado casi en el olvido. La libertad, neutralidad e interoperabilidad parecen aspectos destinados a ingenieros y frikis, pero deberían ser parte de la cultura general de cualquier ciudadano por su propio bien e interés.

Esta página ya brindaba algunos enlaces a información cultural: la aeronáutica, ciencias, literatura, leyes, música o religión estaban entre las secciones a las que hacía referencia en su sección What’s out there? (¿Qué hay por ahí?). También en su apartado How can I help? (¿Cómo puedo ayudar?) daba algunas pautas sobre cómo aportar al crecimiento de la web: programar, escribir y subir archivos. Es decir, compartir nuestros conocimientos y todo tipo de documentos interesantes que pudieran ser útiles a otros en su búsqueda. Ese es el espíritu del internet que conocimos y que parece perderse poco a poco entre legislaciones a veces incomprensibles y la dejadez de unos usuarios-masa centrados en el consumo superficial y fugaz.

¿Soy por estas opiniones un nostálgico? Puede que sí, pero los que peinamos canas estaremos de acuerdo en que la web de antes, aún con sus fallos, era más productiva y social que la actual. En nuestra mano está no ceder ni un megabyte de más a las (mal llamadas) redes sociales, servicios centralizados, gobiernos y big tech que rastrean y moldean a su antojo un territorio que era neutral, permitiendo la expansión cultural de varias generaciones.

Una página para enmarcar en la historia y una persona (el bueno de Tim) que algún día lamentaremos perder.

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