Introduzco el artículo con 3 conceptos sobre los que va a pivotar esta reflexión acerca del nuevo fenómeno coach sobre superación personal y otras vainas que trataré en profundidad:
- Yuppies: denominación para esos jóvenes de los años 80 que conseguían llegar a ser nuevos ricos, haciendo gala de la ostentación y generalmente centrándose en actividades de bolsa y márketing.
- Fe: comúnmente usado para la seguridad y confianza ciegas en ideas, promesas, dogmas y esperanzas.
- Nueva Era: movimiento espiritual ecléctico que surgió en occidente en los años 70, producto de las bases hippies o las modas filosóficas indias como los Hare Krishna. Se centra en «cuerpo, mente y espíritu» persiguiendo otro tipo de despertar de conciencia.
Métase estas 3 ideas en la licuadora, sírvase en un vaso de consumismo frío y adórnese con una pizca de redes sociales. Puede mezclarse con unas cucharadas de proteína en polvo antes de proceder a hacer 200 burpees a las 5 de la mañana.
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Vibrar alto, construir tu marca personal, hacerse grande, emprender, crecer, perseguir el éxito, cambiar tu vida, ser una mejor versión de ti mismo, vencer el miedo, documentar el proceso en redes sociales, no pensar en el dinero pero sí aspirar a un «Lambo» y, sobre todo, ser mentor de los demás para ayudarles a conseguirlo. Adelante con ello bro, a vibrar en la misma frecuencia.
Este nuevo y descabellado movimiento motivacional, surgido de una perversión del estoicismo, empieza a pegar fuerte y no escapa a nadie. Me resulta un fenómeno tan curioso que lo he estado observando un tiempo y no soy el único: últimamente han salido algunas cosas intentando destapar un entramado sectario y de estafa piramidal que parece orbitar esa nueva galaxia. Porque, desde luego, sus integrantes no son de este mundo.
Nosotros los plebeyos no entendemos sus motivaciones para convertirse en una versión de Patrick Bateman edulcorada con estevia y un tufillo a Bhagwan Rajneesh. Los nuevos apóstoles de la prosperidad tienen una gran fackin revelación para el mundo y son almas tan caritativas que te ofrecen formar parte de su círculo para conseguirlo. Unas mentorías, una pasada de cepillo y varios gigabytes de contenido diario en internet son suficientes para llegar a lo más alto. So, cree en ti mismo y quizás alcances la iluminación. Escapa del sistema, no hagas caso a los demás.
No soy contrario al libre mercado, ni a la prosperidad, ni a las muchas ideas de superación y esfuerzo que parecen enarbolar. Pero como toda majadería empieza a cojear cuando rascas un poco trazando varios de esos perfiles y sus puntos en común, analizando los movimientos sociales del siglo XX que se le parecían y surgieron por motivos similares. También desaparecieron de igual modo que desaparecerá este: cuando pinche la burbuja de reflejos multicolor y se den de bruces con la realidad. Veremos si realmente han perdido el miedo cuando se encuentren con ella porque suele ser tozuda.
No hace falta ser muy listo para descubrir cómo algunos llegan a hacer dinero de este milagro: grandes números de seguidores en redes sociales se traducen en algunos euros per cápita que, gracias a la magia de la multiplicación, hacen surgir varios ceros en la cuenta bancaria de las fackin bestias. O como decía Lola Flores: «si una peseta diera cada español…». ¿El artículo a vender? Una pasión humana tan antigua como las personas, nuestra compañera la vanidad. Porque claro que debes trabajar, ¿si no cómo pagarás las mentorías con las que ellos se comprarán los lujos que te van a enseñar?
Esta generación es la nueva generación desencantada, superficial y consumista, huérfana de una mirada optimista del futuro tras ver cómo la antigua seguridad económica de nuestros padres se iba desvaneciendo, y cómo el «conformismo» de nosotros los millenial terminó en un estancamiento. Un nuevo mundo de supuestas posibilidades llamado internet, un pastor llamado algoritmo, una nueva materia prima llamada «creación de contenido». La vida no es vida sin tener un estilo con la que transitarla.
Un estilo que se ve en Instagram, en YouTube, en TikTok. Unos resultados llamados colección de coches, casa alquilada de 6K al mes y un buen body building que te haga lucir como Conan si en vez de guerrero justiciero se hubiese metido a tiburón de las finanzas. Porque claro, si lo que consigues mola pero tú te sigues viendo horrible eres un fracasado. Si no triunfas con el dinero que sea con el cuerpo, y que el cuerpo atraiga el dinero: tú eres el producto y la mercancía. Tu ego debe dictaminar que tienes mucho valor porque todo el mundo sabe que la mayor generación de riqueza no es la industria, sino grabarte todos los días un vídeo dando la chapa para intentar demostrar lo bueno que eres. Sigue una filosofía pero no pienses en ella. Ten una figura de inspiración pero no la cuestiones, porque la admiración y la envidia a veces habitan demasiado cerca, y el deseo es pura gasolina.
El más listo es el que consigue vender sueños al mayor número de gente, que borrachos de deseo perseguirán la vida que les muestra. Si no tienen un propósito hay que inventarlo aunque sea a golpe de talonario. Que no te explote un empresario: sé tú el explotador de las miserias y los runrún de aquellos que aspiran a mucho. ¿Y si fallan? Sencillo: es su culpa, no se han esforzado lo suficiente, no lo deseaban lo suficiente, no son dignos.
Vacíos de aprobación, persecutores de propósito impostado, adictos al «siempre más», alienados de las relaciones sociales, transitarán el camino del purgatorio para que sus pecados sean lavados. Una nueva fe, una Nueva Era de cultivo para los yuppies y gurús del siglo XXI. Patrick Bateman estaría orgulloso y sin duda Rajneesh les aplaudiría desde alguno de sus 365 Rolls-Royce.
¿Y tú, aún no te has levantado a las 5 de la mañana para sonreírle a la maravillosa vida que te espera antes de que se hunda el barco? Si eso no te motiva lo suficiente procede a hacer 200 burpees más, cansa el cuerpo, llega al fallo muscular no sea que aflore el pesar que realmente llevas en la cabeza.
PD: Sin redes no sois nada.
Xente nova e leña verde, todo é fume.
Imagen: Rawpixel / Dominio público
Cuentan que la Lola dehpaññña se lo pasaba pipa a cuenta de los que mosconeaban alrededor. Dígase en su defensa que en su casa no faltaba jamón del bueno para las visitas.
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[…] Creo que este crecimiento personal perpetuo nos lleva a una salud mental precaria y que esto es un síntoma prácticamente generacional. Este «tienes que sacar más nota, tienes que trabajar más, tienes que trabajar mejor, tienes que, tienes que, tienes que», sumada a la situación social (trabajo precario y nulo acceso a la vivienda) lleva a muchas personas a buscar soluciones aparentemente sencillas y rápidas que prometen algunos supuestos gurús. […]
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