Lies Are More Flexible (2018), de GusGus

«Under your command, reaching out for the twilight»

La música electrónica, como cualquier otro género, tiene sus diferentes escenas musicales. Una de las más desconocidas pero no menos interesante es la de Islandia, concentrándose principalmente en su capital Reikiavik de donde salen numerosos artistas de buena calidad y algo peculiares. Para los más familiarizados con esta región enseguida les vendrá a la cabeza la extravagante Björk, pero quizás sea GusGus el grupo que más me atrae y del que he disfrutado innumerables horas.

Formado en 1995, GusGus fue la mayor parte de su existencia una amalgama de personalidades que llegó a juntar hasta 10 almas. Con el paso de los años la banda fue variando y desintegrándose poco a poco aunque siempre conservando dos de los miembros fundadores que acabarían heredando todo el proyecto: el productor/programador Birgir Þórarinsson y el cantante Daníel Ágúst Haraldsson.

A lo largo de su carrera GusGus lanzó un puñado de buenos discos como el excelente Arabian Horse (2011) donde hacían gala de unos preciosos sintetizadores modulares, mayormente analógicos, que son la delicia de cualquier aficionado. Cuando la formación quedó establecida como un dúo parecía que su creatividad decaería, pero no: en 2018 sacarían el genial Lies Are More Flexible que me entusiasmó por sus juguetones secuenciadores y efectos.

Huyendo de las estructuras más pomposas de anteriores trabajos GusGus volvía al house más bailable con un sonido 100% hecho con hardware, que brilla por su estilazo y no más pretensión que el de buscar buenos sonidos electrónicos donde la melódica voz de Daníel ejerce un equilibrado contraste. Y vaya si lo consigue, pues dentro de su discografía ha quedado como uno de los lanzamientos más queridos por crítica y público.

Un LP relativamente corto de unos 40 minutos dividido en dos partes: la primera mitad nos presenta piezas con líneas vocales, mientras la segunda nos mete de lleno en bellos instrumentales que bajan la frecuencia sin renunciar a lo emotivo. 8 canciones —o más bien 7 y un interludio— se bastan para defender una colección relativamente experimental y fresca que inauguraba la nueva etapa de la formación islandesa. Una nueva presentación con esa bonita portada tan casual y atípica que retrata una gasolinera en medio de una nevada invernal.


Las primeras 4 canciones se encargan de ponernos en contexto mezclando esa parte electrónica con la más humana. Featherlight introduce sonidos techno donde la melódica, pequeña y evocadora letra se funde en un ejercicio de simbiosis con la máquina. Don’t Know How to Love presenta ritmos a medio tiempo donde Daníel lleva la voz cantante (nunca mejor dicho) con su registro y arreglos cercanos al pop, pero lo mejor viene con Fireworks y Lifetime.

Fireworks se encarga de meternos en un tech house de estructura bastante clásica, donde las secuencias de bajos se mantienen potentes antes de abrir paso a ciertos momentos llenos de luz. Los reverbs extienden las voces hasta darles un toque onírico y elegante donde lucirse con bonitos cambios de melodía.

Lifetime es una de las mejores de disco: muy bailable, sencilla y juguetona, pero sin embargo igualmente melódica en su estribillo reverberado donde las voces se disuelven y chocan entre sí. Optimista y enérgica, podría ser un exitazo en cualquier pista de baile alternativa.

Las siguientes 4 piezas nos llevan al terreno puramente instrumental donde los cambios y diferentes efectos se encargan de paliar la ausencia de voces. No Manual es un downtempo muy bonito y reflexivo que fácilmente atrae nuestra atención. Tras la salida de este disco se tomó como base para hacer una versión cantada que lleva por título Out of Place, siendo igualmente una preciosidad y lanzada como single.

Lies Are More Flexible da título al disco y encapsula bastante bien ese estilo tan bailable, electrónico y artesanal donde Birgir saca a relucir el manejo del hardware. Towards a Storm es una rareza en la colección, pues es un interludio de apenas un minuto donde escucharemos agua corriendo y una voz femenina cantando lo que parece alguna melodía ancestral antes de llegar al final.

Fuel es otro instrumental transitando entre el downtempo y el techno, desplegando toda la amalgama de efectos sonoros que aparecen en el disco para crear lisérgicas variaciones que a veces recuerdan al acid house. Una gran muestra de cómo modificando varios filtros de sonido se puede experimentar subidas y bajadas, extensiones y contracciones, que hacen de la melodía algo puramente tecnológico. Por el fondo, de vez en cuando, aparecerá la voz femenina que nos asaltó en el interludio como si quisiese mezclar los antiguos sonidos con el futuro. El título probablemente hace referencia a la portada, o viceversa.

Canción destacada

¿Una sólo? Imposible. Lifetime, No Manual o Fuel son de lo mejorcito que un fan de la electrónica puede tener en la colección.

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