Agotados de Esperar el Fin (1984), de Ilegales

«Haré muertos antes de morir / Vive o muere (¡Vive o muere!)»

Es innegable que el fenómeno alrededor de la Movida Madrileña tuvo su encanto e importancia en España, donde el pletórico año 1984 alumbró discos especiales como este. Agotados de Esperar el Fin suponía el segundo lanzamiento de los polémicos Ilegales, álbum que me encanta y respeto muchísimo hasta el punto de considerarlo de lo mejor de este país. Y eso que el listón estaba alto con su debut de 1983, tanto en música como en diseño artístico.

Los Ilegales tenían un alma punk nada convencional en sus primeros LP, una propuesta que encontró en el sonido de la nueva ola un envoltorio con el que empaquetar canciones extrañamente incorrectas. El grupo de origen asturiano no hacía el típico punk: seguía una senda donde dinamitaban las reglas riff tras riff, verso tras verso. Antisociales, viscerales, transgresores, provocativos, arrogantes, ácidos, macarras, nihilistas… Para mí sus letras destilaban resentimiento, locura y rabia tras ingeniosas rimas. Rimas a veces asonantes y otras veces inexistentes, pero siempre rompiendo con lo esperado hasta el punto de ser geniales.

Si en su primer álbum tenían la polémica canción Heil Hitler! —renombrada en varias ediciones como En la noche alemana, víctima de su propia provocación, del miedo al público y la incapacidad de éste para encajar cierto humor ácido— esta vez levantaron algunas ampollas debido a la nueva producción, donde las baterías fueron secuenciadas electrónicamente al igual que las líneas de bajo. Esto lo acercaba al new wave e incluso al post punk con una fórmula que me recuerda al Seventeen Seconds de The Cure (1980), salvando las enormes diferencias de tono y temática.

Sin duda eso le benefició para unos ritmos más perfectos, le dio un toque pop y permitió que la guitarra tuviera cierto protagonismo orgánico. Este sonido fue buscado a propósito para aumentar las posibilidades de colarse en la radio, y aunque la jugada les salió bien la mezcla final nunca terminó de agradar a la banda. De todas formas es un buen trabajo que gozó de gran éxito y mucha repercusión, aunque el lanzamiento remasterizado de 2024 no me convence y sigo prefiriendo la mezcla original. La nueva versión modifica ligeramente el sonido de la batería y la ecualización, pretendiendo hacer algo más «nítido» y adaptado a los tiempos de hoy, pero que sin embargo arruina el equilibrio en algunas ocasiones.

La preciosa portada muestra a unos niños tras un alambre de espino (¿un campo de concentración?), y el cartel en ruso avisa de que está prohibido el paso de personas u objetos a través de la alambrada bajo amenaza de disparo. El diseño me parece muy atractivo, tanto que hace años encontré un vinilo original de la época y lo identifiqué de inmediato en la estantería de una tienda de segunda mano. No dudé en comprarlo para mi colección y es una de mis piezas más preciadas.


Este disco lo conozco desde pequeño gracias a un casete pirata que había en casa, creo que uno de los favoritos de mi padre cuando era mozo. Recuerdo escucharlo y parecerme chocante, con un instrumental atractivo pero con unas letras extrañas que apenas conseguía entender. ¿Cómo iba un niño como yo saber de qué narices estaban hablando cuando, justamente, no tenía ni la experiencia ni la calle suficientes para leer entre líneas? Aun con todo me gustaba y prestaba atención a cada detalle, intentando captar las peculiares líricas que no me dejaban indiferente.

El tiempo haría el resto, pues me reencontraría con esta maravilla en varias ocasiones, disfrutando de ella como si resolviese un antiguo acertijo y sacándome más de una sonrisa. Hay muchísimas frases lapidarias que terminan pegándose, tan ácidas como políticamente incorrectas, un arte para los amantes de ese rollo. Es el protagonista contra el mundo en cada canción, a cada cual más individualista, chulesca y (auto)destructiva. Es una declaración de guerra constante a cualquiera que se cruce en su camino.

Su colección de 13 canciones apenas llega a los 40 minutos totales de duración, pues la mayoría de ellas suelen ser cortas y directas. Casi todas son memorables, donde a pesar de alguna que otra irregularidad en la parte final se mantiene prácticamente impecable y coherente.


Destaco las que más me gustan, empezando por la bienvenida que nos da África paga. Unos sonidos de helicóptero sobrevolando la selva (como si estuviéramos en Vietnam) introducen una melodía bailable y atípica para el grupo. Tiene un ritmo con mucha pegada, un bajo juguetón y una guitarra que a veces parecen inspirados en el funky. Sobre esta propuesta Jorge entona una melancólica melodía señalando a la desesperación de la guerra, al compañerismo de los mercenarios y al instinto de supervivencia.

Cualquier decisión es un suicidio aquí.

Iremos juntos, dispararemos,
todo es mejor que quedarse a mirar.

Iremos juntos… hacia el infierno,
si es que una bala se cruza al pasar.

El último hombre siempre fue una de mis favoritas por sus platillos sintéticos y sus bonitos acordes que acompañan una letra algo ambigua. ¿Trata sobre la venganza? ¿Quizás sobre la desesperación de sentirse acorralado? ¿O acaso es una declaración de intenciones para no dejarse pisar? Nunca lo supe al 100%, y creo que prefiero no desentrañar el misterio que para mí la rodeó siempre.

Llega un día en que un hombre se cansa de huir.
Esta vez no voy a escapar,
no quiero escapar.
Haré muertos antes de morir.
Vive o muere (¡Vive o muere!).

Tras la canción que le da título al disco, tratando sobre la delincuencia juvenil y la mala vida en la edad adulta, llega otra joya: Quiero ser millonario. Siguiendo el estilo sonoro de este disco empieza la ronda de letras ácidas, tratando sobre la extravagancia y la libertad que da el dinero… libertad de ser un caradura antisocial, con algún que otro deseo atractivo para muchos de nosotros.

Quiero ser millonario
Para olvidarme de los amigos

Llenar mi piscina de champán rosa
Coleccionar chicas con cicatrices
Bañarme desnudo en las fuentes públicas
Ir personalmente a pagar las multas

(…)

Tocar tan mal como los Rolling Stones
Tocar tan mal y que todos me aplaudan
Disparar a todos sin ser culpable
Jugar al golf en el jardín mojado

Sigue con la simpática La chica del club de golf, una peculiar historia cuyo protagonista es un sinvergüenza venido a menos y resentido con una chica tras haber tenido una aventura»amorosa».

Es tu cumpleaños
Me consuela saber
Que habrán llegado marchitas
Las flores que envié

No ríes, no lloras
Sólo hablas, a solas
¡Qué flores tan raras!

Hombre Blanco imita la típica tonadilla de rodeo americano para regalarnos un corrosivo sarcasmo (Soy un hombre blanco / alto y orgulloso / Mi mejor amigo / creo que soy yo), aunque tras ella va la destacable Soy un macarra. Ésta fue la primera canción que escuché de ellos y me parecía surrealista, aunque en su sencillez estaba la genialidad: una buena escala de guitarra punteada se repite una y otra vez, dejando paso a una simpática letra donde el protagonista amenaza a su propio reflejo en el espejo. Podría estar inspirada en la famosa escena de Taxi Driver, o al menos describe algo muy similar.

Las tres siguientes (El piloto, Odio los pasodobles y Stick de hockey) no las destaco como las demás, aunque tengo mi simpatía hacia Odio los pasodobles porque se atreve a criticar el género luciendo, justamente, una breve melodía típica como detalle humorístico. Por otro lado, Stick de hockey pretende tener la letra más violenta de la colección aunque su instrumental no está a la altura de otras genialidades del disco. Todo este tramo es el que considero más flojo, pero tranquilos que remonta de manera espectacular…

Para siempre recupera las melodías que queremos escuchar en este LP, además de volver con las mejores letras. En esta ocasión parece que nos encontramos ante un protagonista alcohólico que empezó a beber por culpa de su novia, y con los años le hace la vida imposible a su entorno familiar. ¿Va en serio o es otra muestra de corrosiva sinvergonzonería? Ahí está la gracia del asunto, y por eso también es una de mis favoritas.

Para siempre es demasiado tiempo.
Sé que desea largarse al infierno.
Oigo llorar en su habitación.

Quiero ser todo para ti,
un borracho en tu apartamento
y el final de tu cuenta corriente.

La recta final es apoteósica con Destruye. Bajo su instrumental inocente se esconde una extravagante letra que va soltando cuchilladas, auténticas perlas biográficas de alguien que acabó asqueado de la vida. Una retahíla muy divertida de frases para enmarcar, y cuyo estribillo cambia el tono mientras anima a la destrucción, el ritmo se acelera y la guitarra ruge.

Cuando era un crío
Vaya una mierda
Lo conseguisteis
Me jodisteis bien
La zancadilla
Nada más nacer

¡Destruye!
¡Destruye!
¡Destruye!
¡Destruye, destruye, destruye!

Tras ella el disco cierra con un reprise de África paga, imitando el formato del álbum anterior. Este pequeño corte podría ser fácilmente alguna toma mala de estudio o algo así, pero conecta muy bien con el inicio del disco.

Voy a dejar aquí también el texto que aparece en la trasera de la funda, el cual me resultó muy simpático la primera vez que lo leí:

Mucha gente va a nuestras actuaciones en directo para ver si nos caemos muertos pero, después de muchas peleas, borracheras y descargas eléctricas, creo que hemos alcanzado la inmortalidad.
Las relaciones personales entre los miembros de ILEGALES se deterioran rápidamente. Las conversaciones van siempre a gritos y entre el ruido de los amplificadores. Así que hemos cambiado de bajista hace ya tiempo. El nuevo se llama Willy y es un tipo que solo responde a estímulos muy primitivos… «Willy comida» o «Willy putas»…
En una de las últimas actuaciones un cabrón me robó todos los cacharros de hacer ruidos raros. Más le vale no utilizarlos nunca, porque si le cojo la pista le voy a arrancar los intestinos.
David, el batería, es de esos a los que le ha hecho cambiar el alcohol. Su grupo sanguíneo ahora es JB con hielo. Nuestras actuaciones en directo aumentan y también aumenta nuestra colección de enfermedades venéreas… En los escenarios quedan las botellas rotas.

Jorge Martínez

Canción destacada

Qué difícil decidir solo una. Pero tengo que mojarme y mis dos favoritas son El último hombre y Destruye, tanto por la música como por la letra. Ambas me parecen geniales y es fácil que acabe escuchándolas en bucle varias veces. Dependiendo del día prefiero una u otra, pero es innegable que están en mi top.

4 comentarios en “Agotados de Esperar el Fin (1984), de Ilegales”

  1. Vale, Ilegales no está entre mis favoritos, aunque su primer disco (que tenía mi hermana en casette original) lo escuché bastante.
    Tiene temas que me gustan, en ese primer disco y en algún otro y reconozco que el tío tiene el carisma que el Rock tiene que tener.
    Pero me pasa como con otra gente (sí Bumbury te miro a ti, por ejemplo) me gustan temas suyos, pero no soporto al intérprete, todo un personaje!
    En fin gran artículo que he leido con avidez! Y me ha llevado a volver a escuchar a los míticos Ilegales. Ambas cosas un placer…

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    1. No controlo tanto a Bunbury como a Jorge, pero de ambos me agrada esa personalidad tan propia: piensan lo que les da la gana, dicen lo que les da la gana y se nota que van a lo suyo. En mi caso tienen muchas cartas para carme bien, vi algunas entrevistas y me gustaron mucho. Tienen sus idas de olla pero es justamente lo que los hace auténticos.

      Un saludo!

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