Hace un par de semanas participé junto con Victorhck y Yoyo en una charla del podcast Salmorejo Geek. Estuvimos hablando sobre varios temas, aunque uno de ellos fue GNOME y por qué me gusta tanto. Yoyo decía que el punto flaco de este entorno es su excesivo minimalismo y la falta de opciones, una opinión compartida por muchos en el mundillo. Aunque mis argumentos para defender a GNOME se basaban en principios de diseño que ya estaban presentes en el Macintosh de 1984, así como el uso instintivo que tenemos actualmente del PC, había algo de cierto: la falta de personalización de este escritorio en su versión vanilla es evidente… a no ser que recurramos a una herramienta tan importante como Tweaks (Retoques).

Adoro que GNOME siga firme en mantener la coherencia del entorno, las aplicaciones y la experiencia de uso en cualquier distribución Linux. Sin embargo, desde sus comienzos delegó funciones en las extensiones del shell y ha capado ciertos elementos personalizables como las tipografías, los temas visuales y los iconos, o incluso el comportamiento de las ventanas y sus botones. Conscientes de esas limitaciones y las críticas que recibía, en 2011 —poco después de sacar a la luz su polémica versión 3— se lanzaba una herramienta que permitía retocar esos parámetros al gusto del usuario. Nacía así Tweak Tool, y por supuesto fue un éxito.
Todo usuario de GNOME recurría a ella, pues era necesaria para configurar elementos que se consideraban básicos. No solía venir preinstalada en los sistemas, aunque no impidió que se convirtiese en una herramienta muy querida y popular. De forma sorprendente, GNOME seguía sin incorporar esas funciones a su entorno, pero Tweaks siempre estuvo ahí para facilitar las cosas.

No cabe duda de que Tweaks fue clave en la adopción del nuevo GNOME. Si no hubiese sido por ella, quizás las críticas y el rechazo hacia el nuevo concepto habrían sido catastróficas. Es comprensible que los linuxeros, tan acostumbrados a la libertad de tocar el entorno, le diesen la espalda. De hecho, por aquel entonces GNOME era denostado y surgieron multitud de forks alternativos como Cinnamon o Mate.
Con el paso de los años GNOME fue puliéndose, evolucionando un diseño y funcionalidad que pocos entendieron. Tuvo que pasar tiempo y, sobre todo, que gigantes como Apple incorporasen ideas similares para ser aceptado. A día de hoy GNOME es un superviviente de aquella tormenta en Linux, ha conseguido desafiar las convenciones y ha recuperado su estatus como el mejor entorno junto con KDE.
Pero aún así Tweaks sigue siendo una herramienta útil, se ha asentado como un complemento mítico que debe estar en cualquier GNOME. Ellos mismos lo saben y por eso continúa. Entonces, ¿por qué siguen sin incorporar sus funciones en el panel de configuración general? No tengo una respuesta a eso, pero es indiscutible que es una pieza venerada hasta tal punto que le ha salido competencia, como los nuevos Refine o Tuner.
Yo lo tengo claro. Tweaks fue de gran importancia y lo sigue siendo. Tanto que, irónicamente, quizás ya no concebimos GNOME sin ella.
Tweaks está disponible en todas las distribuciones y actualmente suele incorporarse de serie. De todos modos, si alguien necesita instalarlo el paquete se llama gnome-tweaks.