Grandes páginas de la pequeña web: Yesterweb

Poco a poco sigo con mi avance personal descubriendo la small web. Aunque es cierto que lo más llamativo son las páginas minimalistas y basadas en texto, también hay subgrupos de gente que rescata la estética de finales de los 90 y principios de los 2000 (con sus colores, GIF y fondos). Puede que esas páginas pesen más —habría que comprobarlo—, pero no por ello la filosofía de la pequeña web es pervertida. Recientemente me encontré con Yesterweb, un espacio que actúa a modo de comunidad de fans, usuarios y creadores con un halo similar. Su rechazo a los algoritmos de personalización, las redes sociales, la centralización y todas esas cosas que ya he tratado anteriormente en mi particular investigación de este fenómeno.

Su lista de manifiestos no deja lugar a dudas: quieren hacer de enlace a todos esos espacios con ideas similares siempre respetando la libertad de opinión, así como aceptando los fallos que las personas puedan tener a lo largo de su actividad en la red (que tan poco se perdonan en sitios como Twitter), y del no menos importante concepto del verdadero internet social. Este punto resulta fundamental y estoy muy de acuerdo. Las redes sociales actualmente no hacen gala de su nombre, porque no sirven como conexión real entre personas. La small web, sin embargo, vuelve a la idea original de toda una red de pequeños creadores que se hacen link entre sí para tejer el internet tal y como lo conocíamos. La única libertad ahí, la única individualidad posible que permite apreciar a las personas por cómo son, consiste en tener tu propio espacio (tu propia web) donde publicar lo que más te guste o dedicarte a un proyecto. Eso fue siempre la web y así debería seguir siendo no por una cuestión de nostalgia, sino por ser prácticos y no vender el alma al diablo —obviamente es una manera de hablar, ya sabemos a qué nos exponemos cuando aceptamos términos y condiciones de uso, si es que alguien los lee—.

Os animo a echarle un vistazo y a empaparos de la maravillosa variedad que ofrece. Incluso también hablan sobre el protocolo Gemini, que está por ver si toma la suficiente fuerza como para albergar toda una comunidad de gente que decide salirse de lo que parece ser el nuevo «sistema» imperante.

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