7 años con el Dell XPS 13

Como usuario de Linux tengo muy en cuenta el hardware compatible al adquirir equipo nuevo. La experiencia del software está condicionada por el hardware y viceversa, siendo una simbiosis decisiva a la hora de sentirnos satisfechos con el rendimiento. Pasa con todos los sistemas, siendo el ejemplo más visible Apple donde ese binomio es la clave del éxito. En Linux no difiere el asunto, pero al cerecer de apoyos serios en el escritorio requiere que el usuario sepa de antemano qué quiere dentro de sus posibilidades. Cuando en 2016 necesité un nuevo ordenador tenía claro que daría el salto a los ultrabook, ya que me parecían el futuro —de hecho lo fueron, a día de hoy son portátiles en toda regla—. El proceso de decisión fue bastante sencillo, pero hasta comprobar el producto en persona tendría que ser intuitivo para aumentar las posibilidades de éxito.

Por experiencia sabía qué componentes me gustaban e iban bien con Linux, así que los aspectos a considerar eran:

  • Lo más económico posible
  • Un equipo compacto huyendo de las 15 pulgadas
  • Procesador y gráfica Intel como preferencia, por su fiabilidad
  • El estándar de hardware del momento. ¿Era suficiente? ¿Necesitaba más?
  • Proyección a largo plazo para no quedarme obsoleto en pocos años
  • Buen diseño estético, funcional y de fabricación
  • Añadidos valiosos como puertos específicos
  • Evitar fabricantes cuyas políticas de empresa no me gustasen

Para mi uso normal no necesitaba una bestia, pero debía tener unas características realistas por el precio. Si quería buena calidad debía rascarme el bolsillo, por lo que era obligatorio desembolsar más de 800€. Esta cantidad la rondaba el MacBook Air de la época, un producto que definió el estándar ultraportátil y que, realmente, era la mejor opción calidad-precio en ese tipo de equipos. Pero dicho modelo empezaba a estar anticuado, y la competencia en el PC incrementó su agresividad hasta dar alternativas muy interesantes que jugaban con esa horquilla de precios. Por otro lado estaban los ordenadores más top como Lenovo ThinkPad o MacBook Pro, claramente menos ligeros, orientados a un uso más intensivo y un desembolso más elevado. Lo que yo quería se acercaba al enfoque de llevar lo máximo en el mínimo espacio, haciendo algunos sacrificios con la esperanza de que los avances en tecnología no los hiciesen limitantes. Uno de esos sacrificios era el lector de discos o la carencia de múltiples puertos. Había que pagar por un equilibrio entre potencia y ligereza en vez de grandes puntuaciones benchmark o en estaciones de trabajo completas.

Tuve 3 modelos en mente: cualquier MacBook, un Xiaomi Mi Air o un Dell XPS. La configuración de procesador i5, 8 GB de RAM, 250 de SSD y pantalla 1080p me parecían muy razonables y no aceptaba menos, teniendo la corazonada de que sería un estándar que aguantaría bien durante años.

Los MacBook quedaron rápidamente descartados:

  1. No me gustaba Apple como empresa, ni su sistema operativo, ni su precio
  2. Mi idea era usar Linux, así que el sobrecoste por MacOS no merecía la pena
  3. Los modelos que empezaban a sacar eran más caros, con menos puertos o componentes más cerrados y soldados a la placa (difíciles de reparar)

El Xiaomi Mi Air era interesante porque ofrecía un precio contenido, unos puertos razonables, posibilidad de ampliar el SSD y una gráfica Nvidia, pero también lo descarté:

  1. Xiaomi tampoco es una empresa de mi agrado. Aunque tiene buenos productos, muchos son pan para hoy y hambre para mañana. Además las compañías chinas son terribles con el bloatware
  2. Tener una Nvidia era jugoso, pero se calentaba más, la batería duraba menos y en Linux quizás no exprimiría toda la potencia
  3. Por las vivencias de un colega, había detalles en la fabricación que no aguantaban bien el paso del tiempo

El Dell XPS 13 básico, sin embargo, me daba buenas sensaciones que pude comprobar acertadas tras todos estos años. Su precio (unos 1100€) y características estaban a caballo entre los otros dos candidatos, Dell tenía un enfoque empresarial hacia a la durabilidad y tenía experiencia con Linux. Toda esa política hacía confiar en un buen soporte para software libre. Tras la compra, aunque tardaron un poco en dármelo (este tipo de equipos los fabrican a demanda) pude comprobar lo bien hecho que estaba.

  1. Su diseño y fabricación eran exquisitos, en aluminio y fibra de carbono. Por debajo de la perfección de Apple pero muy superior a otros fabricantes de PC. De hecho, gracias a un estilo tan compacto con esos alucinantes bordes de pantalla (un portátil de 13″ metido en un cuerpo de 11″) ganó los premios CES repetidas veces
  2. Su panel 1080 era suficiente, y además no reflejaba al ser mate
  3. El teclado retroiluminado era pequeño pero muy cómodo para escribir gracias a un espaciado meticuloso
  4. Tu touchpad no era el más grande pero sí generoso y de calidad, aceptando múltiples gestos
  5. 2 puertos USB de alta velocidad eran suficientes, apoyados por un USB-C polifacético gracias a Thunderbolt 3, LEDs de status de la carga y una codiciada lectora de tarjetas SD. Además el Thunderbolt me permitía incorporar una gráfica dedicada externa
  6. Batería que llegaba a las 10 horas de duración y sigue manteniendo el tipo (a 2023 no baja de las 7-8 horas en uso normal)
  7. Posibilidad de cambiar el SSD y el módulo Wi-Fi

El hardware sigue siendo bueno 7 años después y Linux sabe cómo exprimirlo mejor que Windows. Obviamente lo compré con el sistema de Microsoft y hay que premiarles el hecho de no haber metido bloatware ni nada parecido. Su fabricación siguiendo estándares lo convirtió en un equipo libre de drivers complejos en el que fue fácil usar el sistema del pingüino, hasta el punto de no darme ni un sólo problema. Es más, los únicos problemas que tuve fue con Windows, su cifrado y unas actualizaciones que echaron todo a perder. Tras 6 años usando Linux de forma ininterrumpida en el XPS puedo decir que fue la mejor compra que hice jamás, y Dell se coronó como un fabricante al que respeto por la calidad que me ha dado, sólo comparable con el IBM de mi adolescencia. Si tuviese que comprar un equipo nuevo —espero que este me dure muchos años más— volvería a considerar un XPS como primera opción. Hasta ese punto estoy contento con los resultados: creo que son el único equivalente real a los MacBook sobre todo con Linux, y la opción más interesante si no nos vamos a los costosos ThinkPad o alternativas más específicas como Slimbook.

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