Hace unos 17 años surgieron los primeros amagos de redes sociales: Fotolog, My Space o Tuenti pegaron fuerte en España hasta la adopción masiva de todo lo que vino después. La idea era simple: conectar con gente y amigos eliminando ciertas barreras físicas, tener algún tipo de espacio personal en la web, subir y comentar fotografías y compartir gustos con tus semejantes. Reconozco que era optimista cuando empezaron porque realmente había una utilidad y buen rollo que hoy parece difícil de experimentar. Gente pasándose por los muros para comentar de buena fe o hablar de las fotos, normalmente de fiesta, donde quedaba patente que era posible disfrutar de la naturalidad y reírnos de nosotros sin que afectase a la autoestima. La contabilización de visitas, likes y los dichosos algoritmos de personalización sustituyeron todo eso por gente obsesionada consigo misma, dándose más importancia de la debida, y orientada a batir récords de cifras que no tienen más sentido que el alimento del ego o llegar a ser «influencer«. He perdido la fe en un concepto que algún día pudo ser interesante y que ha desplazado la interacción honesta.

Ya he tratado este tema en varias ocasiones y seguiré haciéndolo porque es algo que me preocupa. ¿Cómo hemos llegado a una situación en que nuestras imágenes son la copia cutre de un photocall o un posado del ¡Hola!, sustituídas por la búsqueda de condiciones, filtros y retoques que crean la estamp de vidas pseudo-perfectas? ¿Cómo los mensajes de buena voluntad entre amigos y gente que conocíamos han sido desplazados por reproches y postureo moral hacia desconocidos, siguiendo estándares tan artificiales como las propias fotos? ¿Cómo la actitud de trolls e idiotas se ha vuelto el modus operandi de la gente que busca asestar «zascas» para llevarse un baño de masas? ¿Cómo toda esa gilipollez ha calado hasta en la política? El nivel de repelencia está a punto de reventar. Desde esas posiciones se condena el bullying, mientras las hordas populares no renuncian a esa práctica por un supuesto beneficio común.
Una red social se supone que es un conjunto más o menos autónomo de personas que buscan relacionarse entre sí por algún bien o interés común. Las actuales plataformas que se hacen llamar así tienen poco de red y mucho de centralización, donde las normas son aplicadas según convengan por los reportes de la propia «comunidad» y anunciantes —con nada en común—, perdiendo parte de la libertad y respondiendo más a sesgos cognitivos y monetarios.
La gente se sigue para darse la razón entre sí mismos mientras atacan al que no opina igual o consideran diferente, mientras se autoperciben tolerantes. Y la cosa parece ir a más, motivo por el cual hay un sector de la población que empieza a limitar o abandonar dichas plataformas por pereza y, por qué no, tranquilidad y salud. Muchos sitios también han desactivado los comentarios por razones que tocan directamente con eso, conscientes del escaso aporte de muchos de ellos y el mal ambiente que generan para los que vienen con mejores intenciones.
Tampoco tiene nada de social porque raramente provocan un bien de ese tipo. Sólo hay que pasearse por los trending topic y sus comentarios para desear hacerse un harakiri de vez en cuando.
Más información sobre el impacto de redes sociales en Wikipedia
Este y otros articulos que escribes son un soplo de aire fresco que da gusto leer, sigue asi, tu blog ha sido un gran hallazgo. Saludos
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Muchas gracias!
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Me ha gustado mucho leerte. Al final ¿qué se puede hacer más allá de la autocrítica y actuar en consecuencia si eres una gota de agua en ese lodazal brilli-brilli?. Es frustrante cuando has disfrutado en esas primeras etapas. Y pienso en ello porque tienen un potencial increíble pero hemos tropezado entre los primeros pasos y caminar ¿cómo nos verán en unas décadas?
¡Un saludo!
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Hola! Pues tengo casi las mismas dudas que tú, la verdad. A no ser que se haga autocrítica y se actúe en consecuencia como dices (cada cual como crea conveniente), no hay mucho más. Desarmar realidades y pensamientos sociales que se arraigan es complicado, así que sólo veo dos opciones:
1- Lo que decíamos de la autocrítica, y que mucha gente con un cambio de hábitos e ideas consigan influír en más población.
2- Que ocurra algo catastrófico o indudablemente malo que replantee de un plumazo la realidad, un shock. ¿Quizás los problemas de salud mental y de comportamiento que generan las RRSS? ¿Otros de otro tipo? Eso sólo se sabrá cuando la generación actual de chavales sean adultos.
Aún no sabemos si esto va a seguir así siempre, pero sí que podemos intuír que seguirá afectando negativamente durante un tiempo.
Sobre cómo nos verán en el futuro, espero que como niños rabiosos que no tenían ni idea de cómo usar toda esta hiperconexión. Eso me gustaría creer.
Un saludo.
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