I Was Dead for 7 Weeks… (2001), de Dover

«Long shot in the name of God, need a McCartney song»

¿Qué pasaría si juntásemos la sonoridad de los Beatles con la de Nirvana en Nevermind? A grandes rasgos podría decir que así describo el estilo original de Dover, una banda que bien podría haber salido de cualquier lugar de Reino Unido o EEUU, pero nada más lejos de la realidad: eran españoles, concretamente de Madrid. Creo que en el panorama nacional no hace falta presentarlos entre gente de cierta edad debido al pelotazo que pegaron en su momento, coronándose como un grupo de calidad que machacaba a artistas reputados y liderando las listas de éxitos durante su carrera. Una rara avis en el estilo sonoro de un país que poco a poco fue tomando cada vez más referencias de la música latinoamericana y dejando de lado su encaje europeo. El legado de la banda también es infravalorado debido al rumbo pop que tomaron años después, siendo injustamente tratados y sepultados en el recuerdo cuando deberían reivindicarse más a menudo como un triunfo del made in Spain.

Liderado por las hermanas Cristina y Amparo Llanos, consiguieron mantenerse libres a pesar de su fichaje por discográficas potentes como Warner, tomando el control con una autoproducción que les permitía hacer lo que les daba la gana. Estas dos mujeres demostraron su talento haciendo morder el polvo a todos los artistas del rock nacional, que a su lado ya sonaban anticuados y hasta casposos. Dover merecía todos y cada uno de sus éxitos por su fantástico estilo y avispadas letras. Que escogiesen el inglés como idioma para cantar fue un acierto no sólo por su enfoque más internacional, sino porque Cristina se sentía cómoda con él, y se nota. Tampoco debemos olvidar los fantásticos conciertos que daban, consiguiendo aglomerar una cantidad desproporcionada de fans.

Con un sonido mucho más limpio y una producción más cuidada, en 2001 lanzaron su cuarto álbum con el extenso nombre I Was Dead for 7 Weeks in the City of Angels, que si bien no se recuerda tanto como el icónico Devil Came to Me (1997 ) que les catapultó a la fama, sigue siendo mi preferido y el que los consolidó como mi banda española favorita. Con él y su preciosa portada cultivé una época marcada por grandes recuerdos de mi adolescencia. Duro y tierno a la vez, líricamente macarra, potencian su rock alternativo creando grandes melodías sin renunciar a las guitarras desgarradas. Habían madurado desde el grunge manteniéndose acorde con las bandas de Seattle que tanto les inspiraban, sacándose de la chistera un material que no pervertía en absoluto aquello que los hizo únicos sino que más bien lo ensalzaba, con ese estilo a veces melancólico y profundo ya mostrado años atrás en canciones como las preciosas Green o Serenade.

A pesar de tratar temas amargos como la sensación de no encajar en sociedad, los desengaños o las inseguridades emocionales jamás caen en ese cliché adolescente, envejeciendo terriblemente bien gracias metáforas imperecederas por muchos años que pasen. 15 canciones de las cuales muy pocas podrían pasar desapercibidas, grabándose a fuego en los oídos, el cerebro y, por qué no, el corazón. Un disco al que acudir en busca de potencia (As I Said), rabia (Love Is A Bitch), supuesta redención (I Hate Everybody) y cariño (la brutalmente delicada King George que se volvió un hit en los 40 Principales). Un LP que me hace sentir como volver a casa después de años fuera, de esos discos que defino «felizmente tristes, tristemente felices».

Canción destacada

En este apartado siempre termino dando más de una canción, y en este caso no sería diferente por los muchos temazos. Sin embargo voy a mojarme escogiendo The Weak Hour of the Rooster, la que se volvió mi favorita por un montón de motivos, entre ellos porque parece condensar el estilo general del disco gracias a su apariencia de balada, pero que no puede contenerse y rompe en las excepcionales guitarras y estribillos marca 100% Dover. La letra tampoco tiene desperdicio, siendo de las mejores de toda la colección y probablemente también de su carrera, haciendo una referencia a la frase que Kurt Cobain escribió en su carta de suicidio: «es más fácil quemarse que desvanecerse».

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