Probando Invidious

A raíz de la polémica con Invidious, esta temporada estuve usándolo de vez en cuando para echarle un vistazo y sacar mis propias conclusiones. Este frontend de YouTube centrado en la privacidad nos permite ver vídeos de la plataforma sin pasar por ella y pudiendo tener una cuenta muy sencilla —sin depender de la de Google— para seguir canales y hacer lo que haríamos normalmente en la popular plataforma de vídeo, aunque con algunas limitaciones obvias ya que no usa la API.

Lo primero que me llama la atención es su estilo sencillo que me recuerda a las webs de hace unos años, algo acogedor para mí. Esto le asegura ese nostálgico look retro que además tiene beneficios en la velocidad y ligereza de la página. Sus opciones de configuración también son simples y van al grano, centrándose en los aspectos de la reproducción y algunos retoques de la interfaz y el funcionamiento que no nos llevará más de un minuto poner a nuestro gusto. No sé si soy el único, pero volver a este tipo de interfaces tan sencillas no sólo me hace darme cuenta del absurdo escalado de complejidad en las plataformas oficiales, sino que además me transmite cierta calma al no saturarme con secciones y opciones interminables a los que, por desgracia, ya nos han acostumbrado. Invidious simplemente funciona con lo básico y se agradece. Usándolo respiro esa tranquilidad que se perdió hace mucho para algo tan banal como ver vídeos, experimentando sutiles diferencias que evitan que me sature después de unos cuantos visionados. Por ejemplo la ausencia del algoritmo de recomendación basado en nuestro perfil hace que los resultados sean un poco más plurales y variados, aliviando la carga de esa «cámara de eco» que se genera con nuestra trazabilidad.

La reproducción y su calidad es quizás lo que más cojea a veces, dependiendo de la instancia que usemos. Invidious, al ser una suerte de «ventana» descentralizada, deja en manos de los usuarios la creación de diferentes espacios que ofrezcan el servicio. Así, dependiendo del alojamiento, los servidores y el tráfico que soporten, podremos tener una experiencia satisfactoria o bien algunos inconvenientes que nos obligarán a cambiar de instancia. En ese aspecto es bastante similar a Mastodon, lo cual requiere de nosotros voluntad para escoger lo más adecuado al sacrificar un funcionamiento homogéneo. Cambiar de servidores es sencillo porque desde la propia reproducción podemos hacer clic en «cambiar instancia» para que nos redirija a otros directamente (no sé si con algún criterio), lo cual es un recurso ágil cuando no queremos perder tiempo.

Por último destacar su más que obvio enfoque comunitario, libre y de código abierto. Estamos ante una solución fantástica para todos esos problemas que causa YouTube y vulneran nuestra privacidad. La enorme simplificación llevada a cabo por Invidious deja intuír todos los hilos que se mueven tras la plataforma de Google, y gracias a usuarios y grupos en todo el mundo podemos disfrutar de diferentes instancias que mantienen a flote esta alternativa. Incluso podemos contribuír alojando la nuestra y seguir con esta peculiar batalla contra el gigante del streaming. ¿Tendrá algún futuro si Google continúa buscándole las cosquillas? ¿Podrá Invidious seguir escapando de las amenazas sin tener que refugiarse bajo redes TOR? Esperemos que recursos así sigan floreciendo para no dar por finada una web abierta que ya de por sí está en peligro de extinción.

Más en el GitHub de Invidious: YouTube legal team contacted us

6 comentarios en “Probando Invidious”

  1. Mi pregunta sobre Invidious.io surge porque tambien uso NewPipe, y este último accede tanto a You Tube, como a instancias de Peertube o Souncloud , Bandcamp o media.ccc.de.
    Invidio.us debería poder acceder a redes alternativas y no tanto You Tube , creo yo

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