Hace bastante que no retomo seriamente la actividad de diseñar para Linux. Es un hobby que me encanta, surgido de la necesidad para poner el escritorio a mi gusto. Sin embargo requiere mucho tiempo y planificación, de ahí que tengo que ser muy concreto en mis trabajos para, al menos, imprimir la calidad deseada en lo poco que pueda hacer. Ya se sabe: el día sólo tiene 24 horas y el trabajo, familia, amigos y otras aficiones también merecen su tiempo. La motivación también es algo que escasea precisamente porque GNOME (entorno en el que me centro) está haciendo las cosas tan bien que apenas detecto motivos que requieran ponerme con Inkscape para matar el gusanillo. Mi colección de iconos y fondos de pantalla para este entorno nunca fueron planeados como una suite completa ni para tener un nicho de usuarios elevado, apostando siempre por la convivencia con Adwaita.

Resulta que en los últimos meses GNOME me ha malacostumbrado. Tras su rediseño, los iconos Adwaita hechos por Jakub Steiner llamaron mi atención por su sencillez y calidad. Un buen día, hace casi 6 meses, decidí usarlos para ver si me sentía cómodo con ellos y de paso tomar ideas para ajustar algunas cosas en mis creaciones. Hasta ahora siguen siendo mi elección y ha sido una de las razones por las que no actualicé mis proyectos. La otra es que GNOME a veces no pone las cosas fáciles para personalizar determinadas piezas, y ahora con la popularidad de Flatpak se ha vuelto un poco más complejo debido a su sistema de contenedores, lo que aísla la posibilidad de aplicar ciertos cambios sin meter mano en código o configuraciones —cosa que a veces me consume más tiempo y esfuerzo que diseñar en sí mismo—.
La personalización en Linux no ha muerto, pero ha bajado bastante porque los principales escritorios y distribuciones invierten más seriamente en tener buen aspecto. Esto no es malo de por sí, sino una bendición propiciada por la madurez y estabilidad que el sistema operativo libre ha experimentado en los últimos años, demostrable en parte por la enorme acogida que tiene Arch Linux, antes vista como una distro inestable y para usuarios avanzados. Incluso proyectos reputados y auténticos titanes como Numix o Elementary han experimentado una bajada de popularidad tras haber sido santo y seña de la personalización de calidad para las masas. Es innegable: hemos evolucionado para bien y a mucha gente ya no le hace falta retocar tanto su entorno. Nada que objetar.
Sin embargo a pequeños creadores como yo nos deja en una tesitura: ¿merece la pena seguir diseñando cuando hasta nosotros mismos nos sentimos cómodos con lo que hay? Teniendo en cuenta que la mayoría lo hacemos por hobby y la remuneración económica nunca ha sido la principal causa para ponernos manos a la obra, ¿tiene sentido seguir invirtiendo el escaso tiempo del que disponemos en algo que ya casi no es necesario? Viendo mi caso, quizás es el momento de aceptar que las actualizaciones de artwork personalizado serán mucho más lentas y los proyectos más pequeños. Ya no existe ninguna presión u oportunidad externa con la que jugar, y puede que eso sea algo positivo después de todo. Quizás sea una purga en muchos aspectos, quizás en algún momento no muy lejano volvamos a ver un renacimiento de artworkers y propuestas que pongan otra vez patas arriba los entornos. O quizás estamos ante un cambio de paradigma que haga de la personalización algo exclusivo, café para los muy cafeteros.
[…] reflexionar sobre el artwork en Linux con la anterior entrada, estoy decidiendo qué nuevo camino tomar en esa actividad. Ser diseñador amateur es algo que me […]
Me gustaMe gusta
[…] ¿Un aburrido quizás? Pues diría que no. Creo que después de muchos años personalizando y diseñando mis propias cosas para el escritorio he visto que GNOME me ofrece lo que siempre busqué. En su momento usaba KDE y era obligatorio […]
Me gustaMe gusta