Siempre que hablo de alguna pequeña aplicación para GNOME suelo recomendar la instalación con Flatpak. Y es que este formato se ha convertido en el mejor para obtener todas esas pequeñas utilidades, asegurándonos el funcionamiento universal y un mantenimiento directo por parte del desarrollador. Como punto adicional está la seguridad gracias al sistema de contenedores. Sin embargo hay que ser consciente de lo que supone para nuestra distro y cómo puede afectar si no balanceamos su implementación.

Empecé a ser usuario de Fatpak con Arch, cuando migré casi todo lo de AUR a ese nuevo formato, buscando actualizaciones más rápidas y prescindir de empaquetadores externos. El resultado me gustó y fue un motivo para escoger Fedora como segunda distro, ya que se apoya en Flathub para aumentar la librería de software.
Pero no es oro todo lo que reluce: correr aplicaciones en Flatpak precisa de runtimes que ocupan bastante espacio en disco, a veces tienen un peso mayor que en otros repositorios, y por si fuera poco su sistema de funcionamiento hace que la ejecución sea más lenta y consuma recursos extra. Sólo hace falta comparar la misma app en una instalación clásica versus una en Flatpak: la velocidad es más satisfactoria en la primera, y por consiguiente el impacto en el hardware.
Esto choca de frente con todas esas ideas que escribí en Por qué la optimización y el ahorro de recursos sigue importando. A fin y al cabo no deja de ser lo mismo: facilidad de implementación a cambio de más hardware. Conlleva básicamente los mismos resultados, dando a luz sistemas más densos que se comen ese estilo ligero característico de Linux. El precio a pagar por la comodidad para todos.
Soy consciente de la tesitura que implica. Es un medio perfecto para apps pequeñas, pero no para elementos grandes como navegadores web o programas ya de por sí exigentes. Los sistemas y aplicaciones principales no deben montarse desde contenedores o acabará ocurriendo desastres como el de Ubuntu y su Snap —competencia directa de Flatpak— o el de Docker.
Tampoco debemos ser conformistas y creo que es buena idea exigir mejoras constantes en el funcionamiento y tiempos de ejecución, es decir, una optimización progresiva. No se puede pedir peras al olmo, pero sí al menos cierta ambición que no deje a Flatpak como un problema futuro debido a su impacto en los requisitos. Y, por supuesto, hacer un uso responsable de esta tecnología para no terminar con un sistema pesado.
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Totalmente de acuerdo , en mi caso solo uso dos flatpak steam y lutris, por lo demás paquetes deb ya que uso Debían 12 , con temas como este soy de los que no están a gusto con el camino que se está tomando en Gnu/Linux, como vamos en el tema de requisitos y usos de recursos no habrá diferencia entre sistemas propietarios y Gnu/Linux, además flatpak en términos generales no es una solución a los supuestos problemas de la paquetería tradicional, si quieren tener las cosas como en windows o macOS que usen estos sistemas y ya.
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Exacto, es un método bueno para aplicaciones pero no creo que mucho más. Al final el tema de las dependencias sigue siendo lo más importante, y Flatpak únicamente ofrece runtimes que a veces duplican partes del sistema.
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[…] Flatpak nos ha dado muchas alegrías tampoco debemos obviar aspectos que merecen ser gestionados. Por ejemplo qué runtines tenemos, cuánto ocupan y si están fuera de mantenimiento. De igual […]
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