«Twisting the strangle grip won’t give no mercy, feeling those tendons rip torn up and mean»
¿Qué es heavy metal?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es heavy metal? ¿Y tú me lo preguntas? THIS – IS – THE – PAINKILLER!!!.

Bajo esta maravillosa portada exudando macarrada por encima de sus posibilidades se esconde uno de los mejores discos de metal. Jodidamente enérgico y rápido, disparando riffs que le harían sangrar los dedos a cualquiera, Painkiller (1990) fue alucinante en su momento y sigue siéndolo hoy.
Una de las motivaciones de Judas Priest para este disco fue superarse a sí mismos, aunque siempre pensé que de alguna forma el intento de suicidio del vocalista Rob Harfold tuvo bastante que ver —fue a base de pastillas, y «painkiller» es la denominación inglesa para los analgésicos—.
Harfold no había pasado buenos momentos y sufría mucho por sus adicciones y su homosexualidad. Hay que verlo con los ojos de esa época y el contexto donde se movía. Ese tío había convertido el leather en un icono del rock ampliamente imitado, pero la presión que sentía lo llevó a querer quitarse la vida en 1986. Tras un par de trabajos, limpio, recuperado y entrado en la nueva década vomitó en este disco toda su rabia… ¡y qué bien le sienta! Nada impidió que se convirtiera definitivamente en el Metal God para el público y la industria.
Creo que incluso para el que lo escucha es un disco terapéutico, casi catárquico debido a la potencia que desprende en sus 10 canciones originales. Un elevador de ánimo natural con el que desearías quemar todo con un lanzallamas. Bueno, si eres un poco más pacífico también vale hacer air guitar e imaginar que tienes melena.
Prepararos para reventar los oídos con auriculares, o los cristales de casa con los altavoces. También puede reventar neuronas de reguetoneros. La canción homónima Painkiller empieza el álbum con una brutales baterías y platillos, desplegando una letra sobre la destrucción a manos de la criatura mecánica que decora la portada, como si fuese el nuevo jinete del apocalipsis. Un torbellino de decibelios que no se detiene según continúa la colección.
Ya sea con All Guns Blazing, Leather Rebel, Metal Meltdown o Night Crawler no hay descanso ante la velocidad tan destacable y una técnica que queda fuera de toda duda. Atentos a un Halford que se deja la voz en cada una de ellas.
Si acaso podría decirse que Hell Patrol, Between the Hammer & the Anvil, o A Touch of Evil son menos rápidas, pero aún así mantienen ese nivel tan alto. Sobre One Shot at Glory tengo algo que decirle a los amantes de los videojuegos: la canción de Storm Eagle en Mega Man X (SNES, 1993) le debe algo…
En las nuevas ediciones se añade la balada Living Bad Dreams y una versión en directo de Leather Rebel, pero creo que son totalmente prescindibles. Me quedo con el lanzamiento original.
Canción recomendada
¿Cuál escoger? Venga, me animo con All Guns Blazing porque la primera vez que la escuché pensé «¿qué puta locura es esta?»
Hola!
De verdad que este artículo me ha pillado con el paso cambiado! No te creía seguidor de grupos de Metal. Yo conocí a Halford y compañía por mi hermana, que se compró el mítico British Steele y el Screaming for vengance. Esos discos me gustan mucho junto con el Sad Wings of Destiny.
No soy exclusivamente metalero, nunca lo fui, ni me gustan los «aspavientos» en los grupos, pero esos discos tienen temazos imprescindibles. Aún me sorprendo de vez en cuando tarareando el riff de Braking the law… 🙂
Saludos!!
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Soy una amalgama curiosa de gustos musicales, pero no sigo especialmente el metal. Dentro del rock hay cosas que suelen atraerme más. Eso sí, admiro toda esa «mitología» que se forma en el género y me parece divertida. 😀
Judas Priest tiene discos muy buenos y con portadas preciosas (desde el año 78 hasta el 90) que quedan genial en cualquier colección. Creo que fueron un aliciente para escucharlos, de hecho. Painkiller no es la que más me gusta pero sí lo considero mi disco favorito de ellos.
Un saludo!
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