«We are the jet set society, we are the jet set and that means liberty»
Quedan escasos meses para que este álbum de enigmática portada cumpla 40 años. Lanzado en un efervescente 1984 donde los sintetizadores dejaron claro que eran los protagonistas, resultaba difícil destacar cuando la música europea estaba centrada en Gran Bretaña. Sin embargo desde Alemania se descubriría uno de los mejores discos de synthpop jamás concebidos: tan alineado con la moda y al mismo tiempo tan distante de ella, Alphaville —que tomaron su nombre de la película de Jean-Luc Godard— haría su debut con Forever Young por el cual serían recordados gracias a su canción homónima o Big in Japan. Pero, ¿y si digo que para mí lo mejor viene con todo lo que le rodea?

Por aquel entonces el país germánico daba los últimos coletazos en su caótica historia dividido en dos sectores, el occidental capitalista y la dictatorial RDA, donde ese crisol cultural y político dejaría grandes influencias en la juventud, especialmente en Berlín donde se encontraba su famoso muro de separación. La parte occidental gozaba de un sentimiento de libertad y conexión con el mundo que contrastaba con su otra mitad.
Este disco, en muchos aspectos, encapsula esos aires de novedad y éxito económico de la zona oeste. Desde sus fabulosos sonidos hasta algunas de sus letras, parece una carta de amor a lo que podía gozar una parte de Berlín. A veces es crítico y otras parece querer evadir la tensión del país, una sombría dicotomía edulcorada con ritmos bailables y tecnológicos donde no deja de vigilar la incertidumbre.
El rostro de la portada pertenece a una estatua del barrio residencial de Barmbek, Hamburgo —hecha entre 1927 y 1929 por el escultor expresionista Richard Kuöhl—. La citada obra se ha convertido en un lugar de peregrinación para muchos fans del disco y de la banda, donde se pasean por el barrio con el objetivo de encontrarla.
Recuerdo conseguir este disco de chaval en El Corte Inglés de León, en uno de los viajes familiares por Navidad. Lo conocía de oídas y la canción Big in Japan me gustaba. Un día fui de paseo solo por la ciudad y me metí en el centro comercial para bucear en la sección de música, y me alegré de encontrar este CD entre otros que por supuesto compré y aún conservo. Pierdo la cuenta de los cientos de veces que lo escuché mientras jugaba mis partidas de Age of Empires II.
Me encanta este álbum, tiene un grandísimo puñado de buenos temas muy variados. La supuestamente romántica A Victory of Love se levanta desde un ambiente sombrío y unos bombos potentes que contrastan con su letra a veces pesarosa, a veces esperanzadora.
Summer in Berlin es de mis favoritas cantando al verano en la saturada, calurosa y urbana ciudad de Berlín. Un sonido precioso con cierto aire melancólico, tranquilo y bailable al mismo tiempo donde hay continuas referencias industriales del país.
Big in Japan supuso uno de sus mayores éxitos pero la tengo tan quemada que ya casi ni llama mi atención, aunque su estilo reconozco que es muy atractivo. To Germany With Love tiene un lado enigmático con sus sonidos de peli de terror, su letra sarcástica sobre la influencia soviética y la idea de una nueva Alemania entre guerras. En su parte final, antes de terminar, puede escucharse unas notas de la Serenata Nº 13 de Mozart.
Ese tipo de ideas se repite en la fantástica Fallen Angel, donde a veces da entender algún tipo de romance con una espía o un símil parecido. No es la primera vez que veo esa sensación de desconfianza por si intimabas con alguien que no debías…
La canción que da título al disco, Forever Young, es una balada que de tanto escucharse por ahí ha perdido el significado original. No es ninguna canción de amor o canto banal a la juventud, sino que canta a un sentimiento de pesar y esperanza ante las amenazas de la Guerra Fría. Su letra antibelicista hace alusión a la bomba atómica y cómo todo terminaría con ella, deseando que nunca ocurra y que «les deje vivir para siempre». Echadle un vistazo a la lírica para que lo que transmite, tanto la canción como el disco, cambie al contexto adecuado.
Continúa la temática con In the Mood donde no parecen deshacerse de ese tipo de letras un tanto opresivas. De Sounds Like a Melody podemos esperar algo similar aunque esta vez nos encontramos ante un instrumental sublime que brilla con sus baterías y, sobre todo, la extensa parte acelerada y sin voces que empieza desde la mitad de la canción hasta su final. Una joya y uno de sus mejores temas, sin duda.
El broche final lo ponen dos canciones unidas entre sí con un aire más despreocupado pero con un trasfondo de libertad, asociadas irremediablemente a la cultura de clase media. Lies a veces parece que tiene un doble rasero respecto a ese clima capitalista y el mundo de la música, mientras que la preciosa The Jet Set va más allá y parece comparar la vida con una película, casi sintiendo compasión por los rusos. Shine on, society! Shine on, liberty! Shine on, luxury! Un final simplemente perfecto con esos coros aderezados con la batería electrónica Simmons. Atención a su videoclip tan ochentero mostrando una versión diferente e incluso un fugaz e irónico retrato de Lenin.
Canción recomendada
Mi corazón está dividido entre Summer in Berlin, Sounds Like a Melody y la optimista The Jet Set. Las tres me parecen maravillosas para adentrarse en el lado más desconocido y fabuloso de este disco.