Los metadatos están compuestos por toda la información extra de un archivo que detalla ciertos aspectos del mismo. Pueden ser rescatados para usar cuando se requiere, como agrupar los archivos de manera coherente o reconocer ciertas configuraciones. Por ejemplo, gracias a los metadatos, nuestra colección de música local ayuda a los diferentes reproductores: con ellos reconocen el disco, el artista, el número y título de las canciones, el año de lanzamiento, etc. Esto también ocurre con otro tipo de archivos, como las imágenes, que pueden contener información sobre el autor, la cámara, distancia focal o parámetros de color y luz, facilitando las tareas de edición.

El problema reside en que son «invisibles» para los ojos de los usuarios. Más allá de ciertos beneficios, nuestros archivos pueden contener una gran cantidad de metadatos sensibles para el rastreo, o para conocer detalles sobre nosotros y nuestros dispositivos. ¿Recordáis el ejemplo de las imágenes que he nombrado en el párrafo anterior? Pues con la llegada de los smartphones esto se ha complicado aún más: las fotos suelen contener datos GPS y otros que permiten la geolocalización. Esa información es usada por las aplicaciones de galería e historial de lugares, pero entraña un riesgo más que evidente cuando sale de nuestros dispositivos.
Cuando subimos archivos con metadata a sitios como redes sociales, por norma general los propios servicios borran esas trazas para no ser mostradas al público, aunque los servidores suelen indexarlas. Si bien existe cierta protección, esto no elimina el problema de que las empresas manejen datos tan sensibles sobre nosotros, ni reduce las posibilidades de que puedan ser capturados a través de un hackeo a la plataforma. Por eso lo más sensato es eliminar los metadatos de manera local, antes de compartir algún archivo en la Red.
Por suerte, en Linux existen varias soluciones al alcance de cualquiera. Podemos usar una aplicación con interfaz gráfica como el completísimo Limpiador de Metadatos (Metadata Cleaner), hecha para el escritorio GNOME. Sin embargo, su desarrollo está en standby hasta que alguien recoja el testigo de su mantenimiento (o aparezca algún fork). Esta app aún puede encontrarse en Flathub o los repositorios de nuestra distro.
También tenemos algunas opciones para consola, mucho más livianas y socorridas. Por ejemplo podemos usar mat2, que es el motor sobre el cual se construyó Metadata Cleaner. mat2 soporta una gran cantidad de tipos de archivo, convirtiéndolo en una herramienta versátil. Debemos tenerlo instalado en nuestra distro, y para borrar toda la información sobrante simplemente ejecutamos:
mat2 nombredelarchivo
o también
mat2 ruta/del/archivo
En algunas distros existe también el paquete mat2-dolphin, que lo integra en un menú contextual del explorador de archivos de KDE, Dolphin. Supuestamente hay una extensión similar para Nautilus de GNOME, pero no he encontrado el paquete.
Si queremos centrarnos específicamente en las fotos, una herramienta muy recomendable es exiv2, también para usar en la terminal. En este caso podemos ejecutar el comando de formas como esta:
exiv2 -d a nombredelarchivo
o incluso el radical
exiv2 rm nombredelarchivo
En ambos casos también funciona si especificamos la ruta del archivo.
Pero teclear nombres o rutas enteras a veces se vuelve incómodo, y por eso yo prefiero reservar una carpeta vacía en mi /home para meter ahí los archivos a los que quiero borrarles el rastro. De esa forma solo tengo que abrir una terminal en ese directorio y ejecutar:
mat2 *
o su equivalente
exiv2 rm *
El símbolo asterisco es un comodín, y la consola entenderá que debe borrar los metadatos de todo lo que haya en la carpeta. Esto lo vuelve muy cómodo si queremos limpiar de golpe un montón de material.
Más:
[…] tras ese pequeño inconveniente todo fue sobre ruedas. Eso sí, también tuve que sacrificar la app Metadata Cleaner y sus librerías, ya que se mostró un mensaje avisándome de que no era compatible con Fedora 43 y […]
Me gustaMe gusta