¿Una tarea pendiente dentro del software libre?
Los usuarios de Linux y software de código abierto estábamos acostumbrados desde hace años a usar multitud de hardware, programas y servicios diferentes. Las razones van desde la propia pluralidad de ese ámbito hasta la curiosidad, el apoyo a plataformas libres y la privacidad. En los últimos años, con la explosión de las redes sociales, la web masiva y sus consecuencias en la sociedad (especialmente relacionadas con el estrés), me he interesado por cómo lidiar con toda esta vorágine de gadgets, hiperconexión y exceso de uso, tomando el camino de eso que algunos llaman “minimalismo digital”.
A mediados de los 2000 yo era de esos que tenía varios ordenadores, todos con distribuciones Linux diferentes e incluso mis archivos desparramados entre ellos. La solución a ese caos distrohopper fue tan simple como elegir un entorno y una sola distro que me ofrecieran la funcionalidad deseada, así como usar un solo equipo. Me decanté por los portátiles aunque tuviesen ligeros inconvenientes (que con los años se solucionaron), Arch como distribución para estar siempre actualizado y escritorio GNOME por puro gusto. A todo esto le siguieron la elección del correo electrónico, la nube y todo lo que hacía falta en línea. Fui encontrando mi combinación favorita, pero tuve que pasar por el aro de ciertos servicios, compañías y políticas de tratamiento de datos.

El auge de los smartphones no hizo más que complicar todo en cuanto me vi lleno de apps, muchas de ellas necesitando registro de usuario. Ante tal situación he acabado en un terreno donde uso mi PC con Linux como siempre, pero soy ser fiel a los Google Pixel por comodidad. Lo mismo he podido ver en colegas que han llevado un camino similar pero apostando por iPhone, lo que para muchos supone una contradicción. Aunque parezca mentira, nada de eso ha supuesto una falta de compromiso con nuestras ideas originales.
Intentar trasladar el uso que hacíamos del PC con software libre al smartphone no es nada sencillo, no hay alternativas prácticas. La mensajería, las redes sociales y muchos servicios populares hacen imposible, al menos de momento, un uso 100% alternativo pero que sea útil y compatible con la mayoría de la gente. Los proyectos libres se dedican a alternativas no aceptadas aún masivamente, aparatos caros, redes sociales contestatarias que no consiguen cuajar o proyectos que se hacen eternos.
Montar tu propio servidor en el que alojar servicios como el correo o tener almacenamiento en la nube es una inversión de dinero, conocimientos, tiempo e incluso mantenimiento que solamente los más hábiles se pueden permitir — la mayoría siendo profesionales en el ámbito informático — .
Sin alternativas prácticas no nos podemos permitir un uso todavía más exagerado de tecnología en nuestra rutina, porque decae la experiencia, el soporte y la comodidad, además del tiempo que nos consume. Produce hastío tener muchos programas de software, plataformas y servicios aunque éstos sean libres. Una idea de minimalismo digital en ese ámbito es necesaria.
El camino y la solución no son fáciles, pero podemos usar lo mainstream para seguir compartiendo conocimientos, apoyar proyectos y allanar el camino a cosas que fomenten el software libre, la privacidad, los estándares, la sencillez de uso y la reutilización de hardware. Si no podemos cambiar las cosas desde fuera por ahora, intentémoslo desde dentro, abrazando una razonable comodidad que nos permita tener un respiro para levantar los ojos de las pantallas y dedicarnos, sencillamente, a vivir la realidad.
*Publicado originalmente en Medium el 21/02/2023.
Corregido y mejorado para este blog. El texto original era un auténtico desastre de borrador.
Revisado en mayo de 2025.