El otro día vi un fantástico video de Doctor Andergraun que trataba sobre la infancia en los 90, y no pude sentirme más identificado. No sé si es la consciencia de que todo ha cambiado mucho en muy poco tiempo o que en escasas semanas cumplo 35 años, pero desde luego no es un sentimiento aislado dentro de mi generación. Los millenials, aquellos que nacimos entre los 80 y los 90, somos los últimos que han visto el mundo sin conectar, que han vivido entornos sociales diferentes, que conocimos lugares antes de la masificación del turismo, que hemos experimentado la tan sana espontaneidad… y los que hemos visto cómo el silicio lo cambió todo. Internet es el nuevo fuego, el nuevo descubrimiento de América: la luz que cambió las cosas y lo que nos acercó. También lo que nos alejó más que nunca, contra todo pronóstico.

A pesar de ser un fanático de la tecnología y un auténtico viciado del internet primigenio, no estoy convencido de que su evolución hiciese gran favor a mi vida. Me temo que tampoco a la de muchos otros, a raíz de cómo está el tema con la polarización y los rollos mentales de la gente. Que un ordenador en la mesa fuese la ventana que se conectaba al mundo lo hacía más físico, un lugar en el que dedicarte en cuerpo y mente a navegar antes de apagar la máquina. Como en las cabinas telefónicas, te hacía más consciente del uso e intentabas no desperdiciar tiempo en banalidades. Ahora con los smartphones se ha convertido en un vicio casposo y omnipresente, que desconecta de la realidad a millones de personas y que flaco favor le hace a aquellos que intentamos ponerle límites.
Todo ha cambiado, y a no ser que haya un nuevo paradigma o un cataclismo no volveremos a ver el mundo como era antes. Se acabó la tranquilidad real, la intimidad, el control de nuestras vidas por medios propios. Si la borrachera de la hiperconexión no nos hace vomitar, probablemente acabemos en coma etílico. ¿Adónde iremos? ¿La chispa de la sencillez se opacará entre tantos flashes? ¿Qué haremos a título individual para evitarlo? No tengo ni la menor idea, solo sé que cuanta más tecnología digital hay en la vida más intento reservarla para cosas que considero justificadas. El lema «high tech, low life» ya se hizo realidad.
En el futuro, todos serán mundialmente famosos durante 15 minutos.
— Andy Warhol