Jose Alcántara en La sociedad de control (2008), punto 5.9.3:
Aunque es una batalla que aún hay que terminar de ganar, el software libre ha impuesto su modelo y dispone de las armas adecuadas (ingentes cantidades de programadores que trabajan en un modelo de desarrollo optimizado) para imponer el modelo de libertad frente al modelo restrictivo de la industria del software privativo. Es precisamente por esto por lo que la industria promueve un nuevo giro: la migración desde el modelo del software en el escritorio al software en la web; un cambio de escenario tal, que el software libre vuelve a estar en desventaja. En los últimos tiempos existe una gran tendencia a trasladar servicios de escritorio a la red. Ofimática, agenda, gestión de fotos, de marcadores, notas y listas de tareas, todo puede realizarse en la red. Y ello se debe a que en este entorno las compañías pretenden recuperar el control sobre el código de las aplicaciones y, lo que es aún más interesante y preocupante, sobre los propios datos de las personas que utilizan sus servicios.
(…)
El problema de migrar las aplicaciones a la web reside principalmente en tres puntos: se crean problemas de privacidad (algo que ya hemos mencionado) que hay que evaluar debidamente para saber cuándo se aceptan, al usar el servicio otorgamos al proveedor enormes cantidades de información personal para uso comercial cuyo valor es altísimo, y se crean relaciones de dependencia respecto del proveedor.
En los últimos años hemos asistido a una centralización sin precedentes de los servicios web. Ahora no sólo dependemos más que nunca de determinadas empresas tecnológicas, sino que además se nos ha vuelto casi imposible escapar. Antes tener un correo u otro era casi irrelevante más allá del gusto personal. Parece que ahora sin Gmail uno está perdido, ya que es la llave de los servicios de Google pero también de otros ajenos. Muchas webs se han fusionado con las apps y viceversa, haciendo a los usuarios dependientes de aplicaciones oficiales. Incluso un concepto tan universal como «video en internet» ya se asocia directamente a YouTube.
Pensar que el software libre tiene que afrontar una batalla con esos términos se hace complicado, no hay una estrategia clara, no es lo mismo que competir en los ordenadores. Estamos hablando de plantarle cara a una forma de entender internet que ya goza de un arraigo colectivo, muy difícil de romper si no sucede algo que cause un volantazo. Siendo el smartphone la pieza de hardware que aceleró ese proceso, ¿es lo que nos falta por conquistar? ¿Será la gente (y la industria) capaz de desvincular el concepto «smartphone» de un SO y ecosistema por defecto? ¿O acaso el quid de la cuestión es otro?
[…] Software libre, web, tecnológicas y desventajas […]
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