La inteligencia artificial no cambiará (casi) nada

Conjeturar sobre temas que ocurrirán en el futuro es complejo, pero siempre hay detalles a analizar que pueden darnos pistas sobre si ocurrirá una cosa u otra.

Debo ser una persona relativamente poco impresionable con la inteligencia artificial. Ojo, no digo que sea una basura, sino que encuentro sus resutados bastante mediocres en muchos casos y con una fama sobredimensionada. En los que son dignos de mención suele haber una persona detrás que ha detallado todas y cada una de las variables, a veces tras varios intentos hasta dar con el mejor resultado, o bien auténticos experimentos que no estarán al alcance de cualquiera siendo carnaza de regulaciones burocráticas.

La «entrevista» que le hice a BAI Chat por ejemplo está llena de generalidades, redundancias y opiniones tan correctas como neutras. Creo que es un mal post porque, justamente, no pude hacer un cribado del contenido con el fin de exponer los resultados reales. Eso sí, en algunos aspectos dio información útil en la cual pensar… pero de eso se trata una IA, ¿no? Se supone que es una herramienta para automatizar trabajo, acceder rápidamente a datos y consultar opciones. Nada que no haya planteado el ser humano a lo largo de su historia con todo tipo de métodos informáticos que le ha facilitado tareas, desde los lenguajes de alto nivel para programar hasta los algoritmos de las plataformas online supuestamente beneficiosos para arrojar resultados específicos en tus gustos.

Internet y la opinión pública arde con las IAs: que si suponen el fin de la creatividad, que si van a dejar a la gente sin trabajo, que si hay que detener su progreso, que si nos destruirá… Desde luego algo tan potente tendrá utilidades cuestionables en el ámbito científico, político y militar, y supondrá un cambio de paradigma en muchos aspectos a nivel laboral. Voy a exponer, espero que sin liarme demasiado, qué supone la irrupción de una tecnología cuyo nombre le queda algo grande. Sinceramente no creo que vaya a ser para tanto como se vende, y aquí justificaré los motivos de esta impopular opinión —además será parte de la hemeroteca para comprobar en el futuro si me equivoco—.

Índice

  1. El shock y la rutina posterior
  2. La creatividad es orgánica, no artificial
  3. Trabajos rutinarios y programación
  4. Búsquedas, servicios web y «productividad»
  5. Su lado oscuro, la ley y los servicios de inteligencia
  6. Conclusiones

1. El shock y la rutina posterior

Descubrir de repente que había una tecnología como la IA, con una velocidad de maduración tan acelerada, ha creado en todos nosotros una sensación de asombro que, sin embargo, irá diluyéndose poco a poco. Una vez acostumbrados a su uso en diferentes ámbitos dejaremos de darle la importancia actual. Eso ha ocurrido con cualquier tecnología, especialmente digital y relacionada con internet. Podríamos enumerar muchos casos donde el impacto de algo novedoso provoca reacciones que se disipan y transforman en otras cosas a medida que aumenta nuestra exposición.

Uno de los aspectos más fascinantes del impacto de la IA en la sociedad es atribuirle una especie de semi-consciencia, algo muy lejos de la realidad: no es más que un script muy complejo, un código que encuentra patrones, los guarda y aplica posteriormente con un lenguaje accesible. Para eso remito a un excelente vídeo de Nate Gentile donde le lleva casi una hora explicar todos los entresijos del funcionamiento de ChatGPT. Creo que arroja un poco de cordura en esta vorágine, desmitificando la omnipotencia que se le atribuye repleta de fallos lógicos y lagunas de conocimiento que sólo convence a despistados y personas con bajos conocimientos sobre el tema de consulta. A veces, incluso, la forma de plantear la pregunta cambia totalmente el resultado. Los que hayáis trasteado con estas tecnologías sabréis a lo que me refiero: hace falta tener conocimientos previos y un par de dedos de frente para que no nos den gato por liebre. Realmente siempre ha sido así, nada nuevo bajo el sol. El diablo está en los detalles.

2. La creatividad es orgánica, no artificial

Internet y Wikipedia ya fueron tema de debate porque se decía que los estudiantes copiarían para no hacer sus deberes y trabajos. ¿Ha ocurrido? Sí. ¿Ha sido la hecatombe que rompió el sistema educativo? A juzgar por la cantidad de suspensos que sigue habiendo, diría que no. Si un alumno copia y pega algo de internet es relativamente fácil saberlo a no ser que haga un cribado de la información y ponga algo de su parte… parece que es justamente lo mismo que se debe hacer cuando alguien usa una IA, a no ser que queramos el pastiche completo y con incoherencias. Y, sobre todo, la guinda está en el individuo y su toque personal. Con virtudes y defectos, todos tenemos algo único que hace a las creaciones especiales. Ya sea una emoción, una cultura detrás fuertemente ligada a nuestra personalidad o una abstración intuitiva. Es ese pequeño detalle que nos hace distinguir entre la copia mediocre y, por ejemplo, el homenaje o las influencias. Es por eso que prácticamente todo es un remix a los que el toque personal ha hecho únicos en muchos casos.

Bucead en cualquer banco de imágenes generadas por IA: parecen casi prototípicas, muchas de ellas una suerte de collage onírico. ¿Y sobre las impactantes imágenes hechas con Midjourney? Bueno, parémonos a pensar un momento: ¿acaso no es Photoshop una herramienta accesible y potente para editar imágenes como nunca antes? Photoshop ha sido la herramienta que más ha deformado cuerpos en redes sociales hasta el punto de generar problemas de autoestima en Instagram, y sin embargo necesita un usuario competente detrás que conozca técnicas de manipulación de imágenes para conseguir resultados buenos y creíbles. ¿Pensáis que las impresionantes imágenes por IA no necesitan a una persona con serios conocimientos de parámetros, así como nociones de fotografía y similares? Dicho de otro modo: esos resultados no están a alcance de cualquiera. La creatividad y experiencia son propias de humanos porque necesitan de pequeños detalles acumulativos que los hacen verosímiles. Cabría plantearse con ello si no llegará también a la inteligencia artificial el valle inquietante, donde el subconsciente primitivo nos dice que estamos ante algo irreal, cultivando un sano escepticismo. Por el contrario con la gente crédula no podremos hacer nada: seguirán siendo crédulos con o sin material generado por IA, ya sea éste verdadero o falso, porque ya les pasa con Photoshop o similares.

Lo mismo ocurre con las canciones que imitan estilos concretos de grupos concretos: prestando atención podemos intuír de dónde ha sacado la IA los patrones y cómo ha jugado con ellos para crear esa «ilusión». Quizás el video que mejor puede ilustrarlo es el de ShaunTrack construyendo una canción de Nirvana con ChatGPT. Si alguien es fan de la banda sabrá identificar con facilidad de qué canciones ha sacado la IA diversas progresiones, arreglos y riffs. Pero es que la música «automática» realmente tampoco es nueva. Sus raíces está en la música generativa, donde la programación deja las puertas abiertas para que la máquina o el software vaya creando patrones «aleatorios» en base a las órdenes dadas. Brian Eno, artista indiscutible y músico muy reputado, la ha usado en multitud de ocasiones y él mismo afirma que los discos lanzados con esa técnica son editados para otorgar cierta coherencia. Vamos, que el humano sigue siendo una pieza fundamental. Y no voy a meterme en cuestiones como el sampling, un tema profundo e interesante a tratar en el tema musical, y que también tuvo sus debates sobre la creatividad, originalidad y los derechos intelectuales que se plantean igualmente para la IA.

3. Trabajos rutinarios y programación

Donde sin duda la inteligencia artificial tendrá un mayor impacto es en el entorno laboral, como cualquier tecnología disruptiva (ya ocurrió en la Revolución Industrial con el ludismo). A día de hoy nadie echa de menos trabajos como lechero, aguador o sereno, por no hablar de los porteros, y la IA sin duda se cargará un buen número de personal que realiza tareas rutinarias y de asistencia técnica, así como gestiones o de programación de código. Es en éste último en el que quizás hay más miedo: después del boom de los trabajos relacionados con informática, es innegable que reducirá la demanda de cierto tipo de programadores. Ahora ellos también tendrán que ser competentes en IA para ahorrar tiempo programando y a su vez corregir e integrar el código que se genere. Va a cambiar el modelo productivo y cuanto antes lo asumamos mejor, trayendo con ello algunos beneficios agridulces en un primer momento. No tengo mucho más que decir al respecto: me parece la evolución lógica para aquellos a los que no podían sustituír máquinas hasta ahora, pero serán sustituidos por un software. Sobre el tema de los derechos de autor o licencia del código generado con IA, es algo que también está sujeto a debate pero tengo mi propia opinión: es una oportunidad para crear más fácilmente software libre o de dominio público, para uso y aprendizaje. Ahí lo dejo caer.

En el sector de la atención al cliente y similares veremos empresas especializadas en IA que venderán sus servicios para generar modelos adaptados a otros negocios, lo que supone un ahorro de costes y tiempo que debería trasladarse al consumidor. Un chat —o incluso una llamada telefónica— que no dependa de una persona en plantilla disponible, donde los diversos trámites empiezan a gestionarse a través de inteligencia artificial para hacerlo más fluido.

4. Búsquedas, servicios web y «productividad»

Si algo ha demostrado el nuevo Bing y sobre todo Google en su I/O ’23 es que sin duda la inteligencia artificial es un paso lógico de los actuales algoritmos de búsqueda, ya que no deja de ser uno de ellos en cierto modo. La personalización de los resultados va un paso más allá, brindando resúmenes de información o listas de productos que estamos buscando para comparar y obtener. Sobre su integración en la ofimática me parece más de lo mismo llevado al terreno de, por ejemplo, las presentaciones: si antes usábamos clip art o imágenes sacadas de internet para ilustrar nuestras diapositivas, ahora serán generadas con IA. En todo lo demás podemos ver que el viejo sistema de plantillas ha sido desplazado por contenidos autogenerados, en cierta forma prototípicos y correctos. Ya sea en el correo electrónico, en la creación de tablas Excel o currículums.

Los sistemas de predicción de los teléfonos se verán potenciados en la misma línea, con lo bueno y con lo malo. El único aspecto dudoso que veo es el siguiente: si dejamos que la IA genere, por ejemplo, mensajes y respuestas para nuestros mails o chats, ¿cómo sabremos si realmente estamos hablando con la persona? ¿Cómo aseguramos que una sucesión de mensajes automáticos expresen exactamente lo que uno quiere y no propiciemos un efecto de teléfono escacharrado? La vagancia podría ser un arma terrible si dejamos que la IA haga muchas cosas que nosotros deberíamos gestionar personalmente para no perder esa calidez humana, ya desgastada por la interacción que supone el uso de redes sociales (que a menudo tienen poco de red y poco de social).

Con ese panorama estamos a las puertas de una web todavía más automática y aburrida. Si las técnicas de SEO y el posicionamiento en buscadores han sido corrompidos para volverse el coñazo más absoluto, ¿quién nos dice que empresas como Google no facilitarán ciertos resultados con otras técnicas o mediante pagos publicitarios? ¿Quién asegura que las búsquedas con IA sean neutras más allá de su corrección política? Si esos modelos ahondan todavía más en la personalización, estamos ante un aumento de las cámaras de eco donde el cribado de información se hace en base a nuestros perfiles de comportamiento y consumo. Es decir, el sistema de algoritmos actuales tras un maquillaje de asistente virtual que parece darnos las respuestas más apropiadas. Buscar en la web cosas de manera manual para asegurar las fuentes, la pluralidad y la exploración será el futuro de la gente apañada e intelectualmente autosuficiente. Suena algo clasista pero no creo que me equivoque mucho.

5. Su lado oscuro, la ley y los servicios de inteligencia

La inteligencia artificial tiene un potencial que podríamos tildar de destructivo, no tanto por esa supuesta semi-consciencia que muchos le atribuyen sino porque, justamente, le otorga ciertos super poderes a personas normales y corrientes. La detección de caras y patrones, así como muchas herramientas potentes que quizás aún no conocemos por suerte no estarán fácilmente disponibles, estando reguladas por ley y limitadas a servicios estatales como policía y servicios de inteligencia. El único problema aquí es que toda esa potencia podría suponer un nuevo peldaño en la monitorización de la población, siempre con la excusa de la seguridad, y que podría ser usado para otros fines tanto por las autoridades como por gente ajena con acceso a dicho software. Será complicado no parecer un conspiranoico en cuanto sepamos hasta qué punto esas herramientas pueden ser efectivas. Por ejemplo, un experimento supuestamente serio dice haber conseguido replicar la visión de una rata reinterpretando su actividad cerebral. ¿Hasta qué punto es real o posible? ¿Será fácil hacerlo más allá de los laboratorios? ¿Qué consecuencias tendría su uso?

También deberíamos hablar de deepfakes y similares, cuyo uso continuado sería un shock en según qué circunstancias. No me cabe duda que tendrá su auge en campos como la pornografía, pero las puertas están abiertas a multitud de opciones. Sin embargo, como ya dije, dudo mucho que la potencia de ciertas herramientas terminen por ser fácilmente accesibles al suponer un problema de seguridad ciudadana y jurídica. Es más que probable que en los siguientes años veamos paulatinas regulaciones que limiten de alguna forma su aplicación. Una prohibición total de la IA no es realista, y ésta no se detendrá por mucho que un sector de la población esté de acuerdo; sería como ponerle puertas al campo. Por otro lado están las inteligencias artificiales «éticas»: ¿cómo aseguramos que lo sean, y bajo qué criterios si una máquina no posee la abstración de ese concepto?

6. Conclusiones

Mi conclusión es que el mundo no cambiará tanto en el día a día, no es la revolución popular que se sugiere ni el surgimiento de Skynet. Tarde o temprano las IAs más potentes serán un modelo de negocio donde habrá que pagar por su uso o licencia, e incluso identificarse con documentos como ha pasado con las criptomonedas, cosa que limitaría el uso fraudulento. Y lo mismo para determinadas cosas orientadas al usuario común: que a nadie le asombre si empiezan a surgir suscripciones en los servicios ofrecidos por las compañías. De hecho ya empiezan a aplicarse, cosa que es lógica, para no sobrecargar los servidores y recuperar la inversión inicial en I+D.

Por otro lado tenemos las IA que vayan surgiendo de modelos de código abierto, accesibles a todos, y que sí plantean algunos problemas que tocan el mundo empresarial. La propia Google ha admitido que tanto ellos como OpenAI a largo plazo están en desventaja respecto a los productos surgidos del código abierto y el software libre. Ahí tenemos que puntualizar una vez más que «abierto» o «libre» respecto al código no quiere decir que sea bueno en sus resultados o aplicación. ¿Es, por tanto, la IA de código abierto el principal problema del futuro respecto a esta materia?

Sólo nos queda observar el panorama y cómo evoluciona. Cómo poco a poco nos acostumbramos a ver IA en muchos productos, y cómo empresas y usuarios la rechazarán por convicciones o razones ideológicas personales. El mundo tendrá que adaptarse, sí, pero la aplicación de esta tecnología al gran público vendrá en pequeñas chorradas. Para todo lo «potente» habrá que pasar por caja, tener un buen puesto en la administración o ser un delincuente. No confiéis tanto en la IA porque no deja de ser una tecnología más tonta de lo que parece: desconfiad de la persona que la maneje, como siempre ha sido.

La ilustración del artículo fue generada con Imaginer, inspirada en Blade Runner (un guiño a «Entrevista a una IA»). No quedó mal, ¿eh?.

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