La última semana ha sido un poco intensa en el trabajo, así que he acumulado un poco más de estrés. Por suerte la fórmula para combatir eso es bastante fácil: desconectar cuando se dispone de tiempo libre. En esos momentos limito el uso de internet y cualquier cosa de ese tipo que produzca estimulación para bajarle revoluciones a la mente y centrarme en el «aquí y ahora». Además por suerte me rodeo de amigos que hacen lo mismo, así que los ratos que pasamos juntos apenas sacamos el móvil para mirarlo. El resultado se nota y consigo tener todo bajo control hasta el fin de semana, cuando puedo descansar como es debido. Funciona.
Supongo que con el tiempo la gente irá dándose cuenta de eso. En momentos así confirmo para mis adentros de que la hiperconexión y el smartphone han contribuído al estrés de todos nosotros. Claro, así estamos como estamos: en una carrera sin sentido donde el FOMO alimenta las ansiedades y exigencias absurdas que campan a sus anchas, incorporándolas a nuestra rutina. Es evidente que un chaval de ahora apenas puede apartarse del móvil e internet cuando, literalmente, su círculo social gira en torno a eso y no han vivido en un ambiente más real. No los envidio en absoluto, de hecho lo lamento por ellos. Muchos adultos también están en la misma situación. Esta perspectiva es la que me hace ser cada vez más crítico con el consumo de redes sociales y el «internet de los algoritmos», una de las razones por las que empecé a escribir este blog para dar forma a tales opiniones. Si no empezamos a promover la importancia de eso en la sociedad me temo que de aquí en unos años aparte de clorar el agua vamos a tener que incorporarle Trankimazin.
Suscribo cada palabra!!
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😀
Gracias por pasarte a comentar!
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[…] aspectos del día a día, ya que tiene una utilidad práctica que me ha permitido simplificar y mantener en orden diversas cuestiones que considero necesarias. Aunque la imagen colectiva de «minimalismo» está […]
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