El uso de las tecnologías de código abierto supone cultivar el conocimiento y la puesta en valor de la libertad individual, lo personal y lo privado, todo ello sin menospreciar lo público y la construcción de una sociedad. El movimiento del software libre, con Linux a la cabeza, ha capitaneado durante décadas planteamientos para un cambio en el modo de producción: el abaratamiento de costes empresariales para grandes y pequeños, el trabajo en línea, el desarrollo de software y hardware a pequeña escala, el replanteamiento del negocio informático, el sistema de normas éticas que rigen los grupos, la documentación abierta, etc. Todo ello derivado de una simple idea: la libertad.
Ha sido la clave que ha llevado a todo este movimiento hacia una autonomía y motivación que pocas veces se ve en otros sectores. El open source está lleno de alternativas con la libertad como pilar y consecuencia filosófica, de hecho muchos forks de proyectos aparecen cuando la disputa sobre la misma toma relevancia. Esta manera de hacer las cosas debería trasladarse directamente a la sociedad promoviendo esos valores para evitar caer en un mundo despótico que toma fuerza a pasos agigantados.
No estaría mal promover la comprensión de las licencias libres. Leer y entender una licencia GPL, MIT o BSD es infinitamente más sencillo y rápido que hacerlo con otras, siendo unas normas fáciles de cumplir porque encajan con un modelo ético y práctico comprensible por muchos. Podríamos decir que GPL, BSD y MIT son las Constituciones que vertebran todo el movimiento del software libre, cosechando derechos de uso y logros como el ahorro o la legítima copia privada. Lo mismo podría ocurrir con las licencias Creative Commons para cierto contenido, un arma poderosa en el sector divulgativo que está poco extendida por desconocimiento y el status quo de la propiedad intelectual.
La cooperación libre y voluntaria supuso un éxito hasta ahora pero está siendo amenazada por la dinámica actual de la web, donde la centralización de las principales plataformas supone estar bajo el yugo de normas que rastrean con lupa y cambian sus términos con demasiada frecuencia. Ya ni digamos cuando eso se junta con el ansia de monetización: si quieres dinero más te vale no cabrear a los anunciantes o no tener un strike por uso de contenido que podría ser reclamado. Los claroscuros de este sistema hace que los creadores cada vez hagan menos de forma libre y altruísta, y ello podría verse potenciado por las búsquedas con inteligencia artificial, como bien decía Ángeles en su blog, lo que apunta a un empobrecimiento del contenido cultural fresco y renovador. Las polémicas con GitHub Copilot o ChatGPT sobre el entrenamiento de las IAs hace sobrevolar una vez más la cuestión del copyright y el uso legítimo de los resultados brindados por éstas, lo que también condiciona la creación.
La libertad de expresión, de uso, de creación, de modificación… esas cuestiones llevan irremediablemente a una libertad de pensamiento y acción, a una adaptación creativa que puede ser la motivación para romper moldes en todos los aspectos. El código abierto y sus licencias son, por tanto, un beneficio personal y social mucho más grande que el simple hecho de usar Linux o esas «frikadas». El contenido despreocupado, que no prioriza el dinero y el posicionamiento/visualizaciones, se vuelve esencial para el inconformismo.
Más: Despotismo vs libertad. ¿Open source solución? | La polilla de Darwin
Muy interesante el artículo y la reflexión a la que invita!
Salud!!
(por mi parte prefiero el término software libre, frente al término código abierto por la implicación ética que tiene)
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Gracias! A mí me gusta usar ambos términos porque los considero complementarios. El software libre implica connotaciones éticas y el de código abierto es más práctico e invita a la reflexión del término.
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