Pocos videojuegos consiguen tocarme la fibra de verdad. En primer lugar porque no todos pretenden hacer algo así, y en segundo lugar porque no conecto con todos los que intentan transmitir algo. Otros sin embargo consiguen atarme un nudo en la garganta nada más ver la intro y conservarlo hasta el final. Este es el caso de Hyper Light Drifter, uno de los mejores indies que ha parido la industria, uno que podría estar en mi ranking personal de los mejores juegos de la historia. Siete años después de su lanzamiento en 2016, la huella que me dejó parece imborrable.

Descrito como una mezcla conceptual entre The Legend of Zelda: A Link to the Past y Diablo, lo cierto es que en poco se parece a éstos más allá de ideas que pudiera tomar. Estamos ante una aventura de acción con toques RPG, no necesariamente lineal, donde contaremos con diverso equipamiento y mejoras a lo largo de la aventura. Mucho de ese material está bien escondido, así que la exploración de los escenarios es un aliciente.
Posee una jugabilidad clásica: los enemigos no tienen inteligencia artificial sino patrones de movimiento, por lo que debemos ser hábiles con nuestro personaje y conocer dichos patrones para atacar en el momento oportuno. La destreza se premia con satisfacción, porque no es raro quedar atascados en algún lugar o batalla hasta cogerle el truco. Sin embargo aunque es desafiante no llega a frustrar, y lo gordo del juego no está en su buen gameplay sino más allá.
Arte por los cuatro costados
Su creador, Alex Preston, quería contar algo profundo. Marcado por la dolencia cardíaca que lo postró frecuentemente en el hospital a lo largo de su vida, hacía volar la imaginación con las películas de Studio Ghibli. Con algunas ideas en mente fundó el estudio Heart Machine (muy apropiado nombre) para lanzar esta propuesta que reventó Kickstarter. Fue uno de esos títulos que demoró años en ver la luz, en parte por la enfermedad de Preston, pero también por el absoluto cariño y detalle que se vertió en su desarrollo.
Nada en esta obra puede decepcionar, es imposible. Si hay una palabra que la define para mí es «poesía». Todo en este juego está perfectamente engranado: desde los colores hasta la omnipresente geometría, el estilo pixelado, la historia, el ritmo de la acción, los sonidos y la música. Es tan asombroso que parece una obra hecha en plena efervescencia creativa. ¿Cómo es posible que tantas facetas diferentes parezcan referenciarse unas a otras sin descanso durante toda la aventura? ¿Hubo sitio para la casualidad o fue realmente buscado? El grado de perfección es lo suficientemente complejo, y si alguien supervisó todo fue tan meticuloso que siento una sana envidia y admiración de sus capacidades.
La cara oculta del reino
El protagonista de la historia es «el vagabundo», que sufre de una extraña enfermedad y tiene visiones apocalípticas. Valiéndonos de nuestras habilidades y dichas «revelaciones», deberemos viajar a lo largo de cuatro territorios y desbloquear una serie de pestillos ocultos, para así poder abrir el búnker bajo la ciudad que parece contener algo encerrado. La misteriosa historia llena de simbolismo está contada sin una sola palabra, y al no ser tan lineal exige encajar por nuestra cuenta las piezas de ésta. Más allá de las escenas animadas y diálogos a base de dibujos, los escenarios transmiten algo.
Todo susurra los ecos de un pasado y todo vibra con el misterio. Los escenarios, la desolación, los sonidos de fondo, el tono de la música, los detalles, la soledad… Una historia de creación y destrucción, de bucles y de misticismo, de miedos y de muerte, del lado oculto de las cosas, del abismo. Tan rara y críptica que caben las valoraciones personales y experiencias vividas de cada uno de nosotros, aunque casi todas las interpretaciones aceptadas —a cada cual más fascinante— coinciden en lo esencial. Escribiendo estas líneas, recordando el juego, me sigue poniendo los pelos de punta. Me deja una sensación tan bonita como inquietante, de nostalgia sobre algo indefinido, y gran parte del mérito se debe a la excepcional ambientación que podemos disfrutar con nuestros oídos.
Atmósfera única
El sonido de esta obra es espectacular. La música compuesta por Disasterpeace, el cual ya había experimentado con este estilo en el sobresaliente Fez, fue encajada por el ingeniero y diseñador de sonido Akash Thakkar. El combo salió redondo, y la calidad y profundidad sonora están tan mimadas que bien merecería considerarse una excepcional obra de música electrónica ambiental. Además soy un gran fanático del género, y me encanta que me recuerde a artistas y álbumes. De alguna forma es como si mezclasen el disco Dok de Oval con las creaciones de Roger Eno o Boards of Canada.
Disasterpeace aquí está a la altura de los grandes con melodías evocadoras, un sonido de la vieja escuela y unos apropiados toques lo-fi y glitch. El dramatismo en algunas piezas ensalzan las escenas a las que ponen «voz». Nostalgia, luz y oscuridad contenidas en esta maravilla de 28 cortes. Hay tantas canciones sobresalientes en la colección que es muy difícil quedarse con una, pero siempre me encanta destacar algunas como Vignette: Panacea, Seeds of the Crown, Cascades, The Abyss o Chimera. Esta BSO podéis encontrarla en plataformas digitales como Spotify.
Un juego para el recuerdo
Obras como esta se cuentan con los dedos de las manos. Cuando salió le llovieron muy buenas críticas, buenas ventas y merecidos premios, pero tengo la sensación de que no fue suficiente. Creo que a este título se le recuerda y recomienda poco, cosa que me sorprende.
Hyper Light Drifter es un viaje introspectivo. Meterse en él es embarcarse en una aventura más allá de lo jugable, y puede que toda esa complejidad ideográfica no resulte tan atractiva para sesiones más descansadas. O para más intensas, depende de cómo se mire. Reclama atención no sólo a los mandos, sino también a todo lo que vemos y escuchamos con calma, buscando experiencias que nos muevan algo por dentro. Y vaya si lo consigue… vaya que sí. Un título recomendado en toda colección que aspire a destacar por la calidad.
Una experiencia ideal para dejarte pensando. Inolvidable.
Este post es una versión corregida y mejorada del original que publiqué en HyperHype el 11 de diciembre de 2019
Coincido completamente con todo el artículo! un juego que descubrí por casualidad y que me marcó mucho. El segundo juego del estudio Solar Ash es un buen juego, tal vez ya no tan influyente y mucho mas corto, pero que mantiene un buen nivel. Todavía me intriga qué va a pasar con Hyper Light Breaker, tercera entrega dentro del «universo».
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Los juegos posteriores del estudio no llaman mi atención. Creo que el mundo creado fue perfecto para su primera obra y el resto vino un poco por casualidad. O esa es la sensación que me da.
Gracias por comentar!
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[…] Pero sí quiero rescatar algunos artículos que escribí allí porque me gustan. Tratan sobre juegos que me marcaron y encajan con este blog, y quiero traerlos a este rincón personal para compartirlos y dejar una copia. Aunque no serán copias exactas, sino mejoradas: algunos necesitan arreglar la redacción, otros rehacerse en ciertas partes… o incluso revertir cambios que se aplicaron a posteriori. Ya hubo dos «rescates» de material: el post de Secret of Evermore y el de Hyper Light Drifter. […]
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[…] haciendo fluir el juego y sintiendo el avance en todo momento. En ese sentido me recordó a Hyper Light Drifter, salvando las […]
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[…] Claude Debussy. También me recuerda muchísimo a ciertas piezas de la banda sonora del videojuego Hyper Light Drifter, donde no desentonaría. Probablemente su título se refiera a sobrevolar lagos o algo así […]
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