La pornografía ha influido fuertemente en la sociedad con el auge de la red y los nuevos modelos de consumo. Ha salpicado varios aspectos de nuestra vida y parece un tema que tarde o temprano será importante debido a sus consecuencias, o al menos todo apunta a que pasará factura. Eso fue lo que expuso el doctor José Luis García en un episodio del podcast «Lo que tú digas» de mi paisano Álex Fidalgo, y que arroja luz sobre ciertas cuestiones. Bajo una premisa similar el actual gobierno de España, en otra de sus rocambolescas fumadas, ha anunciado el control de acceso a la pornografía mediante identificación de mayoría de edad —o al menos lo va a intentar—. Los chistes en las redes no se han hecho esperar: bienvenidos al bonoporno o, aún mejor, al pajaporte.
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Más allá de la broma fácil lo cierto es que el asunto es bastante serio. En primer lugar porque la medida es estúpida en varios de sus apartados, y en segundo lugar porque supone un grave problema de privacidad en un ámbito tan íntimo. Si algo ha demostrado la administración pública de este país es su torpeza con las nuevas tecnologías, y si no que se lo pregunten a la DGT y su escandalosa filtración que, oh sorpresa, casi no ha trascendido ni preocupado cuando merece un linchamiento público y mediático sin precedentes.
Respecto al porno a priori no estoy en su contra, siendo un elemento consumido por muchos en nuestra sociedad y materializando cierto libre albedrío. Sin embargo, ¿no hemos ido demasiado lejos con su modelo actual? Parece que hemos infravalorado su visionado frecuente y su impacto: no contábamos con Internet, ese elemento de nuestra vida moderna que inunda la realidad a pasos agigantados. Seguimos sin ser conscientes del cambio radical que está suponiendo en nuestra propia naturaleza y la relación con el entorno.
Lo grotesco de este asunto llega con OnlyFans y su extraña industria, donde cualquiera puede creerse pornstar o abrazar la prostitución esquivando la mala prensa del oficio más antiguo del mundo, vendiendo material íntimo por simple capricho. No me gustaría una sociedad donde el sexo se vuelve aún más omnipresente, o que se normalice el exhibicionismo y la parafilia a cambio de unos billetes. Creo que eso degrada a las personas eliminando el último resquicio de su vida privada donde los problemas, demonios y arrepentimientos pueden perseguirles durante muchos años (con el daño que conlleva).
Dejadez social, una excusa para la «seguridad»
En enero recibí un correo/comunicado del colectivo PicaHack acerca del control estatal de la pornografía. Hacía referencia a los rumores de una medida que ahora terminó haciéndose realidad. PicaHack tenía razón a la hora de oponerse a un control de identidad para acceder al porno, ya que supone un atentado a la intimidad con cierto poder sembrando precedentes. Puede ser un problema de privacidad y seguridad en un Internet que ya está bastante fastidiado con ese tema, no podemos permitirnos ceder más. El jocosamente llamado pajaporte supone aceptar que el Estado sabe quién pide acceso a la pornografía, y eso ya es grave.
Debe haber algún tipo de control, sí, pero la sociedad tiene que reflexionar acerca de su responsabilidad. Se hace un uso nulo de los controles parentales y de las configuraciones de seguridad para los más pequeños, no se le da valor a la tecnología disponible para ello en nuestros hogares. Tenemos una población analfabeta en esos temas y debemos preocuparnos: si no saben manejar su propia seguridad e intereses dejarán que otros lo hagan por ellos. No existe una consciencia con el porno ni tampoco con la tecnología que consumimos, por tanto ya tenemos dos problemas.
El nulo uso de controles parentales también demuestra la poca implicación de los padres hacia sus hijos. Para mí es un síntoma de dejadez e inconsciencia permitir que Internet campe a sus anchas en un hogar con niños, sin una mínima supervisión que garantice la buena educación y el acceso gradual a determinados sitios. Internet es un ámbito sobre el que hay que hacer pedagogía, asumiendo la realidad del mismo y enseñando las habilidades necesarias para enfrentarse a ese «barrio 2.0», preparando a los chavales para transitar por él con cabeza.
Si nadie es consciente de que ya tiene las herramientas necesarias para su seguridad nunca entenderá que no necesita de control estatal. La ignorancia en este aspecto, como de costumbre, es una aliada poderosa para ambiciones políticas que aspiran a mucho y se pasan de la raya.
¿Un brindis al sol?
Pero como siempre la tecnología está un paso por delante. El uso de VPNs puede solucionar el tema del libre acceso, como ya hacen los ciudadanos chinos para saltarse los infames controles de su gobierno. También tendríamos el nacimiento de comunidades online o grupos de Telegram… al que por cierto ya intentaron meter mano sin éxito debido a otros temas. También existen las descargas de toda la vida, tanto directas como mediante P2P, dispuestas a llenar discos duros de pornografía al gusto del consumidor. Por tanto el pasaporte para el acceso a material adulto es, sencillamente, estúpido… a no ser que intensifiquen la persecución de ese tipo de prácticas.
Ciñéndonos a la información oficial el sistema sólo funcionaría con webs porno dentro de una especie de lista negra, en colaboración con las telecos. Esto no afectaría a la gran mayoría a no ser que las obligasen a adaptarse, y si eso ocurre estamos ante algo que huele mal: las listas de qué está permitido ver y qué no bajo la justificación de una supuesta «seguridad» que legitima el populismo censor. Hoy es el porno, pero mañana podría ser cualquier otra cosa.
Como ya he dicho la medida sienta un precedente para el control directo de Internet y las comunicaciones en el país. Lo realmente grave es que un tema tan sensible ya no despierta conciencia social y no se ven protestas ciudadanas ante semejante atropello de derechos, privacidad e intimidad. Y eso, señores, sí que es un problemón que más vale que no cuaje o estaremos un poquito más cerca de 1984. También un poquito más cerca de hackeos y filtraciones de datos, incluso los supuestamente «accidentales»…
Enlaces de interés:
Por qué el nuevo carnet digital del Gobierno para ver porno es un «absoluto sinsentido» // El Confidencial
El pasaporte pornográfico: una excusa para censurar internet // Juan Ramón Rallo
Imagen: Rawpixel. / Obra de Isidore Pils (1841) / Dominio público
Estoy de acuerdo en mucho de lo que comentas, pero yo creo que no es un precedente, creo que forma parte de una iniciativa a nivel europeo de vigilancia masiva, es decir darle un pátina de legalidad a lo mismo que hacía la empresa para la que trabajaba Snowden. Ahí tenemos la noticia de que bajo la presidencia de Hungría se pretende introducir de nuevo la norma del Chatcontrol para adoptarla en diciembre.
Estoy completamente de acuerdo en ese abandono de la propia responsabilidad, eso que llamas dejadez social, pero también pienso que tenemos una responsabilidad los que sabemos que y como hacer, al no haber compartido ese conocimiento, que hablamos de cultura libre y así, pero al final…
También creo que este debate sobre la identificación, uniéndolo a la pornografía y a la infancia es una forma de desviar el foco del verdadero asunto. Creo que era Chomsky el que decía que una forma de desviar la atención era fomentar vivos debates sobre asuntos que no son el tema central.
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Bueno, cuando escribí lo de precedente en mi cabeza lo pensaba como a nivel de España, pero es cierto que Europa tiene una hoja de ruta un poco turbia al respecto.
Y también es cierto que quizás no se insistió demasiado en el control parental por parte de los aficionados a la tecnología, pero sí que era una característica incorporada por las tecnológicas más grandes. Además su configuración creo que está bastante visible en muchos casos. Creo que hay más falta de interés que de recursos, la verdad.
Un saludo!
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Tema largo, bastante personal y del que me siento algo ajeno. No pago por porno, ni lo produzco.
Aunque lo que puedo aportar es que es de los pocos temas en que siento temor cuando navego. ¿Google sabrá lo que busco? ¿Sabe en qué WiFi estoy y con eso guarda un historial de mis gustos culposos (lícitos y éticos, claro)? ¿Que pasará con esa información?
Supuestamente no guarda ningún historial aunque no sabes lo que no se ‘esté reportando’ y haya alguna conexión personal.
Luego cuando entra una regulación gubernamental obviamente hay cambios que a muchos les afectan.
Es decir, claro que la pedofilia, trata de personas, etc. son crímenes muy graves que deben ser perseguidos e investigados por alguna autoridad. Luego eso se cruza con el porno amateur o profesional que está en esa área gris que algunos quieren regular, y luego surgen nuevos problemas como siempre que intenta regularse el Internet libre.
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Creo que las operadoras o servicios como Google pueden saber las búsquedas que se hacen e incluso a dónde accedes, pero no pueden trazar un perfil o asegurar quién es (a no ser que se estudien los patrones de navegación).
Sobre las persecución de delitos sexuales, está claro que ya existen métodos para combatir esa lacra sin necesidad de interferir las comunicaciones de todo el mundo. Quien venda que esas acciones de identificación o control de chats son necesarias para perseguir esos delitos directamente miente.
Un saludo!
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