Nirvana (2002), de Nirvana

«Things have never been so swell, I have never failed to fail»

Como a muchos otros chavales de la época Nirvana fue el grupo que me abrió las puertas del grunge. Los conocí de niño gracias al fantástico casete de Nevermind (1991) que había en casa, uno más de toda esa variada colección tan importante en mi vida. Ese incombustible álbum marcó mi época rebelde en el instituto, pero dos años más tarde volvería a conectar con la banda tras el lanzamiento de su primer gran recopilatorio homónimo de 2002.

Esta fantástica colección de éxitos la escuché por primera vez en un hipermercado Alcampo —¿os acordáis de las secciones de música de esos sitios, donde podíamos escuchar los CDs antes de adquirirlos?—, aunque finalmente lo conseguí gracias a una copia que me hizo mi colega Omar. Él y yo nos sentábamos juntos en el autobús para volver a casa después de las clases, hablando todo el camino de nuestras frikadas, y un buen día apareció con aquel CD pirata que guardé con aprecio.

Por aquel entonces no tenía internet y descubrir música no era tan sencillo, así que más allá de Nevermind y la canción Heart-Shaped Box (me encantaba el videoclip rodado por Anton Corbijn) no conocía mucho más de ellos. Me llamaban poderosamente la atención un par de canciones que deseaba escuchar: la inédita You Know You’re Right, que era toda una sorpresa por ser el último tema grabado antes del suicidio de Cobain, y una genial Pennyroyal Tea que me enganchó por su melodía y luego por su letra.

El disco me gustó porque era más «suave» de lo esperado aunque muy melódico, accediendo por primera vez a muchos temas que no conocía de ellos y creando una conexión personal muy fuerte. Además siempre me enamoró su portada tan sencilla pero elegante que podías dejar a la vista en cualquier lado. Nada de florituras ni imágenes estridentes: su fondo negro y su logo en tipografía serifa bastaba para tener una presencia arrolladora, casi de luto.

Es por todo ese cúmulo de cosas por las cuales reseño este álbum recopilatorio y no Nevermind, pues me acercó todavía más al mítico trío de Seattle enseñándome todo su estilo.


Gracias a él descubrí que me encantaban temas como About A Girl o Been A Son (¡ambas me recuerdan bastante a los Beatles!). Además termina con algunos cortes sacados de su fantástico MTV Unplugged (1994), como la genial All Apologies o la preciosa versión de The Man Who Sold The World —para mí mejor que la original de David Bowie—.

Por el medio contenía, cómo no, conocidos temazos de Nevermind como mi favorita Come As You Are o las igualmente chulas Lithium o In Bloom. Incluso la manida Smells Like Teen Spirit se me hace agradable en esta colección, porque la tenía aburrida de tantas veces que la escuché en todos lados.

Convivieron varias versiones de este recopilatorio, aunque personalmente prefiero el de 14 canciones porque es la que conocí. Sigue siendo un lanzamiento tan acertado para los fans como para lo que quieran conocer al grupo, con grandes ausencias pero con lo esencial para viajar a través del sonido que definió su corta pero inmortal carrera. El tracklist es el siguiente:

  1. You Know You’re Right
  2. About A Girl
  3. Been A Son (Blew EP Version)
  4. Sliver
  5. Smells Like Teen Spirit
  6. Come As You Are
  7. Lithium
  8. In Bloom
  9. Heart-Shaped Box
  10. Pennyroyal Tea (Single Edit)
  11. Rape Me
  12. Dumb
  13. All Apologies (Live Acoustic)
  14. The Man Who Sold The World (Live Acoustic)

PD: la pegadiza melodía de Come As You Are estuvo inspirada en el riff de la canción Eighties de la banda post-punk Killing Joke (1984).

PD 2: tras la muerte de Cobain el batería Dave Grohl fundaría su propia banda llamada Foo Fighters, que reseñé en un artículo anterior. Junto con el bajista Krist Novoselic hizo que este recopilatorio fuera posible después de varios litigios.

Canción destacada

Come As You Are es casi con toda seguridad mi canción favorita de la banda, pero sería un delito no recomendar la desconocida You Know You’re Right que inicia fantásticamente el recopilatorio. Nos  hizo vibrar con algo que jamás se había escuchado, como si hubiese sido un regalo traído del más allá por obra y gracia de Kurt Cobain. Y quizás lo fue.

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