Black Celebration (1986), de Depeche Mode

«Come with me into the trees / We’ll lay on the grass and let the hours pass»

Viene el frío, llueve y anochece antes; el invierno está cerca, y con esta atmósfera retornan viejos compañeros musicales. Siempre atesoro discos que me llevan a ciertos momentos y, para sorpresa de nadie, mis queridos Depeche Mode tienen uno que asocio a las frías tinieblas invernales. Este álbum llegó a mi poder junto con Some Great Reward (1984) y Music for the Masses (1987), gracias a un amigo del instituto que me los consiguió antes de las vacaciones de verano. Era el que menos escuchaba de los tres, pero según avanzaron los meses adquirió protagonismo. Durante aquel diciembre me cautivó como por arte de magia, sonando perfecto en esa fría temporada de buenas sensaciones.

Black Celebration es un disco respetado por muchos fans, entre los que me incluyo. Se lanzó en 1986, y para entonces el grupo ya había moldeado su reconocible estilo: del synthpop bailable de su debut pasaron a rozar una especie de darkwave con A Broken Frame (1982); luego incursionaron en la música industrial con Construction Time Again (1983) y, sobre todo, Some Great Reward (1984) —al que le debo una reseña—. ¿Cuál sería el siguiente paso de la banda?

En un giro de los acontecimientos, Depeche Mode no endureció sus sintetizadores sino su ambiente. Aunque continuaron con las técnicas del industrial —sonidos metálicos, samples modificados, grandes reverberaciones y potentes bajos— sí que suavizaron la mezcla. También incorporaron drones y desarrollaron el aura de aquel darkwave que acariciaron en 1982: había nacido, por fin, la admirada faceta gótica de DM. Con Black Celebration se ganaron a un público atraído por la corriente derivada del post-punk, y poco a poco empezaron a ser tratados como banda de culto. Fue la chispa del éxito masivo que vendría apenas unos años después.


1.

Se grabó en Berlín y Londres. El estudio alemán influyó de alguna manera, pues les resultaba tan tenue e inspirador que se pasaban muchas horas dentro de él, sin apenas ver la luz del día. Martin Gore había evolucionado como compositor, especialmente en las letras, cada vez más complejas y sutiles. Dave Gahan había conseguido su registro de voz característico, y Alan Wilder seguía confiando en el Emulator II como una pieza clave del equipo instrumental.

El álbum es una colección variada de piezas que se sienten especiales bajo ese filtro de oscuridad. El lado existencial y reflexivo empapa la visión amarga que Depeche Mode tiene sobre la vida, el tiempo, el amor, la vulnerabilidad y el deseo. Aquí brotan los dobles sentidos y las dicotomías. Además, la banda adoptó su mítico look de color negro, chaquetas de cuero, delineador de ojos y gafas de sol.

La portada contó una vez más con la participación del fotógrafo Brian Griffin, aunque, al parecer, sufrió dificultades. En ella se ve la fantasmagórica imagen de un edificio acristalado, y a sus pies brotan unos tulipanes desenfocados. He leído varias historias donde se cuenta que, al no conseguir encajar la fotografía en el formato de la portada, adoptaron la controvertida solución de incorporar esas bandas negras laterales. A cambio, en los LP se incorporarían diversos símbolos impresos en relieve, cuyo diseño bebe fuertemente del constructivismo soviético. Estos símbolos fueron plasmados en tinta para el resto de tiradas, haciendo la carátula más recargada.

En su estilo original refleja de manera torpe pero directa el ambiente del disco. Un paisaje inquietante, el frío cristal contrapuesto a la calidez de los tulipanes, los reflejos y las luces en medio de la oscuridad, la dureza y la fragilidad. Por otro lado, los símbolos casi nos llevan a un escenario distópico. Este tipo de recursos inspiran al post-punk y el darkwave moderno, como puede verse en bandas como Molchat Doma.

Es el único disco que toma su nombre de una canción, y el único donde escucharemos a Martin Gore haciendo de vocalista en varios tracks —tradicionalmente suele cantar solo dos temas en cada lanzamiento—.


2.

En cuanto empieza a sonar Black Celebration nos hipnotiza. Un ambiente tétrico emerge a través de coros y voces distorsionadas que parecen gritos de animales, mientras una misteriosa voz lanza un mensaje. Tiene tanta manipulación de efectos que es difícil entenderla, aunque parece ser un sample recitando una frase de Winston Churchill tras acabar la Segunda Guerra Mundial: «A brief period of rejoicing» (Un breve periodo de alegría).

El himno empieza a sonar con una línea de secuenciador que recuerda al tic tac de un reloj, mientras el drone evoluciona como bajo y el resto de sintetizadores se unen. Unos samples metálicos y un ritmo bailable acompañan a la fantástica voz de Gahan, que canta una letra gótica. Su interpretación es relativamente simple: una persona sumida en la oscuridad encuentra a alguien que lleva el brillo del optimismo en los ojos, y desea poseerla sólo para él. A pesar de todo, parece que el pesimismo dominará sus destinos.

Tras esto se enlaza la segunda canción, Fly on the Windscreen, cuyo estilo parece beber por momentos de Kraftwerk. Tiene secuencias donde despliegan samples vocales tratados y un buen puñado de acordes en tono menor. Su letra canta a la idea de la muerte y a vivir el momento, aunque como todo lo bueno en Depeche tiene algunas capas: el protagonista va en coche junto a la persona que le gusta, y mientras conduce las moscas mueren contra el parabrisas. Eso le lleva a pensar que la muerte es inesperada, y le hace confesar sus pasiones. Memento mori, carpe diem.

El sonido no cesa y evoluciona a través de un sample de fondo tomado de la radio, alumbrando la primera canción protagonizada por Martin Gore: A Question of Lust. Una preciosa melodía acompaña a una secuencia de bajo cuyo filtro es un clásico de la banda. Trata la típica idea romántica de Gore sobre el deseo, la falta de confianza y la superación de dificultades. El protagonista de esta historia parece que tiene una apasionada relación que se tambalea, y se siente vulnerable ante el cúmulo de emociones que le provoca.

La siguiente, también cantada por Martin, es la breve Sometimes. Este pequeño experimento empieza con un bonito sample gospel, dando paso al piano y a la voz. Ésta se repite a modo de eco, creando el efecto de dos y tres voces contrapuestas. Su letra es muy íntima: el protagonista es débil en la vida, y esa fragilidad le avergüenza, lo que le genera dudas en su relación. Aunque su pareja le dice que es feliz a su lado, él cree que de algún modo ella debería avergonzarse de él.

Casi sin descanso, y de sorpresa, nos lanza el tercer track cantado por Gore, It Doesn’tMatter Two. Los típicos coros sintéticos de Wilder construyen una melodía disonante y bonita a la vez, y la letra retoma el cúmulo de ideas sobre la pasión. Parece una segunda parte de la anterior, donde el protagonista se acuesta con una chica por la que siente algo más. Él carga con el sufrimiento de que ella sólo quiera sexo, y nota una actitud extraña.

Volvemos con el sonido más industrial y la voz de Gahan en la titánica A Question of Time. Aquí escuchamos a unos reconocibles Depeche adelantados a ellos mismos, con un estilo de rock electrónico que será clave en canciones posteriores. Muy bailable y macarra, su letra es un complejo canto al deseo de juventud, su protección y la pérdida de inocencia. El protagonista habla sobre una atractiva adolescente, e intenta advertirle de que su juventud y belleza son un imán para cierto tipo de personas. Aunque quiere protegerla, el propio narrador también desea a la chica, sacando a la luz una faceta turbia. La canción presupone que acabará ocurriendo de una forma u otra, ya que «es cuestión de tiempo».


Llega mi favorita, Stripped, que la elevo a canción top de la banda. Es la mezcla perfecta entre el sonido industrial y el darkwave de este álbum, con un estilo que también marcaría su carrera. Me encanta todo de ella: la solemnidad, el potente bajo, la bonita melodía, los preciosos sonidos, el épico estribillo, los arreglos sintéticos, la voz de Gahan, la reverberación, el mensaje, el elegante videoclip… todo. Su letra es la típica romántica de Depeche, llena de sensualidad y un toque pasional.

Tomando referencias sexuales, nuestro protagonista atrae a una chica y se la lleva a un bosque. Allí le dice que quiere verla completamente desnuda, «hasta los huesos», y el mensaje no se queda en la superficie. Realmente quiere decir que, más allá de la atracción física, desea verla desnuda emocionalmente; quiere conocerlo todo sobre ella. Siempre me quedé con estos versos tan actuales:

Let me hear you make decisions
Without your television
Let me hear you speaking just for me


Un sonido de reloj engrana con Here is the House, un tema menor pero que me gusta mucho, con Gahan y Gore cantando a dúo. Muy bailable y con ese rollo post-punk, pero con el toque inconfundible de DM y sus guitarras sintéticas. Su letra también es muy interesante: parece que el protagonista le da un discurso a su chica, alabando la casa donde viven y en la cual se construyó la relación. Sin embargo, diversas referencias sugieren que realmente él la controla a ella, impidiéndole salir a la calle para evitar que se vaya con otro. Eso fue duro, ¿eh?

El reloj parece cambiar y llega la breve World Full of Nothing, otra cantada por Martin Gore. Aunque su letra es más sencilla, explorando las ironías del deseo y la soledad, creo que su instrumental es súper interesante.

Dressed in Black es también un tema menor en forma de vals, y aunque no destaca creo que merece atención, ya que explotarían su estilo en el magnífico Songs of Faith and Devotion (1993). La letra es fácil de interpretar, pues es una conexión entre la sensualidad y una chica vestida de negro, con detalles que dejan en el aire una posible práctica de sumisión.

El disco termina con New Dress, un pequeño gran tema. Mucho groove industrial, pero mucho espíritu darkwave. Oscura, bailable y dramática, creo que tiene un gran sonido. Repiten la fórmula del álbum anterior, y nos lanzan una explícita letra sobre las desgracias del mundo y la sociedad. El estribillo hace referencia al traje que la princesa Diana de Gales llevaría en esas circunstancias, obviamente de luto (negro). No obstante, mantiene un halo esperanzador con la idea de evolucionar uno mismo para empezar a cambiar las cosas.


3.

El álbum es perfecto, sin embargo, me veo obligado a hacer un par de recomendaciones extra que salieron como cara B o descartes. El interesante instrumental Christmas Island creo que es notable. Lo compuso Alan Wilder, y es una oscura pieza llena de dramatismo. Un sample de una antigua marcha militar introduce una melodía tétrica y un ambiente increíble, demostrando las capacidades de Wilder como productor. Por cierto, la Isla de Navidad existe.

Aunque, por supuesto, no quiero olvidarme de esa joya llamada Shake the Disease, otra de mis favoritas de la banda. No fue concebida para el álbum, surgió de los procesos de grabación previos, pero sí fue un adelanto del nuevo sonido y el resultado de mezclar industrial con darkwave. No se incluyó en este disco pero sí fue lanzado como single. Definitivamente esta canción merecía estar en un álbum, aunque es cierto que suena cercana a la etapa de Some Great Reward (1984). El videoclip me parece fantástico, obra del mismo director de Stripped.

Canción destacada

Stripped, no admito ninguna discusión. No solo es un temazo, sino que es el culmen de la producción musical de este disco. Y siempre en versión larga, por favor.

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