Kraftwerk, los Beatles de la música electrónica

«We are the robots»

Todo estilo musical tiene referentes que suponen un antes y un después en el género. El rock tiene varios, aunque sin duda podríamos nombrar a los Beatles como uno de ellos. Su impacto en el mercado de la música fue una pequeña revolución sólo comprensible en ese contexto, donde el mundo giraba hacia una sociedad menos conservadora. La estética y el acercamiento de ese sonido a las masas propiciaron su éxito, llevado con mucha dignidad a lo largo de su carrera plagada de himnos que inspiraron a contemporáneos y muchos otros de siguientes décadas. La beatlemanía fue un fenómeno que evolucionó a la par que sus integrantes, pisando terrenos de la subcultura hippie que elevaron su música a composiciones más complejas y experimentales, ganándose el reconocimiento de la crítica.

¿Pero qué ocurre cuando una banda llega de la música experimental y traza el camino del mainstream? ¿Qué pasa con la electrónica, vista con malos ojos durante mucho tiempo, y que a día de hoy sigue teniendo detractores? Ahí tenemos que nombrar obligatoriamente a Kraftwerk. Agrupación ya mítica, sus trabajos desde los años 70 hasta bien entrados los 90 fueron el caldo de cultivo para desarrollar el sonido sintético y la imagen de retro-futurismo, especialmente en su etapa clásica con los miembros Ralf Hütter, Florian Schneider, Karl Bartos y Wolfgang Flür. Trajeron ese estilo de los círculos vanguardistas y lo soldaron fuertemente a su imagen, siendo la viva representación del sonido hecho con aparatos electrónicos e informáticos.

Tras una primera etapa melódica y ambiental, elevaron progresivamente la importancia de las secuenciaciones y los ritmos, creando cosas más accesibles que llevaron la atención hacia algo alejado por completo del rock y la música popular. Estaban decididos a desplazar al ser humano del foco interpretativo y dejarle esa importancia a las máquinas y lo artificial, lienzo sobre el cual pintar álbumes acerca del mundo moderno. Esto los llevó a adoptar una imagen robótica alejada de los focos, donde manequíes, animatrónicos o creaciones por ordenador eran sus avatares incluso en entrevistas.

Su carrera está plagada de historias sobre cómo construyeron el equipo, cómo gestionaban su estudio de grabación llamado Kling Klang y hasta los problemas económicos que supuso, fruto de la obsesión por ir siempre un paso más allá, llevando la tecnología hacia límites que predecían lo venidero en las siguientes décadas. Que sean alemanes no me parece casualidad, y de hecho ellos mismos han admitido que la imagen industrial, técnica y de diseño que representaba Alemania ejerció una fuerte influencia. Quizás por eso los territorios germánicos llegaron a ser una de las cunas de la música techno, como demuestra la oferta nocturna de Berlín. Sea como fuere esa sensación de orden y exactitud se ve trasladada a los secuenciadores y una progresiva automatización, sustrato fundamental para entender los movimientos del house y el techno. Éstos, surgidos en las ciudades de Chicago y Detroit respectivamente, bebieron de Kraftwerk cuando músicos como Afrika Bambaata incorporaron sus samples, o mientras otros como The Egyptian Lover o Juan Atkins imitaban sus ritmos.

Pero la cosa no se queda ahí. Tímidamente fue una inspiración para el synth pop de los 80 y parte de los 90. La influencia del cuarteto de Düsseldorf puede escucharse en canciones como Mr. X o Alles Klar (1980) de Ultravox, los primeros trabajos de OMD e incluso en Depeche Mode con canciones como World In My Eyes (de su increíble Violator de 1990). Podéis comprobar la cantidad de samples que se sacaron de ellos en vídeos como este. Por aquel entonces no eran tan reconocidos como ahora, pero ya habían cosechado un aura mágica en toda esa generación de nuevos músicos que apostaban por los sintetizadores. Nunca jamás abandonarían su característico estilo que tanto aportó a la escena musical.

Odas a la modernidad

Su sonido comprime toda la carrera cultural de la electrónica: música concreta, grabación en estudio reducido y autoproducción, sintetizadores, ordenadores, vocoder, secuenciadores, cajas de ritmos y voces sintéticas. Supieron ver el potencial de la informática en la sociedad y la creación musical, y no dudaron en adquirir y manipular todo tipo de hardware para adaptarlo a sus necesidades. Un ejemplo sería la construcción de su percusión electrónica, o el uso que le dieron al juguete educativo Speak and Spell de 1979, del cual extrajeron sonidos y voces artificiales con las que hicieron numerosas canciones. A partir de ahí comenzaría un particular idilio con diversos productos de Texas Instruments que se convirtieron en parte de su material, y que los llevarían paulatinamente a ir haciendo cada vez más pequeño su estudio hasta el punto de hacerlo transportable.

Я твой слуга, Я твой работник

En su discografía, plagada de álbumes conceptuales, podemos observar su evolución y los pasos naturales que daban, así como su fascinación por el progreso tecnológico. Todo un viaje excepcional que los eleva, con toda la razón, a banda de culto. Vamos a echarle un vistazo rápido a sus obras más importantes (durante varios años mantuvieron una versión para el mercado alemán y otra en inglés).

Autobahn (1974)

Aunque es su cuarto disco, creo que puedo decir sin ninguna duda que definió al 100% el camino que tomarían. Esta leyenda fue concebida bajo la idea de ser música para escuchar en un viaje en coche, y desarrolla 5 canciones que exploran melodías sencillas adornadas con ritmos y sonidos imitando el embiente del tráfico por carretera. La canción que le da título al disco dura casi 23 minutos y es una de las más reconocibles. Por increíble que parezca llegó a estar entre los 10 álbumes más exitosos de Alemania, Reino Unido y EEUU. Aunque sus siguientes trabajos fueron mejores en muchos aspectos no volverían a cosechar una acogida similar.

Radio-Activity (1975)

Kraftwerk nos lleva esta vez por un viaje a través de la ciencia enfocado en la radio y la energía nuclear (de ahí su juego de palabras, radio-actividad). En él nos encontramos de nuevo con la música concreta, los detalles en código morse, la adoración casi religiosa a la energía eléctrica, así como una temprana crítica hacia la producción atómica. Personalmente destaco su canción «Ohm Sweet Ohm«, preciosa balada que cierra el disco y cuya voz sintética (de las primeras en la producción musical) fue uno de esos samples usados hasta la saciedad por otros artistas.

Trans-Europe Express (1977)

Importantísimo en su carrera y en la historia de la música. Esto sólo es comprensible si tenemos en cuenta que para él mandaron fabricar el primer secuenciador de 32 pasos y 16 canales, toda una bestialidad en la época para hacer realidad los arpegios y ritmos que imitan a trenes y locomotoras en movimiento, tema central del álbum. La canción homónima desarrolla el leitmotiv sonoro que empapa todo el disco haciéndola su pieza central. Es, básicamente, el Autobahn dedicado al ferrocarril.

The Man Machine (1978)

Aquí empezamos a llegar a la crême de la crême. Este disco es quizás el que los catapultó como banda de culto y no es para menos, ya que su tema central es el constructivismo, el papel del ser humano como parte de la cadena de producción y el progreso (la rompedora The Robots, Spacelab o The Man Machine). También se inspira en diversas cuestiones sobre la ciudad y la burguesía con la también conocida The Model, la excepcional Metropolis (mi favorita, inspirada en la película de Fritz Lang) o Neon Lights. Sólo 6 canciones y 35 minutos, aparte de su icónica portada original, bastaron para hacer de este álbum una obra de arte. Fue aquí donde empezaron a exprimir todo el conocimiento acumulado y definieron en todos los aspectos su estilo único, que seguirían evolucionando.

Computer World (1981)

Es mi disco favorito por muchos motivos. En primer lugar porque montaron el que quizás fue el primer estudio totalmente digital de la industria, en segundo lugar porque cantaron a los ordenadores y la interconexión antes de que ésto fuera una realidad, y tercero porque de aquí se extrajeron innumerables samples e inspiraciones que definieron el sonido techno y acid-house (It’s more Fun to Compute). Está plagado de voces sintéticas hechas con el Speak and Spell, lo que le da un aire de retro-futurismo que aún a día de hoy lo mantiene en pie sin pestañear. La informática como revolución tecnológica llega a tal punto que ya en aquel año especulaban con las citas románticas por ordenador Computer Love (de la que Coldplay extraería la melodía para Talk). Increíble.

Electric Café / Techno Pop (1986)

Este álbum es conocido de ambas formas porque a lo largo del tiempo tuvo un nombre u otro, dependiendo de la versión. Quizás Techno Pop es el nombre que más lo define y de hecho, según se comenta, era el que querían ponerle desde el comienzo a pesar de las dudas. Lanzado originalmente bajo el nombre de Electric Café, Kraftwerk nos lleva esta vez a un sonido mucho más digital y automático, plagado de unas voces sintéticas mucho más trabajadas y editadas donde experimentaban hasta con el idioma español. Especial mención a su videoclip Music Non Stop, todo un pionero en los gráficos por ordenador. Fue creado en 1983, en plena grabación del disco, gracias a Rebecca Allen usando computadoras del Instituto de Tecnología de Nueva York. Para más inri los modelos de las cabezas fueron creados a partir de sus famosos maniquíes, así que Rebecca tuvo que arreglárselas para efectuar la animación. Su resultado poligonal fue una decisión práctica, ya que el detalle gráfico alcanzado por aquel entonces (sólo visible en algunas partes del vídeo e imágenes promocionales) lastraba los movimientos. A día de hoy me sigue pareciendo un videoclip flipante e icónico.

Tour de France (2003)

Tras empezar a revisar una y otra vez los trabajos de su carrera, el siguiente disco fue 17 años después de Techno Pop, ya sin Karl Bartos y Wolfgang Flür en la banda (que fueron sustituídos por otros músicos). Las maquetas se remontan a 1983 (con single incluído) donde la pasión por el ciclismo, la retransmisión televisiva y los exámenes médicos materializaron una nueva colección de temas. Su estudio fue informatizado en sólo 4 estaciones de trabajo (una por cada miembro y cada rol), profundizando en los cambios de efectos, la ecualización y ritmos más rápidos. Destaco el minúsculo, precioso y ambiental Prologue que da inicio al disco, Tour de France (Etape 2) y por supuesto el tema central reinterpretado con toda esa nueva tecnología.

Recomiendo los vídeos sobre ellos en Music Radar Clan: «Quiénes eran Kraftwerk realmente?» y «De Kraftwerk al techno».

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