El hackeo a Spotify y la preservación cultural

En los últimos días se conoció un hackeo a Spotify, aunque esta vez el objetivo no fueron los datos de usuarios, sino su catálogo de música. El grupo «archivista» Anna’s Archive (El Archivo de Anna) habría burlado el DRM y copiado casi todo el material del servicio de streaming, haciéndose con 86 millones de canciones y 256 millones de metadatos, que suman un total de 300 TB. Esta proeza ha sido anunciada en el propio blog de Anna’s Archive y confirmada (sin muchos detalles) por Spotify, que asegura estar investigando el caso para emprender acciones legales.

Anna’s Archive ha declarado su intención de liberar todo el material a través de la red torrent, con la finalidad de preservar culturalmente la música. Ya han publicado unos 4 TB de datos y habrá más a medida que analicen y organicen los archivos. Estamos ante el mayor pirateo de la historia, y las reacciones no se hicieron esperar.

El debate se centra en el tema de siempre: los derechos de autor. Asistimos a la vieja batalla de la industria musical contra la tecnología, como ya ocurrió a principios de los 2000. La historia de cómo un modelo de negocio puede entrar en pánico ante algo tan simple como una copia digital, y cómo la IA se ha convertido en el nuevo coco. Aseguran que la publicación de esos 300 TB alimentará las bases de datos que entrenan modelos de inteligencia artificial, poniendo en riesgo la autenticidad de la música y, por qué no, sus bolsillos.

No voy a negar el impacto económico que pueda tener este hackeo, ni el fastidio que supone para algunos artistas, ni siquiera voy a negar que las IA generativas han llegado a un punto de realismo extraordinario que pone en peligro la autenticidad. Sin embargo, me temo que no cambia sustancialmente lo que ya existe: la industria musical ha sufrido otros reveses similares y no ha muerto (todo lo contrario), los artistas pueden estar realmente sometidos a las discográficas (por los derechos), y cualquier persona puede aprender e imitar/copiar a otros artistas. Para más inri la piratería digital lleva entre nosotros décadas, y la IA especializada en el ámbito musical ha arrancado con fuerza. En plataformas como YouTube o el propio Spotify ya circulan miles de canciones hechas con prompts y algoritmos que pasan desapercibidas en cualquier playlist.

1.

Soy un amante de la música, y es obvio que no deseo la destrucción de todo el entramado que la hace posible. Es obvio que admiro y defiendo la capacidad humana de crear, y rechazo la idea de que lo generativo se coma el proceso de composición natural del arte. Es obvio que respeto a los creadores y deben ser apoyados, es esencial que se les reconozca su trabajo e incluso puedan vivir de ello con soltura, pero los «derechos de autor» a veces se llevan hasta límites absurdos.

Los derechos de autor pueden ser un bien de compra-venta patrimonial como cualquier otro, habiendo casos donde grandes artistas los perdieron y fueron exprimidos por discográficas, representantes y bufetes de abogados. Incluso se han dado situaciones rocambolescas donde el poseedor de los derechos no tiene nada que ver con el artista original. Una de esas situaciones se dio en 1985, cuando Michael Jackson adquirió la mayoría de derechos del catálogo de los Beatles. Como resultado, durante muchos años, cualquier material comprado o reproducido de forma legal reportaba ganancias económicas a Jackson, y no tanto a los miembros de la mítica banda.

Escudarse en los derechos de autor no garantiza la justicia del negocio de la música, ni protege necesariamente a sus autores… ni siquiera asegura la supervivencia de las obras. ¿Acaso no se ha manipulado, perdido u olvidado material a pesar de todo? ¿Los litigios de derechos no han bloqueado la publicación de obras míticas? ¿Cuántas cosas más sufrirían el mismo destino si no fueran rescatadas por los fans o la piratería? ¿Qué pasa con todos esos discos y canciones que han sobrevivido gracias a ellos?

Aunque la piratería supuso un problema en algunas ocasiones, la industria no ha muerto. De hecho, ha salido fortalecida: los artistas consolidados nadan en el éxito, han surgido numerosos artistas nuevos, los sellos independientes han brotado como setas, el streaming ha cambiado nuestra relación con la música, y los conciertos y festivales están más llenos que nunca. Su actividad económica goza de buena salud, los precios suben y sigue empleando a un montón de gente para cuestiones técnicas.

2.

Por otro lado, la IA generativa no hace más que potenciar un fenómeno que ya de por sí hace el ser humano: imitar o crear obras nuevas inspiradas en otras. La única diferencia es que ahora tenemos una tecnología tan potente que plantea más incógnitas que respuestas, y cuya rapidez y precisión mimética nos asustan porque choca con lo que considerábamos auténtico. Ya nada será igual en el mundo digital, lo humano debería adquirir aún más protagonismo.

3.

Por todo eso, a pesar de los riesgos y controversias, apoyo la decisión de Anna’s Archive. Si la música es cultura, ¿no merece la pena preservarla y expandirla, asegurando su futuro? Si la cultura debe ser tratada como bien humano, ¿no es una gran idea que un número ilimitado de personas pueda guardarla como parte de su identidad? Si los derechos de autor no aseguran la justicia o la supervivencia de aquello que defiende, ¿no es lógico que los usuarios busquen otras vías? ¿Es ilícito saltarse las leyes cuando no nos podemos fiar del rumbo tomado por una industria que se aprovecha de ellas? Seguramente el impacto positivo de este hackeo será mayor que el negativo.

Me gustaría añadir que, en teoría, la música pasa a ser dominio público unos 70 años después de su lanzamiento. Pero nada lo asegura al 100%, ya hubo repetidos cambios en la legislación que han dilatado ese tiempo, a menudo por intereses económicos de grandes conglomerados. La gran mayoría de nosotros no viviremos tanto para comprobarlo, así que es mejor asegurarnos ahora, teniendo la certeza de que muchas personas atesoran las obras para quienes vengan después.

Todos estos temas ya los traté en otros artículos como Copiad, malditos, En defensa de la piratería y Ahora el copyright sois vosotros.


Fuentes consultadas:

Imagen: Joyce G en Unsplash

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