Un escritorio sin escritorio (y un Intel NUC que lo cambia todo)

—Usar de pie. Rescatar hardware.—

Estuve montando un despacho/estudio totalmente de improviso, pero el resultado preliminar me gustó tanto que empezó a fluir. Como no tengo escritorio, puse una librería Kallax de Ikea que tenía apartada y en los casilleros incorporé cestas llenas de herramientas, cables y cachivaches de tecnología. Sobre la superficie coloqué el monitor que no usaba, los altavoces, el ratón inalámbrico y mi precioso teclado IBM. Conecté el Dell XPS 13, y ahí fue donde me atrajo el concepto de un escritorio de pie. «¿Por qué no hacerme con otro PC exclusivo para aquí y seguir adelante?». La idea cuajó enseguida.

Decidido a replicar la gran experiencia con mi Intel NUC7 i5BNH ubicado en el salón, busqué otra unidad en Wallapop sin dudarlo. Soy un gran fan de estas máquinas y la nueva adquisición lo confirmó. Encontré una gran oportunidad, un NUC8 i5BEH de 2018 por 190 euros. Con un presupuesto similar al anterior obtuve un mejor diseño y un buen salto de hardware:

  • Procesador Intel i5-8259U (Bean Canyon), de 4 núcleos y 8 hilos
  • Gráfica integrada Intel Iris Plus 655
  • 16 GB de RAM DDR4, en dos módulos de 8 GB fabricados por Samsung
  • SSD Plus de 480 GB de SanDisk
  • Buenos puertos, como el lector de tarjetas micro SD y el USB-C Thunderbolt 3

Esto supone que dobla la potencia del otro NUC y reduce el consumo a la mitad, a pesar de que solo los separa una generación. Con ese músculo, si estuviera encendido las 24 horas, el gasto en luz sería de unos 3 euros al mes —precio aproximado a los 0,15 céntimos/kWh actuales con uso estándar—. Nadie puede negar el tremendo coste-beneficio. A día de hoy, por esos 190 euros, solo podríamos comprar la RAM y el SSD como mucho, y sin embargo esto es un PC completo muy eficiente.

Era la máquina idónea para convertirse en el PC principal de casa: descargas grandes, almacenamiento de música y películas, virtualización, experimentos, producción de audio e incluso, por qué no, actuar como un «servidor» casero y mini estudio amateur donde grabar mis prácticas de guitarra. Incluso podría ser el bote salvavidas cuando necesite más potencia o uno de mis otros equipos falle.


Llegó en perfecto estado con Windows 11 en su interior, con el que aproveché para testear el hardware. Tras verificar que todo estaba en orden formateé el disco e instalé Fedora 43, consciente de lo mucho que me gusta por su robustez y actualizaciones.

Además decidí salir de mi zona de confort. Durante años fui un usuario acomodado de Linux, negándome a abandonar métodos algo anticuados como las particiones clásicas y el formato EXT4. Esta vez quería exprimir las posibilidades y avanzar. No quería cometer los errores del primer NUC, y por tanto profundicé en el formato Btrfs, los subvolúmenes, las conexiones remotas, el cifrado y las copias de seguridad automáticas. Todo está listo para ir a un nuevo nivel y me motiva, tanto que me sorprende no haber adoptado ciertos avances mucho antes. Ya contaré los detalles de la instalación en otro artículo para explayarme un poco más.

 

 

A continuación desgloso el resto del setup con sus costes y algunas curiosidades:

  • Monitor BenQ GW2280: comprado de segunda mano en Wallapop por 70 euros. 1080p, 60 Hz, buen diseño y buena imagen. Los altavoces integrados son bastante malos, pero apenas los uso.
  • Altavoces Edifier Studio R1280T: tienen casi 10 años encima. Impecables, muy bonitos con las bocinas al descubierto y con un gran sonido. Costaron unos 85 euros en su momento. Esos lados de madera y su control de volumen con rosca sin fin son sensacionales.
  • Teclado IBM KB-0225: me salió gratis. Lo pillé en mi anterior trabajo porque iban a tirarlo a pesar de su buen estado de conservación. Esta unidad fabricada en 2003 me parece una joya retro de oficina con un par de detallazos. En la parte superior incorpora una ranura para posar un bolígrafo, y su construcción ayuda a que pequeños derrames accidentales de líquidos, como el café, no lleguen a la placa. Durabilidad en estado puro. De membrana, pero con aspecto mecánico; negro mate con los bonitos detalles en azul grisáceo de las teclas intro y el logo plateado de IBM. Tuve que comprarle un adaptador USB que costó 2 míseros euros (lo que cuesta el capuchino que podría derramarse…).
  • Ratón inalámbrico: de marca olvidable (BhdLovely) pero minimalista y bonito, en negro mate, con tacto sedoso, bluetooth integrado y batería que dura un montón. Era el que usaba para diseño amateur. Costó unos 19 euros hace años. Lo acompaña una alfombrilla bastante grande de la marca Beikell, con un coste de 7 euros.
  • Librería Kallax de Ikea efecto roble, con 8 casillas, patas de metal negras y cestas de ratán: unos 166 euros en total. No es el mueble de mejor calidad, pero es muy funcional. El NUC se ubica en una casilla libre, así que queda a mano, discreto, protegido y bien ventilado.
  • Lámpara de pie Louise de Sklum: como iluminación decidí rescatar esta pieza de 50 euros. Creo que ya está descatalogada.

Sumando todo sale unos 550 euros, un equipamiento atípico que no tiene que envidiar a otros más caros. No solo ha salido muy económico por sus características, sino que posee estilo propio combinando piezas de aquí y de allá. El toque retro del teclado IBM, que no desentona en el conjunto, me devuelve a mis raíces.

Con el tiempo esto sufrirá cambios, aunque para empezar está genial. Por fin esa habitación desaprovechada cobra vida con una disposición poco habitual que me resulta inspiradora. Recuperé la vieja costumbre de montar algo así aprovechando elementos «descartados», construyendo un entorno con mucha personalidad que mezcla diferentes etapas personales y tecnológicas. Que sea un escritorio sin escritorio, pensado para usar de pie, lo hace extrañamente dinámico.

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