Speak & Spell (1981), de Depeche Mode

«I’ll be your operator, baby / I’m in control»

Huele a verano, y como siempre se me vienen a la cabeza discos especiales. Y como no, Depeche Mode repite una vez más en esta sección, donde ya acumula varias entradas. A finales de octubre su álbum debut cumple 45 añazos, una edad que da vértigo. Me gusta describirlo como un disco rock & roll vestido de synthpop, algo que puede sonar descabellado, pero no lo es tanto. Quizás así su título tiene más sentido que nunca, pues posee una estructura parecida y el Speak & Spell fue un juguete electrónico futurista… aunque esa apreciación es personal. Lo cierto es que las influencias rock ya estaban presentes desde el inicio, un género que sobrevolarían de manera constante hasta llevarlo a su terreno en los 90.

Lo conseguí con la primera tanda de discos pirata que tuve a los 15 años, entre los que estaban también A Broken Frame (1982) y Construction Time Again (1983). Buceé en los inicios de mi banda favorita, aunque Speak & Spell era el que menos me gustaba. Apreciaba sus genialidades, pero admito que solo lo valoré como es debido a medida que crecía. Ya se le notaba la edad en algunos aspectos, y el sonido era muy diferente a lo que tenía en la cabeza cuando pensaba en Depeche Mode (una opinión muy extendida). Pero, a pesar de todo, hubo una época donde se me pegó de forma tonta.

Durante ese verano escuchaba los discos sin parar, y un día me estaba vistiendo para ir a una fiesta de cumpleaños. Mientras me vestía sonaba este, y el modelito escogido no podría ser más hortera: pantalones piratas blancos, deportivas azules y camiseta gorda color naranja. Hacía un sol y un calor de mil demonios, así que terminé sudando como un pollo en la fiesta. En esos momentos me sentí tan ridículo que, de manera inesperada, mi cabeza recordó la canción I Sometimes Wish I Was Dead. No tuve más remedio que reírme de mí mismo, y de esa peculiaridad surgiría la conexión. Tras eso volví a él muchas veces más, apreciando ese aire divertido y ligando esa canción a la anécdota. Sonaría intensamente durante las verbenas de mi pueblo, antes de bajar a las brillantes atracciones multicolor al caer el sol. Por supuesto, también me sirvió para pensarme la vestimenta dos veces.


1.

Acercarse a este disco puede que no sea fácil a día de hoy, en parte porque es hijo de su tiempo, en parte debido a ciertas melodías que para muchos sonarán ingenuas. Pero tuvo éxito y fue muy rompedor debido a su propuesta: tomar la novedosa electrónica y crear con ella auténticas canciones pop, algo que estaba en pañales. Sonaba muy moderno en su contexto. Parte del secreto estaba en sus percusiones tan fuertes, nítidas y exactas. Incluso ahora impresionan por su definición, más si tenemos en cuenta que se crearon artesanalmente con el limitado equipo de la época.

El sonido tan simple se debe al equipo utilizado: casi todo lo que tenían eran sintetizadores monofónicos baratos, como el Moog Prodigy o el Yamaha CS-5. Aunque el alma del disco la puso el productor Daniel Miller con su ARP 2600, sintetizador que se encargó de los ritmos y la secuenciación. Como dije, las percusiones fueron creadas en él de forma obsesiva, y se nota. Para todo lo demás se usó el truco de reproducción en bucle con cintas magnéticas, línea a línea, ya que aún no existía el MIDI. Todo el disco se mezcló en 16 pistas, que en su momento ya era limitado.

No eran los primeros que hacían esto, aunque sí mostraban un estilo notable y peculiar para ser cuatro chavales británicos de apenas 20 años. Tuvieron buena acogida entre el público de Europa, pero en EE.UU. los veían como bichos raros, y ese mercado se les resistía porque no entendían qué estaban haciendo. El resto es historia con desenlace poético: a finales de los 80 y principios de los 90, Depeche Mode sería la banda electrónica más influyente en el país americano, tanto que a día de hoy forman parte del Salón de la Fama del Rock & Roll. Casi nada.

La portada es famosa por ser tan fea, de hecho es el peor trabajo de Brian Griffin para la banda. El propio Griffin ni siquiera recuerda cuál era la idea detrás de ella, pero sin ninguna duda consiguió un efecto artificial, plasticoso, kitsch y, por qué no, un poco inquietante. ¿El cisne cubierto de film transparente estaba vivo o disecado? A juzgar por la sesión fotográfica parece que lo segundo, pero aun así 45 años después continúa sembrando dudas.


Aunque Vince Clarke no forma parte del ideario colectivo de la banda, es una figura que me gustaría reivindicar. Lideró el grupo, definió el rumbo electrónico, y luego al terminar la gira se fue sin más. Puede que sus letras no fueran las más elaboradas, pero sembró varias ideas. Su reconocible estilo, usando las mismas técnicas, seguiría desarrollándose en sus siguientes proyectos: Yazoo y Erasure, con los que tuvo éxito. Especialmente con el debut de Yazoo en 1982, y titulado Upstairs at Eric’s, escucharemos algo similar.

En 2011 se reencontraría con Martin Gore para lanzar el proyecto VCMG, con un álbum electrónico muy techno, minimalista y experimental llamado Ssss. Pero esta vez la forma de crearlo fue todavía más peculiar: no intercambiaron palabras, cada uno improvisaba sus partes en casa y luego se pasaban los archivos por internet, adaptando el resultado.


2.

Pero volvamos a Speak & Spell y hablemos de sus canciones. Empezaré «descartando» las más inocentes y saltarinas para apartar la paja: I Sometimes Wish I Was Dead (la de mi anécdota) y What’s Your Name? son puro synthpop rockanrolero, tanto que pueden recordar a artistas de los años 60 como The Beach Boys. El toque curioso se encuentra en la segunda, pues tiene una letra ambigua sobre la juventud y belleza de un chico que mucha gente asocia a la homosexualidad… aunque ninguno de la banda lo era. Sin embargo, Vince Clarke seguiría explorando esa faceta con Erasure, y Depeche Mode también sería tratada históricamente como una banda que hoy llamaríamos gay-friendly. Incluso Martin Gore sería polémico por sus looks andróginos.

En esa sección sería justo poner a Just Can’t Get Enough, el exitazo que aún hoy es una de sus canciones más famosas. De hecho es la única de esa época que aún tocan en los conciertos, demostrando su importancia. Aunque seré sincero: es divertida y juvenil, sí, pero está lejos de ser algo destacable en el álbum, y esto puede sorprender a muchos.

Lo mejor es todo lo demás, empezando con New Life. Tiene un gran inicio y mucha pegada, regalándonos muy buenos sonidos. También es bastante saltarina, pero obviamente está muy por encima de las otras. Por cierto, la portada de su single es tan perturbadora que el álbum Born Again de Black Sabbath (1983) usa la misma base. La fotografía original del bebé fue sacada de la revista Mind Alive, de 1968.

Puppets ya mola mucho más con su aire pesado y lento. Tiene un estilo cercano a los futuros DM, y su letra habla sobre el control a una chica, de cómo el protagonista maneja los hilos de la relación. Suena realmente bien y la considero mi favorita. Me gustaría salirme brevemente de la línea temporal y destacar el remix que le hizo Röyksopp para el recopilatorio Remixes 81-11, donde a pesar del cambio de tono queda preciosa.

Boys Say Go! es un tema menor y no destaca por su estribillo, aunque tiene a su favor toda la parte del verso, donde Gahan canta sobre una línea de bajos y secuenciadores. Algo similar ocurre con Nodisco, aunque esta me gusta mucho más por ser más redonda, «seria» y elegante.


Photographic está considerada una canción precursora del techno y el EBM. Es machacona, fría, con grandes bajos y un aire crepuscular. La letra ya conecta con el futuro industrial de la banda, tratando sobre alguien obsesionado con las fotografías tomadas a otra persona, y reverenciando la tecnología de la imagen. Aunque hay un detalle magnífico entre bastidores: la primera versión de este tema grabada meses antes, y denominada Some Bizarre Version. No sabría decir cuál es mejor, pero sin duda la Bizarre suena muy techno y avanzada para 1980.

A continuación enlaza con la primera composición de Martin Gore, y se nota mucho. Tora! Tora! Tora! es, quizás, la más experimental y oscura de la colección, con una sonoridad que puede sorprender. Su letra trata los agridulces sentimientos románticos usando metáforas y lenguaje bélico, concretamente haciendo un paralelismo con el ataque japonés a Pearl Harbour, algo que se aleja totalmente del resto y acaricia lo turbio.

Big Muff es la segunda aportación de Gore y una absoluta delicia, ya que se trata de un instrumental muy trabajado donde el sonido y las secuencias sacan músculo. Esto fue posible porque, al no haber vocales, quedaron más pistas disponibles en la mezcla. Como resultado tenemos esta pieza tan notable y detallada, con unos ritmos que pegan duro.

Any Second Now (Voices) es una composición de Clarke, pero la canta el propio Martin Gore. Es, de hecho, la primera canción de la banda donde su característica voz y delicadeza son protagonistas. Es una bonita balada que aparca las percusiones para dejar espacio a la melodía, con un estilo que podría pasar perfectamente por una canción de años posteriores. Íntima, melancólica y romántica. Es tan Depeche que suena como una obra del propio Gore, incluso la letra parece de él. Un tesoro escondido, sin duda.


En este caso rompo una lanza a favor de la edición deluxe, pues contiene varios extras imprescindibles del periodo inicial de la banda, y sin ellos creo que no se entiende su recorrido. De hecho, entre los tracks se encuentran algunas piezas muy reivindicables. Entre las más interesantes destaco Dreaming of Me, el primer lanzamiento oficial. Aunque la joya es Ice Machine, una canción proto-industrial que mezcla vagamente cosas que escucharíamos posteriormente en DM, con un sonido más oscuro, pasajes románticos y alusiones a las fábricas.

Es un disco divertido en cualquiera de sus versiones, aunque en las últimas ha mejorado con esos extras, y esto no suele ser lo habitual. Obviamente, no es un álbum a destacar en Depeche Mode cuando tienen a sus espaldas clásicos indiscutibles con muchísima más profundidad. Ahora bien, merece la pena echarle una oreja para conocer el kilómetro cero de la banda, así como para descubrir un pilar fundamental del synthpop. ¿Perfecto? Por supuesto que no. ¿Sorprendente? Más de lo que aparenta.

Canciones destacadas

Aquí no puedo quedarme solo con una, y necesito hacer un podio por causa de fuerza mayor. Puppets es, casi sin duda, la mejor del disco a muchos niveles. New Life es con la que más conecté en los últimos meses, y es un gran inicio del álbum. Any Second Now (Voices) como la primera donde escucharemos a Martin Gore, con un estilo bastante reconocible. Con la última me tomo una licencia: Ice Machine no pertenece al disco original, pero es de lo mejor que vamos a encontrar.

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