Todos tenemos un comienzo, una pequeña historia sobre cómo y por qué acabamos en Linux. Hace un par de años publiqué la lista de distribuciones por las que había pasado, y quería dedicarle una entrada a la que lo inició todo: Ubuntu 7.10, conocida también por su nombre en clave Gutsy Gibbon. Las sensaciones que despertó en mí fueron tan mágicas que, casi 20 años después, me siguen provocando nostalgia. Con ella empezó un largo camino en el software libre que no parece tener fin.
Ubuntu 7.10 no fue la primera distro que probé, ni siquiera fue la primera que conocí, pero sí la primera que instalé en un PC propio. Como muchos otros usuarios de aquella época, su elección fue por motivos prácticos, ya que todo era nuevo. Ubuntu ganaba fama y tenía mucha documentación en español, así que parecía el paso más lógico. No en vano, su famoso eslogan rezaba «Linux para seres humanos», y caló profundamente en la comunidad.
Por aquel entonces, en octubre de 2007, estrenaba un nuevo PC. Era un clónico de la marca TooQ, y traía Windows Vista de serie. A pesar del gran diseño que ofrecía ese sistema de Microsoft, lo cierto es que empezaba a estar harto de él. Se sentía limitado y pesado, y mi creciente interés por Linux me llevó a probar un live CD de Ubuntu. Al principio solo era una prueba, pero terminé instalándolo en modo dual boot con facilidad. En un par de días pasó de ser una simple curiosidad en mi PC a ser el sistema principal, lleno de novedades y retos estimulantes que me enseñaban el mundo del código abierto.
Y seamos honestos: el diseño de Ubuntu era bastante feo. Difícilmente sus colores marrones y naranjas podían competir con la elegancia de Vista, pero tenía carácter. Incluso el resto de temas y la distribución de elementos en GNOME se veían muy old school, así que tenía un rollo friki bastante peculiar. Me daba la sensación de volver a las épocas de Windows 95/98, en el buen sentido del término. Además, su bajo consumo de recursos hacía que mi máquina se notara mucho más rápida, lo que me parecía alucinante: apenas unos 200 MB de RAM base.
Entre sus características técnicas más importantes se encontraban el kernel 2.6.22, GNOME 2.20, Firefox 2 y GIMP 2.4 rc-3. También mejoras gráficas 3D —¡los famosos efectos de Compiz Fusion!—, soporte completo para NTFS —importante para leer particiones Windows— o nuevos aspectos de seguridad vía AppArmor. Su instalador ya estaba maduro y era particularmente sencillo, tanto que eliminaba uno de los mayores obstáculos a la hora de empezar en Linux.
No estaba exento de ciertos problemas para determinados componentes y códecs, y con frecuencia había que echar mano de la consola o configuraciones adicionales. Por suerte, gracias a su popularidad podían encontrarse decenas de tutoriales en la web, coincidiendo con el inicio de la época dorada del blogging en español. Eso me permitió entender un poco más el sistema, perderle miedo a la terminal de comandos y, sobre todo, entrar en contacto con los espacios personales que compartían todo tipo de trucos y soluciones.
Así, durante 6 meses, Ubuntu 7.10 me sirvió como formación en ese nuevo universo informático. Descubrí cientos de programas, me ayudó a entender mejor cómo funcionaba un sistema operativo, me demostró que Linux podía usarse diariamente, y me abrió un mundo de alternativas interesantes. Incluso empecé a personalizar a fondo el entorno de escritorio, un aspecto clave para mi posterior incursión en el diseño amateur. Aunque había ciertas limitaciones, en ningún momento supuso quedarse atrás en cosas como el MSN Messenger, el P2P, la emulación de videojuegos o la ofimática.
Realmente no era la distro más fácil: en ese aspecto Mandriva llevaba la delantera desde hacía años gracias a sus herramientas, pero Ubuntu contaba con la ventaja de estar basado en Debian y su comunidad. Sin embargo, es cierto que estaba a años luz de la mayoría de distros, y el enorme soporte hacía llevadero el aprendizaje. Luego mis intereses empezarían a ampliarse hacia otros lugares, pero sería deshonesto negar la importancia que tuvo para mí este Gutsy Gibbon.
Con él perdí ese miedo inicial y probé todo lo que caía en mis manos. Quemaba Live CDs como un poseso y comparaba qué me gustaba más. Para la versión 8.04 pedí los CDs gratuitos que enviaba Canonical y me moví a Kubuntu, donde aprendí a usar KDE. A partir de ahí el resto es historia, y seguí mi propio camino tras dominar lo suficiente.
En los años siguientes hubo versiones notables y muy queridas: la propia 8.04 Hardy Heron, la 9.10 Karmic Koala o el bombazo de 10.04 Lucid Lynx —con un buen rediseño artístico. Todas ellas las probé en su momento y merecían los halagos, aunque me fui alejando de Ubuntu.
Haciendo una retrospectiva honesta, y a pesar de la mala baba que tuve con esta distro por su endiosamiento desmedido, lo cierto es que fue una gran época. Ubuntu era Ubuntu, con mucha personalidad propia e ideas interesantes. Con la llegada de su escritorio Unity y la paquetería Snap empezó a presentar ciertos problemas y a decaer en aceptación, algo que se veía venir.
Sin duda se convirtió en una distro para el recuerdo, y es inevitable mirar atrás sin sentir el cariño de su sencillez y puesta en escena. Es justo decir que ayudó a popularizar Linux, y muchísima gente no lo habría adoptado si no fuera por este proyecto. El millonario sudafricano Mark Shuttleworth, líder de Canonical, asumió durante mucho tiempo su coste económico hasta dar con la fórmula de su negocio. Construyó un legado notable, muchas anécdotas y algunas polémicas, pero aun así marcó a toda una generación. Y por eso, a pesar de todo, clásicos como Gutsy Gibbon merecen un hueco de honor en la memoria colectiva.
NOTAS:
Las capturas de pantalla fueron tomadas de una instalación en GNOME Boxes. Emular una distro tan antigua (¡19 años!) tiene sus dificultades, sobre todo con los gráficos, así que tuve que retocar el tamaño de la interfaz para que se viera bien. Por ese motivo, los más veteranos podrán notar ligeras inconsistencias. Tampoco se puede acceder a internet fácilmente, ya que los navegadores de entonces no son compatibles con los nuevos protocolos web de seguridad.
Este artículo se inspiró en el lanzamiento de Ubuntu 26.10, el 20 aniversario de Ubuntu 4.10 publicado en Ubunlog (2024) y la retrospectiva de Fedora Core 1 que hizo Nevat.
Recursos:
- Ubuntu 7.10 released: the wait is over – Creative Bushido, 19 de octubre de 2007
- Adiós a Ubuntu 7.10 Gutsy Gibbon – MuyLinux, 24 de marzo de 2009



Podría haber escrito la misma entrada, salvo que tendría que cambiar Gutsy Gibbon por Hardy Heron porque empecé un año más tarde. Hasta los motivos y los precedentes son (casi) idénticos. En lugar de Mandriva yo tropecé con Knoppix, y también estaba hasta el gorro de Windows Vista (Bosta, para algunos).
Y ahí empezó mi viaje al Reverso Tenebroso… en el que sigo.
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Ostras, ya no me acordaba de Knoppix. También tenía un live CD de esa por ahí, el distrohopping era fuerte en mi. 😀
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