Frutiger Aero y solarpunk: cuando el futuro es optimista

Retrocedamos a los años 2000: seguro que se hacen muy familiares imágenes como el fondo de pantalla de Windows XP, las carcasas blancas de los gadgets y ordenadores, la arquitectura de acero y cristal, la naturaleza combinada con la tecnología, las energías renovables, fotografías de playas tropicales, cielos despejados, auroras boreales, los llamativos iconos de Windows Vista, el esqueumorfismo… Ese estilo, esa forma de aesthetics, suele denominarse actualmente como Frutiger Aero y define la iconografía informática de aquellos años. Una inspiración optimista sobre un futuro verde y un internet que llegaba para liberarnos.

«Bliss» («Felicidad»), el mítico fondo de Windows XP

En cierto sentido capturaba la esencia genuina de la década. Nos rodeaba esa delicadeza por lo natural vista a través de un filtro aséptico, la inocencia se despertaba ante cada novedad de ese mundo recién conectado y una tecnología de consumo que llegaba a las masas. Los chats, los blogs, Geocities, MySpace, los foros y las pequeñas comunidades estaban en auge. Parecía que la intersección entre tecnología y humanismo encajaba con esa colina verde que deslumbraba el inicio de millones de PCs en el mundo.

Este estilo fue bautizado así en honor a la tipografía Frutiger —de palo seco, muy usada por aquel entonces en márketing y comunicación corporativa— y la famosa interfaz Aero, que debutó en Windows Vista y nos acompañó hasta el celebrado Windows 7. Ambos componentes son quizás los más representativos de ese lenguaje, y de hecho siempre consideré que Vista tuvo uno de los mejores diseños de aquel entonces: tremendamente elegante con esos colores rodeados de cristal y fondos de naturaleza. Es cierto que ese sistema operativo merecía su mala fama debido al funcionamiento errático, pero tenía su magia visual.

Toda la década despertaba optimismo a través de esos evocadores diseños e imágenes, e incluso en Linux tuvimos nuestro particular Frutiger Aero con distros como la desaparecida Vixta, o el diseño que lucían ciertas versiones de KDE. Estaba por todas partes. Según fue pasando el tiempo los diseños se volvieron más planos, muy minimalistas pero frecuentemente sin alma, casi vaticinando la deshumanización que estaba sufriendo poco a poco Internet y su economía de la atención. Estábamos adentrándonos en la era actual donde se respira algo raro en el aire, donde las redes sociales hacen sus estragos, donde la Web auténtica ya agoniza y lo que hemos construido parece derrumbarse por momentos.


Aunque ese espíritu virtuoso, con ganas de reencontrar la naturaleza y la tecnología, no está del todo perdido en los ecos de Internet. Existe un movimiento cultural-tecnológico que ha encontrado numerosos adeptos: el solarpunk. De igual forma que Frutiger Aero en su momento, el solarpunk quiere deshacerse del pesimismo bajo un paraguas de ideas bastante interesantes: tecnología responsable, ecologismo, neoruralismo, urbanismo y, por qué no, pequeñas dosis de anarquismo utópico. Todo ello se enfoca en un futuro mejor al que poder aspirar, con representaciones artísticas realmente bonitas y esperanzadoras que a veces parecen sacadas de las obras de Studio Ghibli.

El solarpunk es la respuesta a una decadencia tecnológica y social que a veces se asemeja demasiado al cyberpunk: un Internet controlado, un corporativismo y un capitalismo salvajes, un individualismo tóxico, una degradación de las democracias, una masificación de las ciudades y diversos problemas medioambientales. Obviamente cualquier parecido con los tiempos actuales no es una casualidad, donde parece que las tensiones aumentan día tras día movidas por esa acumulación de problemas.

La búsqueda de una tecnología mucho más local y autogestionada, sencilla y enfocada a la función tiene un gran atractivo. También la recuperación de la naturaleza —especialmente en las ciudades—, así como la vuelta a pequeños territorios y pueblos gracias a las posibilidades que nos brindan los diversos avances digitales y la producción de energías limpias. Un giro de 180 grados que nos anima a repensar el mundo, liberándonos de la influencia de las Big Tech y la vuelta a una vida más sosegada. Algo más auténtico.

El solarpunk es mucho más que aesthetics, es mucho más que simple especulación sobre el futuro: es un camino que cada día más gente quiere tomar, o si acaso poner sobre la mesa para darle un cuerpo y una estrategia que permita hacerlo realidad. Y por cierto, ¿sabéis por dónde se mueve mucho este tipo de ideas? En la small web y el Internet alternativo. Por supuesto tampoco es ninguna casualidad.

¿Podría el Frutiger Aero convertirse, por fin, en una profecía autocumplida?

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