Utopías y distopías en la era post-2000

¿Por qué el inicio del nuevo milenio es tan deprimente?

A mediados y finales del siglo XX todos crecimos en un mundo donde la cultura popular era, en general, optimista de cara al futuro. Ese impactante año 2000 estaba a la vuelta de la esquina, y las ideas de Isaac Asimov o Arthur C. Clarke habían hecho volar la imaginación de millones de personas con sus aventuras de ciencia ficción llenas de robots y viajes intergalácticos. Luego llegó la exploración espacial y la llegada del Hombre a la Luna, el descubrimiento de nuevos mundos con las sondas Voyager, los vuelos supersónicos del Concorde, los transbordadores espaciales… incluso las pequeñas tecnologías que fueron llegando al mercado y a nuestros hogares. Libros como The High Frontier: Human Colonies in Space de Gerard O’Neill (también conocido como Ciudades del espacio) nos enseñaban gráficamente cómo viviríamos en él aplicando la ciencia, mientras nos debatíamos si éramos más de Star Wars o de Star Trek. Era lógico creer que sería posible: si todo eso había llegado a tal velocidad antes de los años 90, ¿qué nos depararía el nuevo milenio?

Pero llegaron los tranquilos años 90, llegó Internet, llegó el miedo al Efecto 2000 que inutilizaría casi todos los ordenadores del mundo a finales de 1999. Llegó la película Matrix con su punzante y filosófico futuro muerto a ritmo de kung-fu, llegó ese 31 de diciembre, el 1 de enero y… no pasó nada. Habíamos entrado en La Fecha predilecta, el número que marcaría un antes y un después en la Historia de la Humanidad y nuestras vidas… pero no pasó nada. ¿O sí?

Lo cierto es que sí pasaron cosas: los atentados del 11-S, el retiro del precioso y futurista Concorde, el retiro de los transbordadores espaciales, los humanos no abandonaron las capas más externas de la atmósfera terrestre, y mucho menos volvieron a la Luna. Llegó una ola de miedo al terrorismo internacional, y al cambio climático, y a la crisis económica, y a los hackeos masivos… el sueño de generaciones desapareció, habíamos quedado atrapados en la Tierra para siempre, y esta vez parecía ser más opresiva que nunca. Puede que nos sintiéramos desengañados o quizás un poco tontos, con una inocencia desmedida.

La tecnología se volvió omnipresente en forma de cámaras de seguridad, seguimiento, imagen y vídeo; las consignas políticas y los conflictos mundiales se colaron en nuestros dispositivos casi 24 horas al día, el malestar se apoderó del mundo. No habíamos llegado a donde pensábamos, esto no eran las utopías de Asimov, Clarke u O’Neill: esto era un psicótico live action de Philip K. Dick o una antesala del propio Matrix. A veces, quizás, un desconcertante acierto de Black Mirror, nuestro 1984 moderno, nuestro Mundo Feliz consumista, nuestro Years & Years.


La gente abandonó las ideas optimistas y utópicas que les hacen salir adelante. Ya nadie cree ni piensa en un futuro mejor con nuevos enfoques, ya no hay material ni cultura popular que empuje a hacerlo, la gente ya no quiere soñar y prefiere reciclar siglos anteriores. La gente se ahoga en una distopía sin glamour y más cutre de lo esperado, más plasticosa, más made in China. Les han quitado el conocimiento y sus ganas de pensar en un mejor porvenir, conectar con aquello que un día les hizo sonreír en el siglo XX. Se aparcó el progreso real para quedarse a hacer realidad un capítulo de Mad Max y su lucha de clanes.

Una generación sin sueños, demasiado mundana para mirar al cielo, con la cabeza demasiado en las nubes para mirar dónde ponen los pies. Una agónica vorágine consumista, moralista y hedonista del carpe diem porque ya no hay nada en lo que creer… Sí, parece que las distopías han ganado. Ya no hay héroes ni gestas, a la gente le parece ridícula la carrera espacial porque le suena a cuento, prefiere su plano y agónico mundo, seco y sin ideas. Prefieren el soma que un día vaticinó Huxley, prefieren la píldora azul y vivir en la Matrix.

…y, sin embargo, aún hay esperanzas. No sabemos en qué van a quedar todos los progresos que estamos viendo, pero hay opciones. Los tiempos cambian, las ideas surgen, las posibilidades se abren. Puede que ya no tengamos visionarios como los de antes, pero queda su filosofía. Una filosofía donde el progreso tecnológico sea liberador, aventurero, excitante. Aún no es tarde, nunca lo ha sido. Siempre hay algo (o alguien) que marca la diferencia. ¿Cuál será el camino que escojamos? ¿Decrecer y quedarnos pequeños, transitar hacia una era oscura, o buscar nuevas soluciones y nuevos caminos? ¿Conseguiremos aceptar nuestras decepciones y demonios, estaremos dispuestos a plantarles cara? ¿Seremos capaces de trabajar duro por ello? ¿Conseguiremos que la tecnología no esclavice nuestro ímpetu?

¿Haremos de la Tierra (y más allá) un lugar mejor? ¿Volveremos a sonreír con la tecnología, o seguiremos dejando que nos deprima?

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Imagen de Gerard O’Neill

3 comentarios en “Utopías y distopías en la era post-2000”

  1. Lo que sea que pase, que sea interesante y mientras pueda verlo.
    Imagino que se acabo la esperanza en un futuro fantástico. La literatura misma ya no es tan scifi. mas va de actividades reproductivas o si es algo del futuro, uno apocalíptico.

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    1. Creo que hoy en día se ha perdido la abstracción, en parte porque ya casi no se lee o se imagina como antes. Ahora es como todo más literal, o al menos me da esa sensación. Al ser así, prácticamente todo se basa en lo que vemos directamente y por eso cuesta imaginar algo diferente, así que tal y como van las cosas casi parece hasta lógico que tienda a la distopía.

      Esa es mi hipótesis, al menos. La falta de imaginación (y más en términos positivos) condiciona mucho cómo vemos el mundo, y al final acaba siendo una especie de profecía autocumplida.

      Espero que veamos mucho más, y a ser posible interesante y bueno.

      Un saludo!

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