La «small web», tierra de duros de matar

Mi reflexión sobre el internet actual en La web es un obeso mórbido (Minimalismo digital, parte II) no iba a caer en saco roto. Voy a tratar un tema realmente interesante al que le sigo la pista hace tiempo y que sólo gracias a Gadi pude ponerle nombre. Por toda la red hay un grupo de gente cada vez mayor que está harta de la web actual. Como no podía ser de otra forma, esta peculiar fauna (dicho con todo el cariño, porque soy parte de ella) está normalmente adscrita al mundo del software libre, el reciclaje de hardware, el blogueo e incluso otra serie de ideas y filosofías alineadas con propósitos similares.

La “small web” como tal es un concepto bastante nuevo, toda una serie de espacios que abrazan la idea de simplificar las webs volviendo al HTML básico que, sin ser casualidad, recuerda al internet de los años 90. Muy poco o nada de CSS, y ni hablar de Javascript o algo que se le parezca. Los más outsider incluso vuelven a protocolos antiguos como Gopher o se decantan por el moderno Gemini, experimentando con otros lenguajes de marcado. Es decir, que éstos últimos ni siquiera pueden visitarse sin un tipo de navegador concreto, ya que los populares sólo están preparados para el famoso “http”. Ahí se forman pequeñas comunidades de aficionados que experimentan y comparten todo tipo de contenido, con especial proliferación de blogs personales sobre temas bastante variados.

¿Por qué ha surgido?

Este tipo de webs llevan un tiempo cocinándose apartados de las miradas. La propia GNU o el proyecto BSD lucen sus páginas como hace 20 años por los mismos motivos que impulsan esta especie de subcultura de internet. La web de Slackware ofrece a sus visitantes un panorama que prácticamente no ha cambiado desde los 90… tanto es así que su servidor sigue siendo un Pentium III a 600 MHz y 512 MB de RAM, obviamente con la veterana distro pilotando la reliquia. Esas páginas que hasta hace no mucho eran vistas como descuidadas, viejas y horteras, a día de hoy podrían reivindicarse como auténticas visionarias negándose a entrar al trapo de un internet que se nos ha ido de las manos.

Pero más allá de esas organizaciones, ¿por qué apostar personalmente con formatos tan básicos cuando la tecnología ha avanzado? Aparte de rechazar el rastreo y los algoritmos modernos, ¿cuál es la motivación principal de semejante movimiento? Muchos creerán que es nostalgia y, si bien en la mayoría de los casos tiene un cierto componente, la verdad es que su justificación está íntimamente ligada con el diseño, la descentralización y el ahorro de recursos. Se comenta con cierta frecuencia que, si las obras más grandes de la literatura universal como la filosofía rusa o la mismísima Biblia ocupan menos de 1MB en sus formatos eBook, entonces no hay justificación para que una web normal exceda ese tamaño.

Esta filosofía que prescinde de lo superfluo es el ADN de muchos de los mejores movimientos creativos o enfocados a productos prácticos, incluyendo el diseño industrial. Ya lo decía, por ejemplo, mi amado Dieter Rams en su estudio sobre los principios del buen diseño:

  1. El buen diseño es innovador
  2. (…) provee de utilidad a cada producto
  3. (…) es estético
  4. (…) hace un producto comprensible
  5. (…) es discreto
  6. (…) es honesto
  7. (…) es longevo
  8. (…) es consecuente en todos sus detalles
  9. (…) respeta el medio ambiente
  10. (…) es tan poco diseño como sea posible

Surfeando a la vieja usanza

Como veremos ahora, la mayoría de los sitios que podrían considerarse «small web» cumplen con prácticamente todas esas características. Su sencillez enfocada a la función, así como las interfaces más basadas en texto, permiten crear espacios que consumen muchísimos menos recursos con todo lo que eso conlleva. Además adquieren diseños que, con menor o mayor atino, van a durar años —como lo demuestran las más veteranas—. Algunos ejemplos de estos diseños en la actualidad podrían ser la página de [x61] o la de una pareja de diseñadores/programadores que se hacen llamar Hundred Rabbits (me encantan estos muchachos). Otra interesante aplicación de esto se ve en ¿servicios? como 1800 a day, una especie de Twitter minúsculo que permite publicar en un muro global —hasta 1800 caracteres— o en Bear Blog, que permite tener cuenta personal para gestionar una bitácora basada en texto y poco más. Ahí pueden verse los requisitos mínimos para abrir un perfil en esas plataformas: tan minúsculos como en los albores de internet.

Gemini no tiene mucho que envidiar. Este protocolo posee en su red varios blogs y espacios muy interesantes que con frecuencia se referencian entre ellos, por lo que sumergirse lo hace toda una aventura. Para conectarnos a él necesitamos un navegador como Lagrange (quizás el mejor y el más cómodo por ser multiplataforma) o Geopard para el entorno GNOME, que aunque está un poco en pañales ofrece una experiencia muy chula. Hundred Rabbits, anteriormente mencionados, también tienen su «cápsula» en esta red sin ir más lejos. Los sitios en español son bastante reducidos, pero algunos como el de SL1200 ofrece links a un buen número de ellos, aparte de contar con contenido propio. Tenemos buscadores sencillos como Gemini Search, un frontend de Wikipedia llamado Gemipedia, una micro red social llamada Station o MastoGem, una suerte de cliente para Mastodon. **

Geopard navegando por Gemini

Creatividad + ligereza = diversión

La small web no es un espacio para todos los públicos, desde luego. Su aspecto y funcionamiento un tanto arcaicos hace que parezcan toscos o dificiles de usar, pero sin embargo es lo más sencillo del mundo. Solamente hace falta conocer un par de conceptos y saber leer, cosa que parece no ser atractivo en un internet lleno de estímulos, imágenes y contenido ofrecido de forma automática. Acostumbrarnos a que nos hagan todo nos ha llevado al punto de que la pereza por leer nos provoca conmoción ante interfaces con mucha letra. «Demasiado texto», como dice el popular meme. Sin embargo nos adentra en una ola de decisiones creativas que realmente son dignas de admirar y ofrecen un descanso de la asfixiante big web. Para terminar pongo algunas recomendaciones donde empezar a interesarse sobre los resultados que se llegan a conseguir.

  • 1MB Club – Un blogroll de páginas que solamente pesan 1MB
  • 512KB Club – Lo mismo pero con el doble de limitaciones
  • The 250kb Club – ¡Lo mismo otra vez pero incluso más pequeño!
  • 10 KB Club – La máxima expresión del minimalismo y la small web

** Las direcciones gemini deben empezar por gemini:// en lugar de http:// para poder mostrarse. Hago el recordatorio de que sólo pueden ser vistos mediante un navegador para ese protocolo, que menciono en el post.

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