Philip K. Dick, génesis del cyberpunk

No seré yo quien diga que soy buen lector, pero de vez en cuando le doy uso a mi Kindle. La ciencia ficción ha sido siempre uno de mis géneros favoritos por ser un vehículo fantástico para transmitir ideas, aunque reniego un poco de los clásicos. Isaac Asimov o Robert Heinlein me parecen tediosos, a excepción de Arthur C. Clarke que aunque tiene una obra inflada es magnífico, poseyendo un estilo entretenido para un sci-fi tan duro (Cita con Rama o El fin de la infancia son una pasada).

Sin embargo siempre he sentido una fascinación especial por Philip K. Dick, pequeño gran autor con una vida marcada de experiencias trágicas, mucha filosofía y una consciencia casi aterradora de la esquizofrenia —él mismo padecía esta enfermedad—. Fue el artífice de ideas y obras que a día de hoy son constantes dentro del género cyberpunk. Blade Runner, Desafío Total (Total Recall), El Hombre en el Castillo o Minority Report fueron llevadas a la pantalla con menor o mayor fidelidad, pero lo importante de él fue ese ambiente noir donde un antihéroe, un pobre desgraciado de la vida, suele verse envuelto en diversas aventuras (si es que se le puede llamar así) que le harán replantearse las circunstancias y ser espectador de una sociedad agónica.

Maestro de distopías enrevesadas que nada deberían envidiar a Orwell o Huxley, su estilo tan característico repite patrones que hacen que leer toda su obra sea un continuum en el que se añaden detalles, situaciones, ideas y conclusiones a su cosmovisión. Su forma de escribir es irregular debido a los vaivenes de su vida, sus múltiples divorcios, las necesidades económicas y sus etapas de brotes esquizofrénicos, experimentación con las drogas e incluso interés en la religión. Una amalgama de conceptos que conforman un estilo profundo que veríamos en el sci-fi más existencial como Ghost in the Shell o Matrix, siendo también de los primeros en escribir sobre lo que hoy identificaríamos con IA y realidad virtual. Más alucinante es saber que esas obras se escribieron en los años 60 y 70, e incluso durante la última etapa de su vida lanzaba conjeturas sobre si vivíamos en una simulación informática, antes de que ésta fuera popular y un pilar fundamental de nuestra historia reciente.

Tras cierta torpeza para dirigir esas locuras, su estilo desenfadado hace que leerlo sea ameno. Es cierto que a veces mete demasiadas capas, pero debe ser difícil escribir obras así cuando no estás en tus plenas facultades. Sin embargo, y quien lo iba a decir, no hubo nadie mejor para retratar la sociedad que se iba a venir llena de trastornos, narcisismo, psicología, hipervigilancia, anhedonia, frustraciones carnales e individuos envueltos en sociedades impregnadas de pasotismo. Si Orwell escribía distopías impuestas por la fuerza y Huxley impuestas por el placer, Dick lo hace con la idea de que surgen cuando las personas se pierden en el nihilismo y las depresiones. Individuos anulados por sí mismos ante un mundo incontrolable, donde la acción de un solo ser humano no valdrá jamás de nada… o puede marcarlo todo. No hay salida posible, no dejarán de ser unos desgraciados en un mundo terrible, pero al menos al final del viaje encontrarán a su yo más íntimo e incluso verán su fuerza de voluntad estimulada al descubrir que no son ni de lejos los más horribles de la sociedad. Muchas de sus historias además terminan con cierta justicia poética.

Me encantaría hablar a fondo de sus novelas y relatos, pero me temo que eso debe ser descubierto por aquellos que lean a un tío tan visionario que a día de hoy sigue siendo alucinante. Hacer sinopsis que les hagan justicia es difícil por la complejidad y la cantidad de detalles, sin embargo aquí van unas recomendaciones que creo que son magníficas para empezar.

Una mirada a la oscuridad (1977)

Uno de los títulos menos sci-fi que tiene salvo por algunos detalles, aunque es probablemente su mejor novela en todos los aspectos fruto de la experencia como escritor. En unos «futuros» años 90 una popular droga está destrozando a la sociedad. No se sabe de dónde sale y no se sabe cómo actuar para terminar con la lacra que supone. Bob Arctor es un drogadicto y traficante de esta sustancia que ha quedado afectado por el consumo hasta tal punto que su personalidad se divide en dos. A su vez es un detective voluntario de la policía (el Agente Fred) que persigue traficantes bajo una peculiar funda de camuflaje, pero acaba investigándose a sí mismo. Mientras que su personalidad como Fred reconoce el daño que provoca la sustancia y la condena duramente, su personalidad como Bob lo lleva a plantearse la dura realidad que es vivir en la drogadicción. Sobresaliente final que impacta y lanza una crítica brutal a la lucha contra los narcóticos por parte del Estado. El libro está dedicado a todos los amigos de Dick que sufrieron de una u otra forma en el mundo de las drogas… incluído él mismo.

El mundo que Jones creó (1956)

En una Tierra post apocalíptica donde una nueva moral intenta conformar la nueva sociedad, un feriante bajito y feo que ve el futuro (Jones) hace una serie de inquietantes predicciones que podrían provocar una revolución. Mientras su popularidad crece hasta ser una figura similar a un mesías, el gobierno intenta matarlo para cortar de raíz lo que puede provocar. El problema es que Jones siempre elude la muerte gracias su precognoscencia, mientras los agentes ven cómo la sociedad se revuelve. Lo que nadie sabe es cómo encara esto Jones y el verdadero impacto de sus mensajes, que se descubre en un final muy bueno donde deja muchas preguntas abiertas acerca de las motivaciones de los líderes y el pensamiento de masas.

Dr. Bloodmoney, o cómo nos las apañamos después de la bomba (1965)

Otra de mundos post apocalípticos. La novela se ambienta en la zona de la bahía de San Francisco y parte de California después del desastre nuclear que terminó con el mundo tal y como lo conocemos. Con su multitud de personajes intenta describir cómo sería una sociedad surgida de tal desastre centrándose en aspectos como los grupos o la economía. Especial mención al único astronauta atrapado en órbita que desde el cielo ve cómo ha cambiado el mundo y lo transmite a través de la radio, o el discapacitado que obtiene ciertos poderes mentales tras la caída de las bombas. Éste, harto de burlas y de haber sido un paria de la sociedad tratado con condescendencia, usa sus dones para aterrorizar a toda la población de la zona, lo que provoca que la gente tenga dudas morales políticamente incorrectas sobre él. Mientras tanto la historia del Dr. Bloodmoney, el sujeto que apretó el botón que inició la destrucción nuclear, corre de boca en boca.

Tiempo de Marte (1964)

Las Naciones Unidas animan a la población de un decadente planeta Tierra para emigrar a Marte en busca de una nueva vida. Lo que nadie sabe es que el planeta rojo está dominado por ideas eugenésicas y por varios gremios, siendo el más importante el del agua, cuyo control supone tener el poder de facto del planeta. Su líder, Arnie Kott, actúa como un mafioso movido por la ambición donde la ética y la moral no forman parte de su personalidad hasta que se interesa por rescatar a su hijo secreto, el cual tiene autismo y fue abandonado en un orfanato por ello. El niño posee una serie de dones que le hace comunicarse mentalmente con los habitantes originales de Marte (curiosamente son nómadas y de raza negra), por lo que Kott no dudará en utilizarlo para sus propósitos, con catastrófico final. Supuestamente es una crítica velada a la conquista del salvaje Oeste y la historia del sur de los EEUU.

La fe de nuestros padres (1967)

En este psicodélico relato corto nos adentramos en una futurista y cosmopolita ciudad de Hanoi (Vietnam) donde la población es drogada en secreto con alucinógenos para no percibir quién está detrás del poder gubernamental. Tras esto, un régimen socialista heredero de la URSS es dirigido por un peculiar ente.


No he incluido la famosa ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) porque paradójicamente la considero de sus peores obras principales. Escrita a prisas, aunque tiene conceptos muy interesantes fue superada por la película Blade Runner de 1982. A pesar de estar basada muy libremente en la novela, el mismo Dick (que murió poco antes de su estreno en cines) opinó que transmitía todo lo que él pretendía. Y es que los que vengan de la película quedarán frecuentemente desencantados con el material original, aunque ambos sean complementarios. De todas formas es un clásico de su obra que no está de más leer.

3 comentarios en “Philip K. Dick, génesis del cyberpunk”

  1. […] La primera versión que tuve fue una edición clásica con la voz en off y era horrible. Luego conseguí otra sin la narración: ahora la entendía, conectaba con ella después de dejarle todo el protagonismo a las imágenes y secuencias sin diálogos. El posterior montaje final lanzado unos años después era perfecto y confirmaba que se había convertido en mi película favorita, hasta me compré una edición coleccionista en DVD con caja metálica y muchos extras. También supuso conectar definitivamente con Philip K. Dick. […]

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