Muros digitales, tecnofeudalismo y web pequeña

La web 2.0 está corrupta. Los espacios libres y comunes donde la gente se encontraba para compartir y crear han sido paulatinamente sustituídos por grandes parcelas virtuales en manos de unas pocas tecnológicas. No, no es el argumento de una obra de ciencia ficción, más bien son los tiempos que estamos viviendo actualmente en internet y que salpica a la sociedad, debido a la gran influencia que ejerce sobre nuestras vidas y economías. Si bien es cierto que la red se ha hecho más global que nunca y el grueso de la población lo celebra, también les falta la cultura informática suficiente para darse cuenta de la cara B, una de la que apenas se habla. Hemos pasado de ser los dueños de la web a ser unos simples usuarios recogiendo migajas por el camino, uno que transita a través de la vigilancia y el recorte constante de derechos de uso. Un camino asfaltado por la comodidad y la monetización donde la seguridad es vendida a cambio de libertad, y el contenido es troceado para sacar de él hasta el último céntimo a través de la publicidad. La pereza, codicia y vanidad han sido los ladrillos de un muro digital que nos va a costar derribar.

Ya lo comentaban en su blog Adrián Perales, C3PO o FreakSpot a raíz de la amenaza que Google envió a los desarrolladores de Invidious, el frontend libre para YouTube. El mensaje parece claro: la publicidad no se toca, los datos no se tocan y, sobre todo, el poder de las API será usado para cortar el grifo. Twitter ya bloqueó las aplicaciones de terceros, y Reddit hará algo similar. El poder que les hemos dado como usuarios/consumidores a esas grandes corporaciones está siendo usado contra nosotros con una avaricia sin precedentes, donde las cosas buenas que obtenemos a cambio empiezan a ser mínimas comparado con lo que se llevan. A la enorme cantidad de datos recogidos le tenemos que sumar el seguimiento y creación de perfiles para marketing y resultados de búsquedas, la cada vez más frecuente publicidad —mostrada en base a la información recolectada— y por si eso fuera poco el pago de cuotas por opciones y servicios sin ventajas en la privacidad.

Si sumamos cuántos de esos servicios usamos al día, los números son grandes en todos los sentidos. La difícil tarea de salirse de ahí usando métodos alternativos nos pone cada vez más en una situación compleja y, ciertamente, menos cómoda sin unas garantías razonables. Por ejemplo hace poco intenté instalar Pi-hole para bloquear la publicidad y el rastreo en toda la red de mi casa. ¿El resultado? Nulo: la opción de cambiar el DNS (necesario para que surta efecto) ha sido capado de fábrica en mi router, propiedad de la compañía telefónica, con la excusa de la «seguridad del servicio». A no ser que compre un dispositivo propio totalmente configurable, el quitar la publicidad de mi red mediante esa funcionalidad libre y abierta está muy complicado.

Eso me hizo recordar un modelo socioeconómico llamado tecnofeudalismo, del que algunos pensadores ya hablan. Un modelo donde empresas como Google, Apple, Amazon o Meta empiecen a ser las dueñas de la web, donde su influencia provoque cambios directos en las libertades personales y civiles mediante chantaje mercantil. Esto llevaría a un nuevo modelo donde todo gire en torno a eso, pequeños feudos tiránicos con un nuevo tipo de expropiación y censura como forma sibilina de asegurar sus respectivos oligopolios. Donde la fórmula «hardware concreto para software concreto, software concreto para servicios concretos» podría ser la nueva tendencia para asegurar el «buen funcionamiento»: es el sistema que sigue Apple con sus productos o Google con su navegador Chrome. Ya dependemos demasiado de ese sistema y como siga así, con una población siendo estúpidamente consumista, cortoplacista e inculta en ese aspecto, no augura un futuro prometedor.

Sin embargo, por otro lado, aún queda gente consciente de eso. También es una tendencia en auge, mucho más pequeña eso sí, pero cada vez más comprometida con alternativas que al menos frenen esa situación, esperando que de alguna forma eclosione. La web pequeña (small web) así como los servicios al estilo Fediverso empiezan a formar una subcultura resistente y decidida a divulgar estas soluciones y hablar de las problemáticas a las que hace frente. Puede que no sea mucho, puede que esté condenado a ser una rareza de un puñado de geeks y gente indie, pero espero que haga florecer un mercado de empresas alternativas y servicios enfocados a la privacidad y aligerar la web, al mismo tiempo que renuncian a la recolección de datos y apuestan por otros modelos de monetización no dependientes de la publicidad agresiva. La vuelta a la autopublicación, las páginas web personales, los blogs y los foros gestionados por usuarios es muy necesaria, más que nunca, así como el uso de motores de búsqueda alternativos como DuckDuckGo.

Entramos en una situación complicada de la que es difícil salir, y el grueso de la población no entenderá esto hasta que se vean ahogados. Tampoco sabrán qué hacer. Eso es motivo suficiente para ir abonando el terreno, escribir sobre el tema, levantar alternativas, demostrar algo diferente. Así al menos quedarán otras migajas de pan por el camino, esta vez unas que lleven a un lugar seguro donde el uso de internet tenga un legítimo dueño: nosotros mismos. Cuanto más tarde comprendamos como sociedad la importancia de una web libre y abierta, más difícil será hacer frente a las pesadas consecuencias de estos días.

Imagen: caída del muro de Berlín

13 comentarios en “Muros digitales, tecnofeudalismo y web pequeña”

  1. Nos quieren plenamente dependientes de ellos y sin posibilidad de escapatoria, por eso atacan ahora a los frontends alternativos.
    Sobre lo que comentas de las DNS, también puedes bloquear a nivel de dispositivo con el archivo hosts, puedes echar un vistazo a https://tblock.me/ ,yo lo estoy usando en varios pcs y funciona bien.

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    1. Es la tendencia y creo que por eso están on fire con los planes de pago y publicidad. Entiendo que haya que ganar dinero, pero hay cosas muy exageradas.

      Tendré que estudiar esa posibilidad a ver si me soluciona algo. Gracias por el aporte y comentar!

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  2. Lasciate ogni speranza… La mayoría considera los dispositivos actuales como electrodomésticos y los programas/posibilidades de comunicación algo asimilado a un derecho. Si a ello le sumamos la fácil adicción a la combinación ‘pertenencia’-‘necesidad’ a grupos con afinidades similares…

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  3. Yo solo quería hacer una apreciación sobre los front end alternativos y su posible bloqueo, y el problema es que acceden a las mismas redes privativas de GAMMA ( GAFAM) , no lo veo una solución, porque se trata de crear redes alternativas a GAFAM , no de front-end para acceder a esas redes sin publicidad, al menos NewPipe, permite acceder a PeerTube, no veo por qué seguir accediendo a redes privativas existiendo el Fediverso

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    1. Entiendo tu planteamiento, pero yo lo veo de otra forma: porque al menos de momento no queda otra.

      Hay que pensar que los cambios son lentos, y salvo que ocurra algo gordo no vas a convencer a una gran cantidad de gente para que se mude al fediverso. Por algo se empieza, tiene haber un topo en el «mainstream». Puede que las alternativas a los frontend oficiales sean un primer paso, aunque obviamente no el ideal.

      Todos los que tenemos este tipo de ideas somos demasiado rupturistas a veces, y más vale ser persuasivos. No por el hecho de mentir, sino porque todos hemos cambiado nuestras costumbres poco a poco para ver los resultados sobre el camino. La gente menos interesada en cuestiones de privacidad y libertad es, por definición, la más reacia a cambios.

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      1. …lo único que se me ocurre es que los FrontEnd tengan ese doble uso, como en el caso de New Pipe , por un lado acceden a las redes privativas, pero accediendo también a las federadas y libres, no puede ser que desde Invidious no se pueda acceder a Peertube. Frontends como Nitter deben poder acceder a Mastodon y Pleroma. De esta forma, nuestras redes se irían abriendo camino

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  4. […] La Web e Internet en general se planteó como un servicio descentralizado, donde un fallo en uno de sus nodos no pusiera en jaque a todo el funcionamiento. Una tecnología que aspiraba a la réplica, la interoperabilidad mediante protocolos estándar, y la posibilidad de levantar servicios propios a manos de particulares, comunidades y pequeñas empresas. Esa visión es la correcta para que dicha herramienta nos haga libres y no simples plebeyos de lo que bien podría ser el tecnofeudalismo. […]

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