Imaginemos un mundo donde no podamos acceder a nuestro dinero en el banco. Un mundo donde no podamos acceder a la música, ni a las películas, ni a las enciclopedias. Un mundo donde los hospitales no tengan los datos de sus pacientes ni puedan gestionar medicamentos. A día de hoy un mundo así es posible en cualquier momento con una caída de red, un fallo en el suministro eléctrico o sencillamente un error de software. Precisamente algo similar ha ocurrido estos días con el desastre de CloudStrike, una plataforma de seguridad que dejó inutilizados a muchísimos equipos profesionales vitales para la economía y la sociedad. Y como afectaba a Windows, con un dominio del 80% de cuota de mercado, fue un desastre.

Aunque no hace falta irse muy lejos: una caída del wifi, un apagón casual de luz o un fallo en tu app del banco puede generar el caos. Estamos dependiendo demasiado de la tecnología, nos jugamos todo a una carta, construimos una sociedad sobre un castillo de arena… Y cada vez será más frecuente. En los últimos años se están digitalizando y centralizando muchísimos servicios con la excusa de la comodidad y el ahorro de costes, se están relegando miles de cosas a plataformas virtuales como AWS que no sólo obtienen un poder desmedido, sino que los hace tremendamente vulnerables. Nos vamos a disparar en los pies.
A este paso sólo unas pocas tecnológicas dominarán el mercado y las comunicaciones, pues todas las demás delegan en ellas. Los usuarios finales no tenemos ningún poder sobre eso y lo que es peor: casi no tenemos alternativas. Nuestra dependencia, nuestros datos, nuestra rutina… todo va unido a esa masa de servicios que no son capaces de vivir los unos sin los otros.
La Web e Internet en general se planteó como un servicio descentralizado, donde un fallo en uno de sus nodos no pusiera en jaque a todo el funcionamiento. Una tecnología que aspiraba a la réplica, la interoperabilidad mediante protocolos estándar, y la posibilidad de levantar servicios propios a manos de particulares, comunidades y pequeñas empresas. Esa visión es la correcta para que dicha herramienta nos haga libres y no simples plebeyos de lo que bien podría ser el tecnofeudalismo.
Necesitamos volver a la tecnología estanca e independiente, aparatos que no dependan de software o actualizaciones, que puedan funcionar sin conexión y sin fallos durante mucho tiempo. Necesitamos un Internet más variado con normas estándar que nos permita sostener los servicios y los datos sin depender de grandes corporaciones. Necesitamos soluciones específicas y locales para entes sensibles de la sociedad. Necesitamos más tecnología a pequeña escala que sirva a individuos, sociedades y territorios con sus propias necesidades. Necesitamos más competencia, industria y ensamblaje local de componentes. Necesitamos más makers, más webmasters y más web pequeña. Necesitamos más software libre. En otras palabras: deberíamos aspirar a ser más autosuficientes.
La hiperconexión no es la solución. Tampoco lo es renegar de lo físico (dinero, aparatos, etc), de lo analógico, de la documentación en papel o de los pequeños servidores. La evolución tecnológica no debe centrarse en esa idea global: el globalismo tiene muchas ventajas pero genera un caos sin precedentes que hace todo homogéneo sin contemplaciones de ningún tipo. La tecnología duradera es la que va de lo específico al todo, y no del todo a lo específico. De lo local al mundo, no del mundo a lo local. De lo pequeño a lo grande, no de lo grande a lo pequeño. Sólo así podremos conectar realmente a las personas, de lo contrario estaremos jugando a tener problemas ante el más mínimo inconveniente, donde si cae uno caemos todos.
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Imagen: Unsplash / Jorge Ramírez
Excelente post y muy buena reflexión, hay que sumarle que a día de hoy la tecnología está yendo a que todo esté automatizado sin que nosotros hagamos alguna intervención y esto también es gravísimo, lo tocas en una de tus líneas perdemos el ser (autosuficientes), esto se ve reflejado en que la gente quiere todo echo y cuando algo falla se vuelven locos sin saber qué hacer porque todo lo que usamos está gestionado por terceros y no tenemos control sobre las herramientas que usamos a diario.
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Cuanta más comodidad, menos conocemos aquello que manejamos. También creo que no existe una asignatura competente o actualizada de tecnología/informática en las escuelas, y me parece un básico. Casi es una asignatura secundaria cuando me parece una de las más importantes y prácticas para el mundo que tenemos.
Gracias y un saludo!
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Este es precisamente un tema que me ha preocupado bastante a lo largo de mi trayectoria en la tecnología. El problema lo percibí hace tiempo, cuando compré un móvil, y desde la ignorancia de mi yo más joven, pensé que usar las aplicaciones que venían por defecto era una buena opción. Me refiero, en específico, a Google Fotos, que, al eliminar mis fotografías de mi dispositivo y subirlas a un servidor, me quitó la opción de ver mis fotos en cuanto dejé de estar conectado a Internet.
Una vez que identificas un problema, empiezas a verlo en múltiples áreas: al escuchar música, al ver videos o incluso al editar documentos. Hoy en día, hay servicios en línea para todo tipo de problemas informáticos.
La solución que encontré es bastante simple: prefiero usar mis dispositivos en lugar de la nube de alguien más. Mi teléfono móvil tiene almacenamiento, puedo hacer una copia de seguridad en mi ordenador de sobremesa y otra en mi portátil (sin contar con que también puedo usar almacenamiento externo). Con tres o más copias de un archivo, es más difícil perderlo. El tema de acceder a mis archivos desde mis dispositivos también lo tengo solucionado de esta manera.
Ahora bien, si quiero solucionar problemas informáticos de forma local, sin depender de un servicio, tengo que entender cómo hacerlo. Debo comprender cómo se almacenan los archivos en mi dispositivo y cómo hacer copias en mis otros dispositivos, así como cómo automatizar esas copias, porque hacer todo esto a mano es incómodo, sobre todo cuando se trata de gestionar demasiada información.
A pesar de entender casi a la perfección mis dispositivos y el software que utilizo en ellos, hay cosas que se escapan a mi control. El dinero, por ejemplo, es algo que no depende de mí, así como el lugar donde se guardan mis datos médicos o los fallos en mi proveedor de servicios de Internet…
Lo que está en mi control es saber qué dispositivos tengo, qué sistemas operativos uso, qué paquetes de software utilizo y qué información manejo. El resultado es prometedor: mi PC la tengo desde 2011 con Debian, y en todos estos años, solo he tenido un fallo en el disco duro que he podido sobrellevar sin problemas gracias a los buenos hábitos a la hora de gestionar mis copias de seguridad.
La tecnología hoy en día está al alcance de todos. El problema es que muchas personas no intentan entender cómo funciona y caen en la creencia de que un servicio creado por una empresa malintencionada tiene la solución a sus problemas.
Una vez más, excelente escrito!
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Exacto! Aprender de tecnología a día de hoy es bastante más sencillo creo yo. Sin un mínimo de interés para conocer por dónde te mueves, entonces de poco sirve ser un nativo digital. A ver si las cosas cambian un poquito.
Gracias y un saludo!
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