En defensa de la piratería

Dios salve al capitalismo de los defensores del capitalismo.

—Ayn Rand

En un mundo ideal los consumidores escogerían alternativas libres o de código abierto para el software, aunque sea por el precio o para aquellos casos en los que no haga falta una inversión en licencias comerciales. En un mundo ideal, con una oferta creciente de productos digitales y el abaratamiento de costes, éstos deberían ser más asequibles beneficiando a la cultura.

Pero esto no es un mundo ideal y no todos usan alternativas libres, ni la competencia y el abaratamiento de costes se traduce en una bajada de precios inmediata, ni siquiera el poder adquisitivo de los consumidores aumenta en la misma proporción ni a la misma velocidad que la oferta. La gente se acostumbra a ciertas marcas que dominan el panorama, los precios suben en diversos productos y suscripciones y, sobre todo, se nos inunda con servicios que generan molestas duplicidades. Todo eso sube el listón sobre qué podemos obtener y qué no una vez que se ha jugado con nuestro deseo tras la aplicación del márketing más agresivo.

Del analógico al digital

El tema de la piratería es un debate muy viejo, con polémicas desde al menos la llegada de los casete y VHS a los hogares en los años 70 y 80. El aterrizaje de tal asequible pieza de cinta magnética dio lugar a una práctica de masas que estaba más o menos protegida legalmente: la copia privada. Alguien podía copiar la música que quisiera de la radio o de sus discos para uso personal o bien para compartir con otra persona, que a su vez podía copiar para sí mismo.

Ocurrió igualmente con los disketes, CDs, DVDs y los formatos digitales junto a la adopción masiva de internet. El debate de la propiedad intelectual ocupó un lugar más moralista y etéreo a medida que las barreras físicas para copiar fueron derrumbándose. Nadie estaba robando el producto en sí, pero duplicarlo para uso personal empezaba a ser un «problema». El DRM y la llegada de los servicios privados fueron la respuesta ante tal situación. Los impuestos a los productos digitales, mal llamados «cánones«, empezaron a tratar a los usuarios como piratas por defecto encareciendo aún más los precios.

Aunque ponen a la industria patas arriba es curioso cómo el éxito de ciertas cosas con tendencia a la piratería se benefician, haciendo de esa propiedad algo atractivo. A todos se nos viene a la mente algunos ejemplos cuya posición está condicionada por este fenómeno: Windows en los SO domésticos, PlayStation en las consolas con lector óptico o los actuales servicios de streaming tras el boom del P2P. En todos y cada uno de ellos la piratería —o el camino que abrió— fue un factor clave de su éxito; más allá del prejuicio que a priori les supone han salido beneficiados.

La piratería es, por tanto, una práctica cuestionable en algunos aspectos pero que actúa de moderador natural en un mercado dominado por los consumidores y no tanto por las empresas. Oferta y demanda; una oferta inabarcable o abusiva frente a una demanda que no puede con todos los gastos y el ritmo marcado por la industria. Y sobre todo puede ser la salvación de cosas que de otra forma estarían destinadas al olvido por las propias empresas, como ha ocurrido con el software antiguo, las películas descatalogadas o los videojuegos retro (que se están convirtiendo en otro mercado muy interesante).

Proporcionalidad, la clave

No defiendo la piratería por sistema, ni esto es un manifiesto para ponerse a surcar el mar Caribe como si no hubiera un mañana. Obviamente aborrezco su uso por defecto para sacar un beneficio personal o económico a expensas de los demás, condenando especialmente las mafias. Es, sencillamente, aceptar que esta práctica se dio y se sigue dando a título individual por motivos que son más prácticos y sencillos de lo que parece. Estamos en un mercado de consumo masivo donde, oh sorpresa, poca gente puede permitirse hacerlo masivamente de forma continuada en el tiempo. Se traza una dinámica de consumo cultural que intenta mantener un crecimiento continuo, prácticamente imposible sin condiciones y/o precios más ajustados ante los cambios que se van experimentando.

Por ejemplo, hace unos años Spotify se catapultó gracias a su accesibilidad y justificó el abandono de la piratería, hasta el punto que el streaming ya es el medio más usado para escuchar música por encima de las descargas. Los comienzos de Netflix también fueron similares, ofreciendo buen servicio y comodidad por un precio popularmente justo. Sin embargo, una vez que las plataformas se multiplican y éstas suben precios la piratería vuelve a dispararse. Si ofreces por encima de las posibilidades, prepárate para que se obtenga por encima de las posibilidades. Si cosas como Photoshop o Windows son requeridos como un estándar y sus licencias cuestan cientos de euros, preparémonos para un pirateo masivo. Si no hacen más que sacar series y películas para plataformas concretas, preparémonos para que una parte de los espectadores las obtengan por medios alternativos al oficial. Ah, y cuanto más hype se genere más ansia por obtenerlo de la forma que sea… y el hype es un factor de moda en el márketing, donde deberían aceptar que el tiro puede salir por la culata.

Sé que no todo el mundo piratea todo, y quien lo hace así suele estar mal visto. La gente es selectiva con esas cosas: a lo mejor descargan la música pero asisten a conciertos y compran merchandising, quizás pirateaban la Play pero eso les llevó a ser fieles a la marca —comprando tanto las consolas como los juegos—, quizás usaban el P2P para los videojuegos y ahora usan Steam.

La compartición llevó progresivamente a otros hábitos de consumo y a otros precios. Esa práctica permitió acceder a mucha gente a contenido cultural que jamás hubieran imaginado, cocinando auténticas legiones de fans que han sido el motor económico del auge en la industria del entretenimiento. La cuestión está en la proporcionalidad: el pirateo no debería ser la norma ni la proliferación de pícaros sino una protesta popular, una rebelión de los consumidores ante un mercado que se torna abusivo y codicioso. Seleccionar qué pirateamos, cuándo, cómo y por qué me parece bastante lícito si lo mantenemos en el ámbito privado y fuera del beneficio económico o la reventa. Al no extraer el producto, porque éste ya no depende de nada físico, técnicamente no estamos robando. Y esto lo saben hasta los defensores de la propiedad intelectual por más que frunzan el ceño.

Si nos tratan como piratas, seremos piratas

Como dije más arriba, el hecho de que haya impuestos a los medios digitales por el copyright, sin cortapisas, me parece un tanto absurdo. Esos cánones no hacen más que tratar a los consumidores como piratas potenciales, intentando ponerle puertas al campo, con lo cual a nadie debería extrañarle si finalmente adoptan ese rol. Si ya estamos pagando por algo que a lo mejor no hemos hecho y encima no podemos abarcar todas las exigencias, entonces el canon no es más que una patente de corso.

Están legitimando moralmente el derecho a copiar y obtener por medios alternativos aquello que queramos, dejando a nuestra valoración en qué punto paramos. Cuanto más abusen de nosotros más abusaremos nosotros de ellos en una espiral que será catastrófica, ahora sí, para la propia industria. El respeto al consumidor, así como una proporción adecuada entre precio-producto, se vuelve necesario para un mercado sano cuyo crecimiento sea natural y no planificado ni especulativo con objetivos que sólo existen en la mente de directivos y juntas de accionistas.

La piratería es el síntoma de algo complejo que pone de manifiesto diversos problemas de todo tipo. Atacarla y perseguirla per se no va a solucionar nada mientras no haya una armonía que la desincentive. Ya hemos visto cómo fue posible relegarla a algo casi marginal, y también hemos visto cómo su regreso está propiciado por los últimos movimientos del mismo streaming que un día la mantuvo a raya. Si ni siquiera tenemos el derecho de compartir lo que obtenemos de manera lícita, como pagar por una suscripción o comprar un disco, ¿qué libertad nos queda? Si los medios digitales e internet han abaratado enormemente los costes y han ampliado el mercado, ¿entonces qué justifica la subida de precios y las actitudes despóticas de las empresas? La libertad es bidireccional, y si los consumidores pegan un golpe encima de la mesa y cambian sus hábitos por algo será.

Más temas relacionados:

Las casetes piratas pusieron en «peligro de muerte» a la industria antes que internet | ABC

La piratería está en auge, y parte de la culpa la tiene la fragmentación de los servicios de streaming | MuyComputer

10 comentarios en “En defensa de la piratería”

  1. al inicio de la piratería de música, las casa discográficas decían que esa práctica era la muerte de la música y que iba a acabar con la música y los músicos…

    Esas mismas casas de discos que firmaban contratos leoninos y completamente abusivos con los grupos para exprimirles mientras eran rentables. No buscaban fomentar y difundir la música, buscaban hacer negocio y de la manera más rentable sin importar nada más…

    Tenían miedo que acabara con su modelo de negocio, no con la música. La autoedición, la autodistribución, los canales lejos de sus redes que se han abierto para difundir música y artistas, a eso tenían miedo… La música sobrevivirá y quien sienta esa pulsión como algo vital.

    Saludos

    offtopic: para mi gusto, prefiero párrafos más cortos, que no hagan tan pesada la lectura y el resalte de alguna idea con negritas, lo digo por la que hablamos el otro día por el fediverso… pero ese es mi gusto personal!! 🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. Sí, yo también lo pensé: o necesito simplificar cosas o a veces tendré que hacer más párrafos. Ya iré probando métodos a ver si me gusta de otra forma.

      Sobre el tema de la música, justo se me viene a la mente el boom actual de los macrofestivales y cómo empiezan a abusar de ese negocio. No sé si los mismos artistas y discográficas están metidas en el meollo, pero últimamente se mueve demasiada pasta como para que se vengan quejando de que les piratean algún disco.

      Un saludo!

      Me gusta

Deja un comentario (puedes usar Markdown)