A Concert for the Masses
Tras escribir sobre Ultra me apetece entrar un poco más en harina con Depeche Mode y mis discos fetiche. DM tiene una trayectoria muy rica desde sus comienzos en 1981, más de lo que se imagina. Una banda alternativa que se negaba a hacer algo que sonase comercial, que tuvieron que ganarse el respeto a pulso mientras eran ninguneados, y que culminó en su incorporación dentro del Hall de la Fama del Rock. Su influencia en la música acabaría traspasando a géneros y bandas tan dispares como, por ejemplo, Linkin Park. Y es que poco se habla de su peso en el industrial. Pero antes algo de contexto sobre cómo llegamos a 101, al que dedico esta entrada.

La segunda mitad de los años 80 fue una época clave para ellos. Alan Wilder (teclados, programación, sampling, producción y un sinfín de roles más dentro de la banda) insufló un aire de calidad en discos como Some Great Reward (1984) con ese sonido metálico tan potente, fruto de experimentos innovadores para la época. Por ejemplo ya usaban ordenadores, el E-mu Emulator, o pasaban las líneas de ritmos a todo volumen hacia el piso de abajo del estudio, a una sala completamente vacía donde se captaba el resultado con varios micrófonos (de ahí ese reverb y esos bajos). Ese disco, considerado de los mejores del grupo, cosechó gran éxito en Alemania donde pioneros como Front 242 se abrían camino. Todo eso influiría posteriormente en el techno a ese lado de Europa. Sus letras eran provocadoras, jugando con la sexualidad y los temas religiosos, toque característico a partir de entonces.
Su siguiente joya, Black Celebration (1986), viró hacia el darkwave tomando tintes más oscuros y melódicos, con referencias a la muerte y letras pesarosas. Es ahí donde Depeche Mode empieza a ganarse el corazón de todos aquellos oyentes afines con la música gótica. Un disco ligeramente más suave que su predecesor pero que influyó para siempre en su atmósfera y uso de samples. Ya casi teníamos formado al DM definitivo, sólo faltaba el penúltimo paso…
…y llegaría justo antes de los años 90 con Music for the Masses, álbum lanzado en 1987 y que suponía algo así como un destilado de los dos anteriores. Altamente experimental y variado, de forma paradójica suena bastante pop y su título era premonitorio, pues fue otro éxito en su carrera. El disco que les abrió definitivamente las puertas de los EEUU, de donde tomarían un poco de ese estilo country/rock que sonaría más adelante en Personal Jesus. Ya podía escucharse en las canciones Pleasure, Little Treasure o Route 66 (original de Nat King Cole, aunque esta versión probablemente se inspira en la de Chuck Berry). Éste fue el campo de pruebas para el posterior Violator (1990).
Con ese panorama se fueron de gira al continente americano donde tuvieron buena acogida. Decidieron dar un último concierto en Pasadena (California), el número 101, un gran espectáculo que rememoraría su carrera hasta entonces. Decidieron arriesgarse y hacerlo en el estadio Rose Bowl, no sin muchas dudas por parte de todo el mundo ya que era ambicioso. Pero, sorpresa, lo llenaron hasta reventar: casi 80.000 personas asistieron para lo que se convertiría en el primer álbum en vivo de la banda. El sonido era ES-PEC-TA-CU-LAR, y así se recoge en las grabaciones.
Un sonido renovado y más industrial benefició a los temas de años anteriores, así como los múltiples arreglos que los acercaban al disco de 1987. Todo tiene una coherencia que le hace la boca agua a cualquier fan de los Depeche clásicos. La banda empezó atónita ante la cantidad de gente, pero luego todo fluye en su primer «megaconcierto». Al terminar, entre una gran ovación, Dave Gahan lloraría entre bastidores creyendo que estaban acabados, que jamás podrían igualar semejante éxito. Obviamente se equivocaba, pero eso es tema para otro día. Parte de todo esto puede verse en un apasionante documental que filmaron para la ocasión, y que muestra las peripecias hasta el citado evento. El concierto entero también se publicó en vídeo.
Este álbum fue el segundo que tuve de ellos, siendo niño, y llegó como maná caído del cielo. No recuerdo cuándo, pero no tendría más de 12 años. Era verano y mi amigo Jesús había llegado al pueblo para pasar las vacaciones. Un día estábamos en su casa escuchando música en el equipo de su padre, mientras merendábamos. Por ahí andaba yo revolviendo los cajones llenos de cintas pirata, la colección familiar. Había mucho rock de los años 50 y 60, cosa que por aquel entonces no me llamaba la atención pero…
—Un momento… ¿Depeche Mode? ¡Depeche Mode! ¿Le gusta a tu padre?
—¿El qué? Pues no sé, no me suena, debe ser de mi tío. ¿Los conoces?
—¡Claro que los conozco! ¡Me encantan! ¡Ponla!
Y la primera canción que sonó fue Something to Do. Siempre lo recordaré porque me pareció un momento mágico, de esos que ya casi no hay.
No había títulos de canciones ni nada, sólo conocía un par de ellas (Shake the Disease y Everything Counts), así que iba a ciegas. En una cara de la cinta había un número: 101. Ni idea de a qué se refería, pero la pedí prestada para hacerle una copia. Se convirtió en mi disco del verano mientras los niños de mi edad estaban con Chayanne y no sé qué paridas de aquel entonces. Bendito casete que terminé desgastando antes de perderlo mucho tiempo después, seguramente tras una mudanza.
El disco empieza con el instrumental Pimpf a medio grabar, para seguir con un éxito tras otro hasta el final, regalándonos varias de las mejores versiones que sacaron a la luz. Behind the Wheel abre el concierto perfectamente, y Strangelove, Blasphemous Rumors, Stripped, Somebody o Things You Said son una maravilla. Black Celebration, People Are People, Master and Servant o Never Let Me Down Again tampoco se quedan atrás antes de sacar la traca final. Un recopilatorio inigualable para repasar lo mejor de su primera etapa, mientras de fondo se escuchan los gritos de un público frenético. Casi todos los conciertos posteriores de Depeche Mode beberían de éste, sentando un precedente y unas costumbres que se repiten hasta el día de hoy.
Aunque con la llegada de los CD se publicó el concierto completo, me quedo con la tirada original (la que conocí). Ésta fue editada para caber en los LP y casetes de la época, prescindiendo de 3 temas. El tracklist original era:
- Pimpf
- Behind the Wheel
- Strangelove
- Something to Do
- Blasphemous Rumours
- Stripped
- Somebody
- Things You Said
- Black Celebration
- Shake the Disease
- Pleasure, Little Treasure
- People Are People
- A Question of Time
- Never Let Me Down Again
- Master and Servant
- Just Can’t Get Enough
- Everything Counts
En 2012 fui a la Feria del Disco en A Coruña, y rebuscando entre los vinilos me encontré el doble LP original de 1989 por 15 euros. No me lo pensé ni un segundo. El señor del puesto me soltó un «te llevas un gran disco, chaval». Nunca supe si me lo decía en serio o para quedar bien, pero no podría haber estado más de acuerdo con él.
Por cierto, a mi amigo Jesús tras ese evento también le empezó a gustar Depeche Mode, y siempre que nos veíamos me preguntaba si había escuchado lo último de ellos. Punto, set y partido para aquel casete tirado en un cajón de su casa de verano. A día de hoy sigo sin saber si pertenecía a su padre o al tío, pero prefiero conservar el misterio porque forma parte de la anécdota. Me parece una buena historia para contar.
Canción destacada
Imposible escoger sólo una, cualquiera de las que nombré serviría. Aunque como me gusta dar la nota recomendaría Somebody para escuchar una de las mejores baladas del grupo, en una versión irrepetible con sólo dos miembros en el escenario: Martin Gore como voz y Alan Wilder al teclado.
Una letra dulce, realista y sincera sobre el amor. Las chicas gritando desatadas al fondo os lo confirmarán. En 2010, ya con Wilder fuera de la banda desde 1995, repetirían la jugada en un concierto de Londres… con el propio Wilder como invitado especial. En esa ocasión se hizo el silencio absoluto. Respeto. No es para menos, sólo Alan sabía tocarla como merece.
[…] poner algo de contexto sobre mi affair con DM y los discos Ultra y 101, llego al inicio de esa historia. Me conozco este álbum al dedillo: lo he escuchado cientos de […]
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[…] escribir sobre mis queridos Depeche Mode y sus tres discos que más me influenciaron (1, 2, y 3) hoy me centro en su cantante, Dave Gahan. Voz mítica e inconfundible, tras hacer sus pinitos […]
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[…] sobre Depeche Mode, consideraba que tras reseñar sus tres álbumes más influyentes para mí (1, 2 y 3) era suficiente… pero me dejaba algunos en el tintero que merecían una dedicatoria. […]
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[…] trabajo. Tras una grabación llena de roces y una extenuante gira mundial tan buena como la de 101, Wilder abandonaría la formación en 1995 dejando huérfanos a muchos fans que seguimos suspirando […]
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