Violator (1990), de Depeche Mode

«All I ever wanted, all I ever needed is here, in my arms…»

Uno de los mejores álbumes de la música electrónica y de las últimas décadas. Una portada icónica gracias a un Anton Cobijn en plena efervescencia creativa. Una pieza de culto. El que probablemente sea el ejercicio más elegante del synthpop y el broche final para una etapa dorada del género. Hoy, en la tercera y —por ahora— última entrada sobre Depeche Mode, toca hablar de esta joya. Mi disco favorito, la banda sonora de gran parte de mi vida, y la que me gustaría que sonase en mi entierro: Violator.

Tras poner algo de contexto sobre mi affair con DM y los discos Ultra y 101, llego al inicio de esa historia. Me conozco este álbum al dedillo: lo he escuchado cientos de veces, me he empapado de sus preciosos sintetizadores y sus reverbs, de sus letras y de su ritmo, de su estilo y elegancia. Siempre que pruebo algún equipo o gadget de audio lo valoro poniendo este disco, porque me sé los detalles, porque aún recuerdo el sonido original del vinilo de 1990.

Es más, sé identificar los LP originales sólo por el color, los brillos y la disposición tipográfica de la portada —ligeramente diferente en sus reediciones—. No en vano atesoro 3 ejemplares de esta maravilla: edición original de Mute Records España, edición remasterizada en doble disco de 180 gr. y el CD. Eso sin contar con la copia en FLAC de la mayor calidad, sin compresión, ripeada desde el CD original que poseo. Además tengo los maxi singles de Enjoy the Silence y Policy of Truth.

El descubrimiento de este álbum por mi parte no tiene una historia tan buena. Sencillamente lo tenía mi padre en su colección, en parte porque le gustaba, en parte porque le hacía gracia que una canción llevase su nombre (Personal Jesus). No era extraño: este disco fue un éxito en España y quizás si no hubiese sido por eso no habría llegado una copia a mi casa. Lo conocía desde pequeño, pero no conectaba con su sonido tan «raro». Yo estaba más centrado en The Police y de ahí no me bajaría hasta más tarde.

El idilio empezó cuando, alrededor de los 11 años, por fin me gané la confianza de mis progenitores para manejar el equipo de música. Fue ahí cuando empecé a ponerme los auriculares y consumir masivamente todos los casete y vinilos de casa. Tomé contacto con artistas como Alan Parsons Project, Peter Gabriel o Frida entre muchos otros, que allanaron el camino para que los sonidos artificiales de estudio amoldaran poco a poco mis oídos y mi cabeza. Sentía fascinación por ese ambiente complejo.

Y la magia llegó. Estaba con los auriculares, escuchando no sé muy bien qué, y vi ese precioso vinilo negro con la imagen de la rosa. «Qué chulada», pensé. En aquel entonces tenía la absurda teoría de que las caras B parecían tener las mejores canciones, así que decidí empezar por ahí con Violator. Sorpresa: la primera canción de ese lado era Enjoy the Silence. Escuchada así, con tanta atención y profundidad, me pareció alucinante. La cara B me atrapó y de ahí salté a la cara A… y luego de nuevo la cara B.

¿Qué sonido era ese? ¿Por qué me asombraba tanto? Esa fue la primera de las innumerables escuchas. Cada tema se convirtió en mi favorito según pasaban los días, los meses y los años. Nunca jamás habría un disco que me levantara tantas pasiones. Fue mi puerta de entrada a la electrónica, y sus letras cantarían a todo tipo de cosas que experimentaría a lo largo de mi vida. Parecía hecho para mí. Esas canciones expresarían mi despertar sexual y sentimental en la adolescencia, pero no lo sabría hasta mucho después. Casi fue profético.

Violator es erotismo puro, como solo Depeche Mode sabe hacerlo. Erótico, doloroso y sentimental. Todas esas sensaciones agridulces parecen ir de la mano con la noche, o si acaso con poca luz. Es un disco que brilla en ambientes tenues, que destaca la pasión y las ironías sobre temas que cualquiera con un mínimo de experiencia en la vida sabría apreciar. Así es como lo vi siempre. Parte de esa «culpa» la tuvo el lenguaje visual que construyó Corbijn como diseñador gráfico, lleno de simbolismo y videoclips rodados en Super 8, apoyándose en una fotografía en blanco y negro como solo él sabe hacer. Estoy convencido de que no soy el único al que le tocó la fibra de esta manera: la adoración casi religiosa de este álbum es frecuente entre los fans.


El disco arranca con World in my Eyes, poseyendo una herencia rítmica de Kraftwerk (es la banda favorita de Alan Wilder). Siempre me sonó bastante avanzada y futurista sin saber muy bien el porqué. Quizás es el bajo, quizás su ritmo complejo, quizás sus cambios entre la parte más sencilla y la más arreglada. Su letra habla sobre enseñar «un mundo nuevo» mediante la pasión y, por qué no, el sexo. Te llevaré a las montañas más altas, a los mares más profundos… y no necesitaremos un mapa, creéme. Empezamos fuerte.

The Sweetest Perfection es la más «experimental» de todo el disco, una potente pieza en compás ternario donde escuchamos sonidos que vendrán más adelante. La letra transita el camino de las obsesiones y el perfeccionismo, con un cierto toque sobre lo adictivo. Las dobles lecturas están servidas como no podía ser de otra forma. La infección más dulce, de cuerpo y de mente. La inyección más dulce, de cualquier tipo. (…) Me detengo y miro demasiado, asustado de que me importe demasiado.

Personal Jesus es una de sus canciones más conocidas y todo un himno. Su videoclip está rodado en Almería (España). Con ese toque country, se inspira en la relación personal de Elvis con Priscilla Presley. Se comenta que ésta decía de su marido que era «su Jesús personal», y de ahí viene la idea. Sexy y poderosa, cantada por una persona tan segura de sí misma que despierta pasiones y devoción allá donde va. Tu propio Jesús personal, alguien que escucha tus rezos, alguien a quien le importa. (…) Yo te haré creyente. Su guitarra está ligada al sonido de Johnny Cash… y a su vez el propio Cash haría una versión de este tema.

Halo es todo lo contrario a la anterior, la caída en desgracia de alguien que ve cómo su objeto de deseo se distancia y no puede remediarlo. Cómo a pesar de tenerlo todo no es suficiente para hacer que esa persona se quede. Sabe que el otro quiere a alguien más, lo siente, y se niega a aceptar la derrota. Una bronca convertida en súplica que, por supuesto, no tiene pinta de acabar bien. Llevas la culpa como grilletes en los pies, como un halo al revés. Puedo notar el malestar en tu asiento, y en tu cabeza es peor.

Waiting for the Night cierra la cara A con una balada tranquila, cantándole al poder de la noche. Cómo ésta camufla el dolor, cómo construye un mundo donde la persona se puede mostrar tal y como es. Cuando todo está oscuro nos aleja de la cruda realidad. ¿Cuáles son esas condiciones para sentirse tan bien en la oscuridad bajo las estrellas? En la noche todos los gatos son pardos, dicen. Es tan sombría que me encanta. Y con el brillo de la luna, sé que mi liberación llegará pronto.

Enjoy the Silence es LA CANCIÓN del álbum y de Depeche Mode. ¿Quién puede dudarlo? Es bailable, suena jodidamente bien y tiene un videoclip épico. Me sorprende que sea una canción que, por lo general, se malinterpreta. Es cierto que DM no habla abiertamente sobre el significado de sus canciones, pero si uno está acostumbrado a sus figuras retóricas y temáticas debería sacar conclusiones bastante fáciles. Pues bien, la letra va sobre alguien abrazado a esa persona tan especial, y dice no necesitar palabras para ese momento. Todo lo que quería, todo lo que necesitaba está aquí en mis brazos. Las palabras son muy innecesarias, sólo pueden hacer daño. Sin embargo… ¿dice eso porque es feliz? ¿O acaso porque se trata de una despedida o un desengaño? ¿Quizás es mejor no dejar nada en claro para no sufrir? Los votos están hechos para romperse, los sentimientos son intensos, las palabras triviales. Disfruta ese momento porque podría ser el último. Esta canción no sería lo que es sin la magia de Alan Wilder en el estudio. Tampoco sin un icónico Dave Gahan vestido de rey y vagando en soledad por el mundo.

Tras un interludio llega Policy of Truth para continuar el viaje a través de las relaciones personales y sus vaivenes, tan intrincados como el propio deseo y los sentimientos. Es una de mis favoritas, con una buena letra y un elegante videoclip. Trata sobre el pesar de alguien al conocer que no es el único en la vida de otra persona (ya me entendéis). Advierte de consecuencias porque: nunca más, es lo que juraste la otra vez. Pero es Depeche Mode y eso quiere decir lidiar con ironías en estos temas. Se sugiere que el protagonista no quería saberlo, que deseaba vivir engañado. Le está penalizando por su sinceridad. Esconde lo que tengas que esconder, y di lo que tengas que decir. Verás que tus problemas se multiplican si continuamente deseas la fiel búsqueda de la política de la verdad. Menuda maravilla.

Blue Dress es quizás la canción más sencilla en su letra, pero no por ello menos bonita. De hecho es una de las mejores baladas del grupo junto con Somebody (1984). Más directa imposible: le canta a la chica que, solamente poniéndose un vestido azul, colma todos sus deseos eróticos. No hace falta que pregunte por qué, ni que haga nada. El simple hecho de admirarla con ese vestido es suficiente para caer rendido a sus pies. Porque cuando aprendas, sabrás qué hace girar el mundo. Erotismo over 9000. Si alguien no ha sentido algo así al menos una vez en su vida para mí está muerto por dentro.

Tras otro interludio se incorpora progresivamente Clean, la última canción del disco. Posee la faceta pesarosa del álbum, y en cierto modo es la casilla de salida para la nueva era del grupo. Calmada, dura, y sombría. Su letra hace referencia a alguien que ha pasado por penurias y vicios, que ha cometido errores y los ha tapado con mentiras, pero teóricamente está recuperado. Limpio, lo más limpio que he estado. El fin de las lágrimas, de los años estancados y de los problemas que he visto. Ahora estoy limpio. Aunque, como no podía ser de otro modo, para gusto de todos lanza un órdago: a veces. ¿Está recuperado y a veces recae, o miente y dice que a veces se siente limpio? Preciosa ambigüedad la de Depeche, conectando con ese lado oscuro y humano que, muy a nuestro pesar, todos llevamos dentro. Y preciosa despedida de disco con ese largo, muy largo final que se pierde en los ecos de un fade out.

Canción destacada

Escuchad el disco y luego me contáis. Difícilmente habrá arrepentimientos, y cualquiera será válida. Os daré la razón en el 100% de los casos.

7 comentarios en “Violator (1990), de Depeche Mode”

  1. Qué buen artículo, aunque me deja el regusto amargo de que nunca lo valoré en su justa medida, y eso que tiene la canción que más me gusta de ellos, experiencia personal propia además (Policy of Truth). Disfrute más de los que vinieron después, desgarradores e imposibles… Ansioso espero tus siguientes artículos. Muchas gracias!!!

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    1. Gracias a ti Pedro!

      Policy of Truth normalmente la considero mi canción favorita, pero a veces depende del momento. Eso sí, está en mi top 3 seguro.

      Esa sensación que tienes con este álbum me ocurre a mi con otros, incluso con grupos de música. Supongo que es normal. Me pasa con Music for the Masses, el cual no considero para tanto comparado con otros de su carrera, y sin embargo tiene muy buenos temas… paradójicamente también tiene el peor de DM, Little 15 (o al menos eso opino).

      También me pasa a la inversa: A Broken Frame suele nombrarse como el peor disco, y de hecho el grupo lo odia. Sin embargo a mí me gusta mucho.

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  2. ME ENCANTÓ. Tengo 16 años y estoy completamente alejado a la lectura, máximo he leído cuentos y algunas que otras novelas de obligado por deberes escolares y, aún así, este artículo me dió muchísimas ganas de poder leer algo así de perfecto y sencillo. 10/10.

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