By the Way (2002), de Red Hot Chili Peppers

«Did you meet your fortune teller? Get it off with no propeller»

Que sí, que los puristas podrán decirme que Blood Sugar Sex Magick (1991) es el mejor disco de Red Hot Chili Peppers. O en su defecto Californication (1999), con esa mítica portada y éxitos como Scar Tissue u Otherside. Pero es justamente By the Way (2002) el que más me gusta por un detalle: reúne ese sonido melódico que la banda había cultivando poco a poco desde su funk rock, presente en los citados álbumes. Y es que temas como Under the Bridge o la descartada y genial Soul to Squeeze ya llevaban ese sonido inconfundible.

Flotaba algo en el aire para que este álbum sea tan bueno. No seré yo quien descubra que para el guitarrista John Frusciante supuso una de las épocas más felices de su vida, incorporando cosas como esos preciosos coros al estilo doo wop. El resto de los miembros de la banda, aunque participaron en sincronía, suelen atribuirle el mérito —por mucho que él se quite importancia—. Tampoco debemos olvidar la labor de Rick Rubin, productor al que habría que hacer una estatua de oro por su contribución a la música, y a su misterioso poder de sacar lo mejor de los artistas con los que trabaja. Y son justamente elementos como esos los que hacen a este disco tan especial para mi.

Además conecté con él en mi adolescencia, pues no era ajeno a sus singles ni a sus videoclips que aparecían en programas de televisión. No fue difícil que me gustase cuando Californication ya ofrecía piezas melódicas similares, pero esto era otro nivel. Era el primer disco de RHCP que salvaba prácticamente entero, que a pesar de su extensa duración (16 canciones, 1 hora) conseguía escuchar sin pestañear. Además consiguió quedarse como un álbum que me transporta a esos tiempos, no sé si más felices, pero al menos sí despreocupados.

La portada y arte en general también me encanta, siendo obra de Julian Schnabel. Creo que esa mezcla de fotografía con pintura a trazos gordos le sienta genial. La chica de la cubierta es la hija de Schnabel, novia de Frusciante por aquel entonces. No podría haber sido más apropiado.


El disco tiene un buen puñado de temas magníficos. La canción homónima, By the Way, es un poco atípica para la banda al tener un sonido más duro de lo habitual, pero respeta su esencia. Fue el primer single y le acompañó un simpático videoclip que hizo del tema un éxito. Tras este novedoso ejercicio rebajan el tono para incorporarnos, ahora sí, al sonido general de este álbum con Universally Speaking y This is the Place.

Canciones como la preciosa Dosed trae ese ritmo a medio camino entre el subidón y lo relajado, con una letra sobre la pérdida, y que consigue captar la atención por los citados coros de John Frusciante. Don’t Forget Me incorpora nuevas técnicas de guitarra que sostiene su sonido en segundo plano. The Zephyr Song y Can’t Stop son tan buenas que era irremediable sacarlas como single: suaves, ligeras, con melodías muy pegadizas y los omnipresentes coros que le dan ese toque atemporal.

Las baladas I Could Die for You y Tear le quedan como anillo al dedo al ambiente relajado del álbum. Minor Thing es otra de esas joyas que podría animar a cualquiera, mientas que Warm Tape tiene un toque psicodélico bien recibido.

El resto de canciones, por lo general, mantienen un estilo más cercano al original de Red Hot Chili Peppers. Las hay que me gustan, mientras que Cabron me parece un poco desubicada y On Mercury me corta el rollo. Aún con eso el disco me gusta mucho, si no no estaría escribiendo sobre él —de hecho el cierre con Venice Queen deja buen sabor de boca—.

Canción destacada

The Zephyr Song es una de esas canciones que siempre entran bien. Me encanta su estilo, su melodía, sus coros y, por supuesto, su precioso videoclip con ese estilo años 60-70. Es casi imposible escucharla sin que pasen por mi mente esas imágenes caleidoscópicas y chicas bailando de forma sexy. Un 10.

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