Final Fantasy V, maravillosamente extraño

No hay duda de que Final Fantasy es una de esas franquicias de culto por méritos propios. La cantidad de títulos buenos que tiene en sus más de 35 años de historia es digno de admirar, y tiene etapas bastante bien diferenciadas en las que vemos su evolución. Podríamos decir que, simplificando, la primera etapa va desde el primero al VI; la segunda del VII al X —con el final de Square tal y como la conocíamos—, y la tercera etapa comprende todo lo que se hizo posteriormente. Es en esta última en la que más se ha experimentado y cambiado de paradigmas (MMO, batallas en tiempo real, vuelta a los turnos, linealidad, mundos abiertos, etc). En la primera etapa incluso podríamos diferenciar entre los títulos de NES y los de SNES, pero creo que es bastante lícito aunarlos por diversos motivos como la jugabilidad.

La discusión habitual de los fans es básicamente por la primera y la segunda etapa: los clásicos versus la llegada del 3D, los diseños de Amano versus los de Nomura, un estilo «de cuento» versus otro más realista. La bola de nieve sigue creciendo cuando nos preguntamos cuál puede ser el mejor, y siempre salen a relucir los mismos. La franquicia es suficientemente variada para contemplar diversas posibilidades según lo que valoremos, pero llama poderosamente la atención las grandes ausencias dentro de la primera etapa. Parece que en ésta sólo sobresalen la cuarta y sexta entrega. ¿Qué ocurre con el resto? Es más, ¿qué ocurre con el V?

Final Fantasy V es uno de los títulos más raros. Durante bastantes años se me escapó porque no terminaba de encajarlo. No había ROMs con traducciones buenas, el sistema de juego era muy complejo, su dificultad era bastante notable y su ambiente extraño. Detrás de todo ese colorido se escondía una historia triste y oscura que paradójicamente se tomaba con cierta ligereza. La banda sonora acentuaba eso aún más, con sus imponentes canciones melancólicas que convivían con otras demasiado alegres como para pertenecer al mismo título. Parece que no quisieron hacerlo demasiado serio, en cierto aspecto recogiendo cable después de los dramas vividos en el II y el IV. Pero eso no lo hacía mediocre, sino diferente: hay un halo de optimismo en todo, de aceptación, con dos maneras de verlo. ¿Se prefiere la parte más «amigable» o vamos más allá?

Tras la oscuridad y el vacío

En el mundo de esta entrega una serie de extraños meteoritos están cayendo y el planeta parece morir lentamente después de que los cristales elementales empiecen a destruirse, usados para contener el mal. Dicho mal, personificado en el villano Xdeath, quiere acabar con todo el universo abriendo vacíos para reducir todo a la nada más absoluta. En medio de esta interesante propuesta caben desde dramas familiares hasta chistes de todo tipo. Como ya he dicho, en qué nos fijemos depende de nosotros. ¿Es el humor y el colorido un recurso para huir de la tristeza? ¿Acaso fue hecho deliberadamente para tener una doble lectura según la edad y mentalidad de quien se pone a los mandos?

El sistema de juego es increíblemente profundo. De base nuestros personajes son unos auténticos inútiles, así que deberemos asignarles diferentes jobs según los vayamos consiguiendo. Cada job, representado a través de trajes —a cada cual más extravagante—, permite acumular puntos de experiencia con los que se aprenderá alguna habilidad de forma permanente. Así podremos hacer cambios según las preferencias y requerimientos, mezclando habilidades y stats. O sea, el método de Final Fantasy III pero rizando el rizo. El éxito o el desastre depende de nuestra pericia manejando tal sistema, ya que según avanzamos en el juego se vuelve cada vez más complicado mejorar los personajes. Tener más o menos claro el estilo de juego que queremos es clave para que la aventura sea llevadera. Y creedme que no va a ser fácil, porque la cosa se vuelve muy dura hacia el final.

Otra cosa a la que prestar atención es la banda sonora, como ya he dicho más arriba. El leitmotiv de toda la obra es la base temática de Lenna, una de las protagonistas femeninas, haciéndolo uno de los más bellos de la saga. Con él se crean temas tan dulces como The Day Will Come, pudiendo escuchar acordes y cambios de notas que Nobuo Uematsu usaría en posteriores títulos. De hecho hay canciones que podrían encajar perfectamente con la afamada séptima entrega, como por ejemplo Beyond the Deep Blue Sea, The Book of Sealings o The Decisive Battle.

Final Fantasy V es extraño en prácticamente todos sus aspectos, y eso le da su toque personal y su carisma. Sobresale tanto que nada entre dos aguas. Creo que si la segunda entrega fue un experimento de jugabilidad, esta quinta fue un experimento narrativo aderezado con el súmmum del sistema de jobs. El IV era demasiado directo, así que probablemente el V sea algo más rico y lleno de matices, jugando con dobles lecturas como un cuento con enseñanzas serias, una cierta fábula. Y esta teoría no es descabellada a juzgar por fórmulas similares en el VI y sobre todo el IX. Es por ello que recomiendo jugarlo, pero intentad que sea la versión de SNES o bien el remaster de Game Boy Advance debidamente parcheado con la música original, o perderéis la esencia clásica que merece conservarse.

Uno de los Final Fantasy más olvidados y de los que menos jugué pero, curiosamente, uno de los que más nostalgia me provocan. Por cierto, se comenta que hasta la llegada del IX éste era el favorito de gran parte del equipo de Square, incluído el propio Sakaguchi. Por algo será.


Este post es una versión corregida del original que publiqué en HyperHype el 16 de marzo de 2020

4 comentarios en “Final Fantasy V, maravillosamente extraño”

  1. Este juego lo disfruté en emuladores y me pareció una gozada. Además recuerdo que lo completé en un porcentaje considerable, y tu reseña ha resonado mucho con la experiencia que recuerdo con el juego. Muchas gracias. De hecho, tengo en lista algunos juegos con la esperanza de reencontrarme con algo parecido a las experiencias de aquella época de jugar los Final Fantasy.

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    1. Es raro de narices, pero a mí me gustó bastante. Tengo pendiente pasarlo de nuevo, porque nunca quedé contento con mis anteriores partidas: siempre había algo al final que no encajaba de todo en mi estrategia.

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