Impossible Star (2018), de Meat Beat Manifesto

«…the daaarrrknnness…»

Para quien no esté muy puesto en la música electrónica undergound Meat Beat Manifesto serán unos perfectos desconocidos. Pero si alguien es un enamorado de la película Matrix entonces quizás les suene por la canción Prime Audio Soup, incorporada en su banda sonora —y extraída del disco Actual Sounds + Voices de 1998—. Este proyecto musical británico surgió de todo ese ambiente breakbeat que alumbraría otros grupos más o menos similares, como The Chemical Brothers o The Prodigy, aunque evolucionaría con sus peculiaridades. Por ejemplo usarían muchos samples relacionados con el cine de serie B, y años después experimentarían con el dubstep (el original, no el popularizado por Skrillex y compañía).

Siempre les acompañó un aire sarcástico y punk, un sonido oscuro por momentos y unas secuencias de sintetizador alocadas. Pero ahí reside su gracia: rescata una amalgama de estilos que definió el panorama electrónico de finales de los 80 y principios de los 90 en Reino Unido. Desde el inocente sonido de Manchester —o Madchester, como se decía— hasta el inconformismo social de la Generación X en el industrial. Siguieron su propio camino volviéndose inconfundibles y conservando toda esa esencia.

Supuestamente inspirado en el clima político y cultural tan paranoico y surrealista de los últimos años, Meat Beat Manifesto sacó en 2018 el fantástico LP Impossible Star. Depurando el sonido dubstep de anteriores lanzamientos como Answers Come in Dreams (2010), consiguieron un álbum variado y bastante melódico, accesible para deleitarse con sus fantásticas idas de olla. Parte de su secreto está en la buena distribución de sus canciones, intercalando suavidad, dureza, ritmos, texturas y ambientes. Para mí es su mejor álbum.

Debo decir que el descubrimiento de este disco encaja bastante bien con su propuesta, ya que fue mi acompañante tras el encierro por el COVID-19 (2020). Ese clima de locura y rareza se veía como una película distópica con esta banda sonora que por momentos marcaba el ritmo de aquella anómala vida cotidiana. Conecté tanto con él que se convirtió en mi LP favorito de ese año, motivándome con su inigualable sonido. 13 canciones y una hora de duración de los que no eliminiraría ni un solo segundo.

Le dedico esta entrada justo ahora porque se quedó grabado en mi memoria como el disco de enero, mes en el que lo quemé a reproducciones durante muchas tardes. Demasiadas. Tantas que todas sus canciones entraron en mi wrapped de Spotify de ese año.


El álbum abre con ONE, un ejercicio ambiental oscuro y tenue, una mezcla de calma y cierto misterio que se rompe con la segunda canción, Bass Playa. Tiene cierta suavidad y unos acordes que a veces me recuerda ligeramente a un bossa nova o algo así. Los sonidos de sintetizador empiezan a brotar fuertemente con We Are Surrounded y su secuencia semi-aleatoria, mientras lo ambiental se apodera del fondo.

Unique Boutique es mucho más dubstep, volviéndose incluso agresiva a partir de la mitad —y con esa voz distorsionada/digital que me recuerda a Kraftwerk—. Nocebo está basada en un ritmo continuo, un loop armónico y diversos sonidos lisérgicos. Impossible Star, la canción que da título al disco, me parece una adictiva pieza que sintetiza a la perfección el carácter general de esta aventura sonora.

Lurker sorprende con sus casi 15 minutos, alumbrando una extensa sesión de secuenciador. La canción tiene 3 partes: el tema principal cambia después de los 4 minutos y medio, para acelerarse a los 10 minutos con un sonido ácido.

T.M.I recupera cierta amabilidad al oído: mucho más melódica, casi roza lo pop ofreciendo un ligero descanso que se agradece. Liquidators es un interludio inquietante donde destacan las interferencias, una voz que parece hablar en ruso, también algo parecido a una conversación telefónica con los servicios de emergencia, y otra voz que parece resonar en una habitación contigua.

Con Nereus Rov vuelven los ritmos sobre los ambientes, con Synthesizer Teste las secuencias más clásicas del grupo, y con Rejector un nuevo interludio ambiental que parece reutilizar samples distorsionados con un gran efecto de reverberación. El disco termina con la genial y rítmica The Darkness, un breakbeat que recupera algo de velocidad para dejarnos con ánimos renovados.

Canción destacada

La homónima Impossible Star es por méritos propios la canción protagonista. Si tengo que recomendar una, esa es la elegida. Sus cambios melódicos la convierten en un temazo.

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