«La bolsa o tu vida», dijo el pop-up

Los caminos de internet son inescrutables… o no. Creo recordar que en algún sitio —no sé si aquí en el blog o por Mastodon— dije que la privacidad sería el negocio del futuro. Bueno, parece que eso ha llegado antes de lo previsto de la manera más retorcida, y no exactamente como yo pensaba. Lo que me he encontrado debería tener otro calificativo que aún no he decidido, pero me temo que es un tanto vulgar. Agárrense a la silla porque se viene la segunda parte de esa maravillosa aventura llamada «los pop-up de las cookies», a la que ya dediqué una cariñosa entrada.

Vamos a decirlo: estamos cansados de la publicidad y el rastreo. Puede que los más frikis estemos obsesionados con este tema, pero a la gente sencilla tampoco se le escapa. Saben que algo pasa, que tienen que aceptar condiciones que no entienden, que lidian con molestos mensajes y un sospechoso comportamiento de los anuncios y los buscadores. Los adblock y VPN tienen sus usuarios fieles y, por supuesto, veremos cómo se extienden estos usos de una manera u otra. Sin duda los navegadores competencia de Chrome acabarán jugando alguna carta para diferenciarse de él, poniendo palos en las ruedas a Google y otras empresas ligadas al márketing y analítica.

Resulta que ante lo inevitable, ante lo que vendrá en un futuro no tan lejano, algunas webs ya han tomado la iniciativa. Como la monetización en internet reside básicamente en la publicidad y ésta requiere de rastreo, hubo a quien se le encendió la bombilla y materializó una singular ocurrencia: que aparezca un pop-up avisando de que si quieres navegar por su página sin cookies debes pagar una cuota. Es decir, o la bolsa o tu vida personal. Si no pagas con dinero lo harás con tus datos que serán vendidos o trazados por alguna empresa, y finalmente transformados en algún tipo de ganancia dudosa.

Unos lo llamarán «un modelo más sostenible y respetuoso con el usuario», o algo así. Yo lo llamo chantaje.

Lo único que se me ocurre es que el negocio de la publicidad está estancado, artificialmente inflado y condenado a fracasar de alguna forma. La naturaleza abierta de la web está en las antípodas de imponer algún tipo de peaje, a no ser que controles el medio como algunos intentan. A veces creo que monetizar contenido en internet mediante anuncios es una avariciosa moda, un deseo para aquel que quiere subirse al carro de ganar dinero desde casa mientras cultiva cierto estatus de tiburón de los negocios.

No todo es monetizable en la web porque la publicidad no lo es todo. No hay pan para tanto chorizo, no hay tantos consumidores para tantos anuncios, así que han desenfundado un nuevo pop-up para apuntarnos y amenazar con disparar si no soltamos la calderilla. Y si no lo hacemos están dispuestos a vender la poca dignidad que nos quede. ¿Cuánto vale nuestra privacidad, nuestra intimidad? ¿No estaremos prostituyendo lo que un día no tuvo precio?

Es probable que veamos algún tipo de extensión para bloquear esos mensajes y poder ver el contenido igualmente. La cuestión está en si estamos ante el surgimiento de una guerra de bloqueos mutuos, de tácticas de guerrilla y patentes de corso, de bandoleros contra simples usuarios que tendrían que pagar por cada mísera web que visiten —cosa estúpidamente imposible—. Pagar por lo inmaterial, pagar por no poseer nada más que a uno mismo.

Nadie se entera. Esto huele a quemado, o quizás a burbuja. De hecho ya lo fue en su momento de una manera similar. La Nueva Economía, le llamaban…

Imagen: Rawpixel

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