Super Metroid

No soy particularmente fanático de los metroidvania: eso de volver una y otra vez sobre tus pasos para explorar todo un mapeado no es lo mío, ya que suelo desesperarme con relativa frecuencia si noto que la partida se vuelve repetitiva. Además tampoco me considero especialmente bueno en las secciones de plataformas. Lo noté con Castlevania: Symphony of the Night, donde más allá de su estilo tan chulo se me hizo pesado. Con Blasphemous casi lo mismo, solo que su historia y trasfondo son tan brillantes que se lo perdoné. Las únicas excepciones notables fueron Gato Roboto y Metroid: Fusion, dos títulos donde la narración tuvo mucho que ver.

Obviamente conocía la saga Metroid, y mi llegada al título de Game Boy Advance fue inesperado. Hace unos años usé mi Raspberry Pi como consola retro, metiendo un montón de ROMs para testear. Uno de los juegos era esa aventura de Samus para la máquina de bolsillo, y a las dos horas me vi envuelto en la partida. Me había viciado a Metroid: Fusion. Fue mi primer juego de la saga y jamás hubiera pensado que llegaría a terminarlo. ¡Me encantó! Vaya sorpresa de título en todos los aspectos, incluido un diseño de niveles y jugabilidad que no se hacían pesados. Además la ambientación estaba genial.

Sabiendo eso me animé a probar Super Metroid hasta en un par de ocasiones, pero al no tener una narración explícita acababa dejándolo porque o bien olvidaba mi progreso o no estaba motivado para seguir. Eso no me impidió reconocer por qué era considerado uno de los mejores juegos de Super Nintendo: lucía muy bien, sonaba espectacular —sobre todo con auriculares— y la jugabilidad era muy buena. Siempre fue una espinita clavada que quería quitarme… y la ocasión llegó recientemente.

Como suele decirse, a la tercera va la vencida.

Desde Brinstar con amor

Caer de nuevo en las garras de Super Metroid fue pura casualidad, ocurrió estas semanas mientras probaba el emulador Snes9x en mi Fedora. Volví a los mandos y poco a poco avancé hasta donde nunca antes había llegado. Qué satisfactorio: no hay un sólo lugar donde quedarse atascado, ya que el mapa está tan bien hecho que los caminos se adaptan tanto al equipamiento que encontremos como a nuestra destreza. Así pues este juego clásico me estaba premiando a mí, un manco para la exploración, seduciéndome para seguir confiando en mis cualidades. Vaya pasada para un título de hace 30 años, no alucinaba tanto con algo de SNES desde Secret of Evermore o Final Fantasy VI.

Su ambiente oscuro atrapa desde la intro, y el comienzo del juego en la región de Crateria mientras cae la lluvia es simplemente magnífica. La soledad de los lugares abandonados empieza a volverse amenazante, mientras se descubren los bichos y la música parece surgir de las mismas profundidades a las que nos dirigimos. Poco a poco, sin darnos cuenta, estaremos bajando niveles, encontrando regiones nuevas gracias a los caminos no tan evidentes.

Los escenarios, los colores, la música, los power up y los detalles jugables narran sutilmente la aventura hasta que por fin nos las vemos con algún jefe o evento especial. Es aquí donde uno se da cuenta de que Metroid no pretende ser difícil sino entretenido, ya que los enfrentamientos más duros son bastante accesibles. Con un poco de maña y observación superaremos sin problemas a nuestros enemigos, haciendo fluir el juego y sintiendo el avance en todo momento. En ese sentido me recordó a Hyper Light Drifter, salvando las distancias.

Todo está terriblemente bien conectado, un laberinto donde no nos faltarán los recursos necesarios para sortear los obstáculos. Super Metroid tranquiliza: siempre hay una solución a mano. Durante el 90% del juego no tuve que consultar ninguna guía, recurriendo a ella esporádicamente en la recta final cuando notaba cosas «raras» que me dejaban dudando.

Me gustó mucho la última parte con Mother Brain por el sonido y porque retoma la acción narrativa del inicio sin preocuparnos por la dificultad. El juego tiene una duración media de unas 5-6 horas, aunque a mí me llevó casi 9 (8 h, 45 min). He de decir que jugarlo en emulador lo hace más cómodo, pudiendo guardar en cualquier lugar sin depender de los puntos específicos que sí pueden romper el ritmo.

Por tanto no es un título complicado aunque sí complejo, al que debemos atender mientas guiamos a Samus en su misión. Siempre creí que este cartucho era un poco hardcore pero estaba totalmente equivocado: cuando destaca es que lo merece. Una obra muy bien hecha, muy bien ejecutada y con mucho estilo propio. Es, sin ninguna duda, una de las mejores aventuras de 16 bits y quizás de todos los tiempos. Una lección maestra de cómo se hace un buen juego que parece no envejecer y al que no se le puede sacar fallos.

¿De culto? Por supuesto. ¿Recomendable? Sin duda.

Tras esta buena experiencia no descarto jugar algún día al primer Metroid de NES —que me parece muy bonito— o a su remake Metroid: Zero Mission.

Más:

ROM [USA, JP] / WoWroms

Super Metroid – Ultimate Guide

Super Metroid OST

1 comentario en “Super Metroid”

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