«I wanna find out / how the moon shines upon the wretched»
Cuando escribo sobre discos reseño especialmente aquellos que me acompañaron durante mi vida. Prefiero escoger los que resistieron el paso del tiempo, aunque a veces existen nuevos y potentes descubrimientos. En 2024 hubo uno en concreto que sonó mucho a todo volumen en mis equipos de música, uno que me levantó del asiento para hacer headbang al ritmo de guitarras oscuras, ritmos lentos, voces cargadas de reverb y riffs llenos de efectos que entran en el terreno de lo lisérgico. Hoy traigo esta maravilla con la que quiero empezar el año: el álbum debut de Windhand, cuyo lanzamiento original se remonta a principios de la pasada década.

Pero, ¿quiénes son Windhand y por qué me gustan tanto? Se trata de una banda de Virginia (EE.UU.) que recupera el mejor sonido del stoner y doom metal de los 70, heredando un estilo fuertemente marcado por Black Sabbath y la psicodelia de aquellos tiempos. Y es que justamente el camino iniciado por la banda de Ozzy Osbourne y Tony Iommi es uno de mis favoritos, pues de alguna forma desemboca en el sonido potente y sucio de mis amados Alice In Chains o Soundgarden (salvando las distancias, claro).
En todo el disco escucharemos una deliciosa sencillez cargada de geniales distorsiones, un ambiente pesado, majestuosas baterías, solos de guitarra repletos de pedales y la voz andrógina de Dorthia Cottrell cantando letras minimalistas, poéticas y sombrías. En efecto, muchos nos llevamos una sorpresa al descubrir que una fémina consigue ese tono tan chulo que encaja a la perfección con todo lo que le rodea. Solamente hacen falta 5 largas canciones y poco más de 40 minutos para desplegar un estilazo que no abunda hoy en día en el rock. Un auténtico placer para subir el volumen hasta reventar los tímpanos.
La reedición deluxe de 2023 —la más común en servicios de streaming— incorpora 5 demos extra, además de una nueva y colorida portada estilo pulp cercana a álbumes posteriores. El nuevo diseño luce un fantasma vagando entre las lápidas de un cementerio, una idea bastante cliché que en mi opinión le resta un poco de misterio al disco. Tenía dudas sobre cuál escoger para ilustrar el artículo y finalmente me decanté por la nueva, que es la más popular y coherente con el resto de artworks a pesar de todo. La original era mucho más simple pero enigmática, y lamento que no la hayan recuperado.
Aunque yo conocí este álbum gracias a la nueva edición prefiero reivindicar la de 2012, pues los 5 tracks a mayores de la deluxe no aportan nada interesante bajo mi punto de vista (excepto Amaranth), haciéndolo artificialmente largo y repetitivo. A veces incluso parece que la nueva edición se come a la antigua, siendo injusto con el material de lanzamiento y entrando en una odiosa práctica que ya es habitual en el negocio discográfico. Eso sí: el sonido remasterizado de 2023 es una gozada.
El álbum empieza con el sonido de una lejana tormenta nocturna donde unos pasos nos introducen lentamente en Black Candles, con una duración de 6 minutos y medio. Desde el primer momento ya nos metemos en la genial atmósfera oscura de la banda, con momentos ocasionales de explosivos riffs adornados de un bello efecto wah. El final retoma el sonido de la tormenta…
…y con la lluvia sigue Libusen, que durante sus 8 minutos continúa metiéndonos de lleno en esas melodías macabras, letras cargadas de esoterismo y los habituales disparos de wahs. La lluvia no cesa dando paso a Heap Wolves, probablemente la canción que más nos puede recordar en todos los sentidos a los primeros Black Sabbath.
Tras ella empieza la cara B del LP, con dos largas canciones de rozan los 12 minutazos. Summon the Moon es la más lenta de la colección, introducida por una pausada batería y un bajo distorsionado hasta romper con el sello característico de Windhand, que se desarrolla a partir de los 4 minutos. Su final se desvanece en un fade out que da paso al sonido del viento lanzándonos la última maravilla: Winter Sun. Ésta es una de las mejores en todos los aspectos, pues me encanta el ambiente que consigue y la forma de cantar de Dorthia. Una gran dosis de doom psicodélico cuyo largo final se dedica a bajar las revoluciones, extender y distorsionar los sonidos hasta rozar el noise entre tímidos gemidos guturales.
En definitiva, Windhand consiguió uno de mis discos favoritos del metal, resonando con todo lo que suelo escuchar de ese mundillo. Un buen disco y una buena banda que merece la pena seguir de cerca, ya que tienen mucha calidad. Quizás su fórmula está bastante encadenada pero tienen un encanto especial que seguro consigue hechizar a más de uno.
Canción destacada
Black Candles fue la primera que escuché y me enganchó, consiguiendo que devorase todo el álbum… pero creo que Winter Sun es un temazo muy destacable.
[…] hora de aprender a tocar la guitarra, algo que tenía pendiente desde hacía años, pero escuchar el primer disco de Windhand fue el detonante que me animó. Sé que es un instrumento exigente y ni en broma lo dominaré como […]
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[…] y una gran inspiración para otras bandas que admiro como Soundgarden, Melvins, Alice in Chains o Windhand. A pesar de sus constantes altibajos y cambios de formación, la época clásica del grupo —con […]
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